El Óscar en enoturismo se lo llevó Arbo

Jorge y Javier Peláez llegaron de la mano de su padre Mariano al mundo del vino a través del Marqués de Vizhoja y de la bodega que el bodeguero compró en Cequeliños donde elaboran sus tres marcas: Marqués de Vizhoja, Torre La Moreira y Señor da Folla Verde. Para ellos su pasión es el vino y están poniendo en práctica lo que aprendieron del fundador. Ahora reciben el premio de ser considerado como mejor rincón y paisaje enoturístico de España


En la sala de catas de Marqués de Vizhoja, en el pazo Torre La Moreira, reunimos a los dos hermanos para conocer la historia de la bodega y de su vino más icónico. A la izquierda, Jorge Peláez, y a la derecha, su hermano Javier, con un fondo muy entrañable para ellos. Una fotografía de su padre en la antigua bodega, sacando vino de una de las grandes barricas. «Aquí comenzó todo -dice Javier- porque nuestro padre era un apasionado del vino y ni el día del nacimiento de mi hermano dejó de ir a vigilar y controlarlo. Esta afición y esta forma de ser me la pasó a mí, que sigo haciendo lo mismo. El vino es un ser vivo y hay que cuidarlo y mimarlo cada día».

Encima de la mesa están sus tres marcas y el trofeo otorgado por la Asociación Española de Ciudades del Vino (Acevin), que siempre es una fiable recomendación para conocer la bodega, catar sus caldos y visitar el Pazo Torre La Moreira, cargado de historia y que se encuentra en una auténtica atalaya sobre el valle que el río Miño forma en el Condado do Tea. «Los premios Rutas del Vino de España, considerados los Óscar del enoturismo -explica Jorge Peláez- son una iniciativa de carácter bienal para reconocer la labor de empresas y territorios en el desarrollo y enriquecimiento continuo de la oferta enoturística española y el esfuerzo realizado para ese fin». Y añade: «Por eso para Bodegas Marqués de Vizhoja este galardón representa una satisfacción doble, ya que, además de reconocer nuestro trabajo, confirma el acierto en la compra y pone en valor la finca y el pazo Torre La Moreira, adquiridos en 1975 por nuestro padre y fundador de la empresa, Mariano Peláez». Y cuando hablamos de este viticultor y bodeguero, que era capaz de prever lo que sucedería con el paso del tiempo, los dos hermanos coinciden en decir que siempre siguieron sus enseñanzas y que eso hizo posible lo que podemos ver hoy en día, vinos blancos con una gran reputación y que tienen una gran aceptación en los mercados, tanto nacionales como internacionales. «En una ocasión, en Nueva York -explica Jorge- tuve una cena de trabajo en uno de los locales de lujo de la ciudad. Bebimos Marqués de Vizhoja y nos cobraron por la cena 1.200 dólares, porque allí se valoran mucho nuestros vinos. Y recuerdo que cuando regresé y le conté a mi padre que era una ciudad muy cara, me dijo que volviera a la semana siguiente: ‘Tenemos que estar en ciudades y países con un alto poder adquisitivo, ya que ahí está el futuro'».

Javier Peláez mira con orgullo y escucha atentamente todo lo que dice su hermano, pero también cuenta vivencias y recomendaciones del fundador: «Yo era muy pequeño y aún tengo en la pituitaria los aromas que desprendían las levaduras cuando veníamos a catar las uvas. Me explicaba lo que había que hacer en cada momento y cómo solucionar los problemas que siempre surgen en cada cosecha. Aunque soy enólogo siempre digo que él sabía mucho más que yo y fue quien me inculcó la pasión para elaborar el mejor vino».

Un vino que gustase a las mujeres

«Mi padre, que estaba en todo, incluso cuando nosotros éramos ya los que llevábamos la bodega, era un auténtico maestro y siempre seguimos sus enseñanzas», explica Jorge, mientras cuenta que él no estaba tanto en el proceso de elaboración del vino, sino en la parte más comercial. «Yo no me fijaba en los métodos de elaboración, aunque siempre quedan los posos, porque era mi hermano el responsable de esta labor, pero en mi faceta de comercial también me revelaba los secretos para vender más y mejor». Porque siempre fue un visionario, decía que el futuro era para los luchadores, atrevidos y valientes y que nunca había que desfallecer, recordándome, como así está siendo, que había creado un vino que le iba a gustar a las mujeres y que esa era una característica que no había que olvidar». «Y en eso me estoy basando yo -continúa Javier- porque pienso siempre en lo que no me gustaría a mí. Elaboramos un vino para tomar con los amigos y a ellos siempre les damos lo mejor. Por ejemplo, no tuvimos Señor da Folla Verde en el 2019, porque la cosecha de ese año no alcanzó la calidad que exijo para mis vinos y es mejor no sacarlo al mercado que quedar mal con nuestros mejores clientes, otra recomendación que siempre cumplí». Una circunstancia que no se da en este 2020: «Este año sí lo elaboraremos, porque fue excelente y va a salir un vino extraordinario. Va a ser, según mi criterio, el mejor de la historia».

Es ahora Jorge el que habla del momento actual de los mercados y dice que «aunque la situación es muy difícil, porque el canal de la hostelería está en un mal momento, el del comercio generalista y la exportación van tirando de las ventas, ya que la relación calidad-precio es la mejor y porque en los mercados exteriores estamos muy bien considerados». Y añade: «Gozamos de una buena reputación y nos siguen eligiendo. Es, no cabe duda, algo de suerte, pero también el fruto de una gran labor comercial a lo largo de los años, ya que nunca les hemos fallado». También apunta otro aspecto que les beneficia: «Nos favorece que la tendencia esté enfocada a los vinos blancos, quizás porque son más sabrosos que los tintos y se pueden tomar a cualquier hora y con prácticamente cualquier tipo de gastronomía».

Estando en Marqués de Vizhoja es de obligado cumplimiento hablar de sus proyectos y preguntarle a Javier si no le gustaría elaborar un monovarietal de treixadura: «Sí me gustaría y lo tenemos en nuestros pensamientos, hasta tal punto que buscamos unos terrenos para plantar esa variedad, porque estoy enamorado de ella y también de la loureira. Tienen un sabor inigualable y en algunas zonas, como la vecina de O Ribeiro, ya están consiguiendo excelentes monovarietales. De cualquier forma, los pasos queremos darlos con seguridad, no puedo empezar a sacarlo al mercado y después fallar». Hacemos una minicata con sus tres vinos y me siguen contando recuerdos y proyectos, pero a mí me quedan más de 200 kilómetros por delante. Eso sí, prometo volver.

Un pazo del siglo XVIII y jardines centenarios

J. M. ORRIOLS

Si visitamos Torre La Moreira, en Arbo, viviremos la mejor lección de historia de los tres últimos siglos, porque conoceremos un pazo centenario, sus jardines y una viña de treixadura de 1813, además del museo de Mariano Peláez, fundador de Marqués de Vizhoja

La torre fortaleza, que es el símbolo de la bodega Marqués de Vizhoja, nos recibe altiva y magníficamente restaurada, recordándonos aquellos tiempos de la invasión napoleónica en la que jugó un papel fundamental para frenar a las tropas francesas a las que se enfrentaron los vecinos de esta zona del Condado do Tea. En uno de los bordes del pazo, bajo una garita de vigilancia, había un pasadizo secreto que supuestamente llegaba hasta el río. Normalmente, en aquellos tiempos había túneles y pasadizos secretos en monasterios y castillos, pero muchas ocasiones ni se conservan ni se encuentran. En el caso del pazo La Moreira se sabe perfectamente que salía de la garita de vigilancia porque Javier Peláez se coló por él cuando era pequeño. En ese momento, su padre, Mariano, decidió tapiarlo. Esto tiene sentido porque los hidalgos de La Moreira eran los propietarios de una barca que cruzaba hasta Portugal, con lo que los residentes del pazo tenían la huida asegurada.

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