Es uno de los productos más icónicos de la comunidad. Sin embargo, en otras zonas les cuesta entender cómo nos gusta tomarla aquí: con pan de broa y a la brasa. Explicamos, de la mano del gerente de la lonja de Ribeira, por qué acertamos cuando elegimos este pescado para nuestro menú

L. G. V.

Aún no ha arrancado el cuarto trimestre del año y en la lonja de Ribeira sobrepasan los 630.000 kilos este año hasta la fecha. Este dato sirve de muestra para evidenciar que en Galicia gusta, y mucho, la sardina. Sobre todo cuando está en todo su esplendor, y ahora nos encontramos en este momento. Es llamativo que en la esquina noroeste peninsular seamos tan fieles a este pescado cuando en otros puntos de la geografía española y del globo es un producto menor. Pero en esos mismos puntos no disfrutan como hacemos los gallegos de una fiesta de San Xoán por todo lo alto ni cuentan con pan de broa, el acompañante perfecto de este pescado cuando se hace a la brasa.

En aras de rendir homenaje a uno de los clásicos de la cocina atlántica, consultamos a Fernando Carreira, gerente de la lonja de Ribeira, para saber qué se esconde detrás de este icono culinario. 

Antes de llegar a las pescaderías de grandes superficies como Vegalsa, una empresa comprometida con la puesta en valor de los productos del mar a través de la compra en las lonjas gallegas, hay mucha tela que cortar y, también, mucha atención que prestar. Como explica Carreira, la lonja de Ribeira acoge miles y miles de sardinas que a partir de mayo lucen sus mejores galas. Galas, eso sí, de todos los precios. Cuando se acercan San Antonio y San Xoán (en el mes de junio), los precios se parecen más a los de un distinguido vuelo en primera y, cuando se disipan esas fechas serían comparables a un pasaje low cost. Tanto es así que, como mantiene este experto, «el kilo puede llegar a estar a 70 céntimos». Pese a todo, es en tierras de Breogán donde se queda la mayoría de este producto, «aunque también se va buena parte a Portugal y, en menor proporción a Andalucía y Levante».

Precisamente, hace unos días la propietaria de un local gallego en Valencia explicaba que en carta suele tener sardinas, pero que para darle salida tiene que aderezarla de algún modo. En su caso, con unas algas. Independientemente de cómo se prepare, las propiedades nutricionales de este pescado son siempre excelentes: son fuente de omega 3, cuentan con un elevado aporte de fósforo, selenio, hierro y calcio, y sus proteínas son de alto valor biológico.

Respecto a cómo acertar al cien por cien con el género, lo mejor es optar por piezas grandes y hermosas, ya que son las que tienen más grasa y, por tanto, serán las más suculentas. Además, indica Carreira, para asegurarnos que el producto está en perfectas condiciones hay que fijarse en los ojos, que deben estar brillantes, evitar elegir una pieza con la cabeza muy roja (aquí se nota la oxidación) y tienen que tener muchas escamas.

De la mano de las tiendas Eroski, Familia y Cash Record, que cada día ponen a disposición de sus clientes pescados y mariscos de los puertos más próximos como Burela, Celeiro, Cedeira, Coruña, Laxe, Malpica, Ribeira o Vigo, contribuyendo al crecimiento de la economía local y ofreciendo productos de temporada, saludables, nutritivos y de cercanía, damos dos alternativas perfectas con sardina para una cena de verano:

¿Por qué comer tomate gallego? La vida detrás del producto más consumido del verano

L. G. V.

Probablemente sea el alimento más versátil de la cesta de la compra y está al alcance de casi todos los bolsillos. De la mano de Vegalsa-Eroski, ponemos en valor el trabajo que esconde el cultivo de las sabrosísimas variedades locales

Es el producto estrella de las mesas del verano. Versátil como pocos, el tomate lleva a una expresión superlativa los adjetivos rico, sano y económico. En el momento más idóneo para su consumo por estallar en sabor, de la mano de Vegalsa-Eroski nos trasladamos a Cambados para hablar con Lola Castro, productora de tomate y miembro de la cooperativa Horsal, que explica la delicada labor que lleva a cabo a diario para que los gallegos puedan hacerse la mejor ensalada caprese y el mejor gazpacho este verano.

Para entender el relato de Lola hay que retroceder en el calendario hasta el mes de febrero, concretamente al día de los enamorados. En San Valentín plantaron los tomates que recogieron la última semana de mayo, con sus exigentes tareas mediante. De hecho, pese a ser una hortaliza de consumo habitual y común la dificultad de su cultivo no es pequeña. «Lleva mucho trabajo y, por lo general se paga mal, aunque nosotros tenemos precios estables gracias a formar parte de la cooperativa; y en Galicia este año está habiendo muy poco por el clima que estamos teniendo, con muy pocos días de sol y calor». Pese a esto, cadenas de distribución como Vegalsa-Eroski, que apuestan por «producto local de la más alta calidad organoléptica posible», como comentan fuentes de esta gran superficie, permiten que los gallegos podamos disfrutar de las mejores variedades.

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Fernando Carreira: «Nadie valora la sardina como los gallegos»