¿De qué hablamos cuando hablamos de pote asturiano?

La comunidad vecina tiene la versión más conocida, y eso que fuera de sus fronteras aún no goza de la reputación de la fabada. En algunas casas gallegas se prepara una receta parecida, con ingredientes propios de la cesta de la compra local


Igual que en Galicia el lacón con grelos es religión una vez pasan las fechas navideñas y, sin embargo, fuera de sus límites es un plato que aún pasa desapercibido, en Asturias el pote es una de las elaboraciones que con más frecuencia y gusto se preparan, pero queda totalmente eclipsado por la contundente fama de la fabada. Para darle su lugar desgranamos, y reivindicamos, una receta tradicional que merece ser conocida en todo el mundo.

Indispensable en los días más fríos, el pote asturiano cumple con dos de las características habituales en los fogones asturianos: que sea un contundente plato de cuchara y que incluya, claro, compango. Pero además, por supuesto, parte de su éxito radica en darle a cada paso el tiempo que requiere, de tal modo que los ingredientes se hagan notar entrelazados y así, en este caso, pueda ganar protagonismo ese punto de amargor que le otorga la verdura. 

Fuera de Asturias suele darse cierta confusión con su homólogo gallego e incluso, también, con el caldo. Y son ciertos matices los que marcan la diferencia. Para ir poniendo las cosas en su sitio, a ambos lados del Eo el pote incluye morcilla; sin embargo, en el del lado asturiano la verdura que podemos encontrar con más frecuencia es berza, mientras que en Galicia suele prepararse con grelos. El unto (o manteca de cerdo), tan habitual en las recetas más tradicionales gallegas, tampoco se ve en el pote asturiano. Y pese a que hay tantas opciones como familias que se reúnen alrededor de un buen potaje, hoy vamos a ofrecer una que cuenta, al menos, con los ingredientes indispensables para aquellos que no se han animado aún a lanzarse a una elaboración que pide a gritos estar en la mesa este febrero.

*4 personas

  •  1 manojo de berza
  • 2 patatas medianas
  • 200 gr. de fabes estofadas
  • 2 chorizos
  • 2 morcillas
  • 1 trozo de tocino
  • 1 rabadal de cerdo
  • azafrán
  • pimentón dulce o picante

1. Limpiamos la verdura quitando los tallos y partes duras y escaldamos 3 minutos en agua hirviendo. Refrescamos la verdura y la picamos en trozos pequeños o medianos (al gusto).

2. En una olla alta disponemos la verdura picada, junto con la carne y el embutido y, ponemos a hervir durante 15 minutos con el agua necesaria para cubrir los productos

3. Incorporamos a la misma olla la patata previamente cortada en dados y dejamos hervir, todo junto, otros 15 minutos.

4. Por último, añadimos las fabes previamente estofadas ó bien podemos utilizar fabada del día anterior.

5. En último lugar ponemos azafrán en rama previamente rustido y un refrito de ajo y pimentón (dulce o picante según el gusto).

6. Dejamos que se integre todo, manteniendo la cocción durante 5 minutos y el plato estará listo.

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Laura G. del Valle
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Son el summum de la cocina gallega menos vanidosa. Lo dice la crítica y lo avalan los clientes, que siguen confiando en estos locales para comer en casa el mejor cachopo o el pulpo á feira más codiciado. Pero si estás fuera del radio de entrega de estos locales, puedes imitar las elaboraciones con los trucos de sus cocineros

Ya es llamativo que tuviesen la, como poco, arriesgada idea de abrir un local especializado en cachopos fuera de los márgenes asturianos. Pero es que además se la jugaron bautizando a cada una de sus variedades con nombres de genios del Renacimiento. Una fusión de conceptos que ni la mismísima Rosalía. Y, efectivamente, como la cantante catalana apostaron a un caballo ganador: de golpe y porrazo uno de los cachopos que Ramón Vidal y su pareja María preparan en el restaurante la Cantina Sixtina, en A Coruña, se convirtió en el mejor de España —sin contar las elaboraciones de restaurantes madrileños y de la comunidad donde nació el cachopo, explica Vidal, porque «compiten en otras categorías»—. Modestia aparte, el caso de este local herculino es especialmente curioso porque se alzó con tal galardón en el campeonato de España de cachopos tan solo unos meses después de haberse lanzado a la aventura de la fritanga. Esto, por cierto, es solo una media verdad, pues su «filete de ternera gallega suprema con chicharrones, filloas de cocido, grelos y queso de Arzúa-Ulloa, está rebozado con panko; una especie de pan rallado japonés que absorbe mucho mejor el aceite y permite bocados más homogéneos».

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