La vuelta de Nestlé Jungly desata la nostalgia

Nestlé recupera una de sus tabletas de chocolate más icónicas. Muchos de los que la añoraban piensan ahora en productos que es imposible encontrar en el mercado, desde los cigarrillos de chocolate a los Fistros de Chiquito de la Calzada o los míticos helados de Miko


Primero acabó con la estampa clásica de un verano en España. Sol, playa y en la arena... un helado de Camy o de Miko. Nestlé absorbió estas dos marcas dando por finalizada también una batalla que dividía a nuestro país casi más que la tortilla sin cebolla. Por si fuera poco esto de dar al traste con unos carteles que eran la viva imagen de la España del desarrollismo, años después Nestlé decidió enterrar uno de los emblemas de la casa: su tableta Nestlé Jungly. Pero como no podía ir todo mal en estos tiempos de pandemia, la multinacional de origen suizo anunciaba esta semana que devolverá a los supermercados esta chocolatina con galleta. Era tal el interés generado que Nestlé ha aprovechado la coyuntura subastando la primera tableta; el precio actual en la puja supera los 12.000 euros. Estremecedora cifra, sobre todo, para el lobby healthy, que desde que se enteró del retorno del Nestlé Jungly no ha cesado en su intento de hacer reflexionar a los consumidores: cada tableta contiene más de 16 terrones de azúcar. ¿Realmente alguien quiere desempolvarlo?

Pues lo cierto es que en los últimos años, y con plataformas como Change.org convertidas en cajón de sastre de ruegos y deseos, se acumulan las peticiones de consumidores que claman por la vuelta de productos que fácilmente pueden ser tachados de insalubres. Es el caso de la hamburguesa McRib, uno de los clásicos de McDonald's con el que la compañía de comida rápida juega al despiste. Retirada del mercado en el 2005 aparece y desaparece del mercado ganándose el sobrenombre de Guadiana. Con costillas, salsa barbacoa y cebolla, debido a las escasas ocasiones en las que se puede consumir se ha convertido casi en un producto de culto.

Algo parecido les ocurre al Frigurón, el Frigodedo o el Mikobruja. Los helados industriales empezaron a vivir su mejor momento a finales de los setenta, precisamente cuando los españoles empezaban a olisquear la Península en busca de sol y calor. La infancia de los boomers está inevitablemente ligada a un Drácula, un Calippo, y a una Copa Brasil. En aquellos tiempos pocos padres tenían en la cabeza el chute de azúcares, colorantes y cientos de componentes impronunciables que les estaban metiendo entre pecho y espalda a sus retoños. ¿Qué podía tener de nocivo un helado azul que imita a un tiburón y sabe a piña? Los que disfrutan tirando de recuerdos se resarcen dándose un capricho de vez en cuando con los helados que se han mantenido perennes, por ejemplo el Twister o el sándwich de nata.

Que los consumidores vuelvan a tener la oportunidad de engrosar sus arterias con estos helados es hoy un interrogante. Pero lo que parece bastante claro es que, tal y como está la legislación sobre el tabaco en España, los que nada tienen que hacer son los que añoran los cigarrillos de chocolate. Precisamente se retiraron del mercado cuando se aprobó la Ley Antitabaco en el 2005, que especifica: «(...) En particular, se prohíbe la venta de dulces, refrigerios, juguetes y otros objetos que tengan forma de productos del tabaco y puedan resultar atractivos para los menores.(…)». Para quien no conozca estas chocolatinas será todo un ver para creer, pues literalmente se trataba de una réplica casi exacta de una cajetilla de tabaco que hacía las delicias de los niños.

Y entre cigarrillo y cigarrillo una partidita a los chiquitazos. Porque los muy, muy cafeteros recordarán una de las estampas que mejor refleja la estética y gustos de los noventa: las bolsas de los Fistros de Matutano. En 1995 Chiquito de la Calzada era un ídolo de masas, así que a Matutano le pareció de lo más oportuno lanzar una línea de snacks en tamaño mini y por un precio módico con la cara del humorista y los míticos Chiquitazos. Además, cada bolsa incorporaba en la parte de atrás un chiste y una explicación de cómo jugar con los tazos, que no era tarea tan sencilla. También tiene su propia página en Change.org. «Por Chiquito, por nuestros hijos, su futuro y nuestra infancia, necesitamos que vuelvan los Chiquitazos. ¿Te das cueeen?». Así termina la petición.

Platos demodé que nunca deberían resucitar

Laura G. del Valle

Hay veces que las modas, cuanto más efímeras, mejor;  la cocina no se libra de este axioma. Que se lo digan sino a la época en la que en los eventos lucían hermosos cócteles de gambas y el rey de las meriendas era el bocata de chorizo con mantequilla

Parece impensable, pero seguramente algún día las tostadas de aguacate con semillas de lino y los porridge acaben condenados al ostracismo. Aunque Instagram y los locales más cool se empeñen en vendernos estas recetas como si de la última Coca-cola del desierto se tratase, lo cierto es que todo hace pensar que acabarán corriendo la misma suerte que el cóctel de gambas, la mortadela con aceitunas, el petit suisse de fresa y plátano o las varitas de merluza. Lo poco gusta y lo mucho cansa y, en diferentes contextos y décadas, lo cierto es que todos estos productos vivieron un bum que la Generación Z, (esa que todavía viene detrás de los modernísimos millennials) no controla. Ni ganas. 

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