Sloppy Joe's: Galicia, la madre de la coctelería

En el surrealista año en el que tres bares españoles entraron en la lista de los 50 mejores del mundo, la incapacidad de viajar ha revitalizado la memoria de la cantina gallega en La Habana que inició la era moderna de la coctelería


Hace apenas unas semanas, en el año en el que no se puede viajar ni acudir a los bares como se solía hacer, el Connaught Bar de Londres fue proclamado oficialmente mejor bar del mundo. En esa lista de los 50 mejores, una suerte de guía Michelin de las coctelerías del planeta, solo hay tres españolas: la barcelonesa Paradiso (puesto 19), la madrileña Salmón Gurú (22.ª) y la también barcelonesa Two Schmucks (26.ª). Sin embargo, antes de que las cerraran, en las barras de Galicia se hablaba de otra cantina.

En tiempos en los que el futuro es incierto, los barmen gallegos recuerdan sus orígenes. En realidad, los orígenes de la coctelería tal como la conocemos hoy en día. Y tiene nombre propio, el de José, el Desaliñado. O Sloppy Joe, como pasó a la historia.

EL BARMAN

Los gallegos fueron pioneros en el arte de mezclar bebidas de un modo organizado y sindicado. Pero no lo hicieron en la madre patria, sino en su emigración en la isla de Cuba. El aresano José Abeal Otero era uno de los más talentosos. Llegado en 1904 a América y curtido en Miami y Nueva Orleáns, Pepe Abeal rompió con todo lo establecido al fundar junto a Valentín García su bar Sloppy Joe’s, bautizado tal y como le conocían a él. Aquella esquina de Ánimas con Zulueta iba a ser el epicentro de la buena vida. Tanto que años después en Key West (Florida) el propio Ernest Hemingway renombró otra cantina con el mismo nombre en homenaje al que él llamaba Pepiño.

LA CANTINA

Aquella esquina era un ultramarinos con bar y comedor, una especie de bodega. Pero justo cuando Abeal se hace con el negocio, se implanta la Ley Seca en Estados Unidos, la excusa perfecta para que los ávidos bebedores decidiesen acudir a la otra orilla a colmar sus ansias. Así fue como el Sloppy Joe’s (nombre que tendría La Victoria desde 1923) se introdujo de lleno en el glamour de la coctelería y sus adeptos que, en ocasiones, acudían al bar de Pepiño antes que a su propio hotel a dejar las maletas.

Clientes famosos como intelectuales, jugadores de béisbol, actores, aristócratas... John McGraw, Hemingway, Spencer Tracy, Errol Flynn, Nat King Cole, John Wayne, Clark Gable, Ava Gardner, Sinatra, Cantinflas, Alfonso de Borbón... comenzaron a alimentar la leyenda, alentados por la ingente cantidad de mojitos y daiquiris que la barra más larga del mundo (18 metros en caoba) les proporcionaba sin cesar. Se dice que tenía cocteleras con las que elaboraba cien daiquiris de una sentada. Al fin y al cabo, era un bar para turistas, en el mejor sentido del concepto. Muchos presumieron durante años de ser los autores del apodo de Abeal.

LA RECETA

En realidad, no hay una, sino varias, dejando a un lado los clásicos (hasta ochenta, incluidos el Cubanito, Cuba Libre, Martini, Gin & Tonic, Ruso Negro o el España en Llamas con sidra y coñac a partes iguales...), Abeal hizo populares dos recetas: la del Sloppy Joe’s original y la del Havana Rainbow Plus.

La original tiene como ingredientes una parte de zumo de piña, otra de coñac, otra de vino de Oporto, gotas de granada y Curaçao, todo agitado con hielo picado y servido en vaso alto.

Su otra especialidad era el Havana Rainbow Plus, con 1/8 de granadina, anisete, Parfait Amour, menta verde, curaçao, Chartreuse amarillo y verde y ron de Jamaica. Se flameaba y se servía en una copa Pousse-café.

El Aunt Emily (gin, Calvados, brandy de albaricoque, zumo de naranja y granada) completaban sus grandes éxitos.

Sin embargo, su Special no se servía en un vaso, sino en un plato: era un sándwich de carne picada o desmechada y salsa de tomate reducida con Worcestershire, pimienta, mostaza, azúcar moreno y chile. El bocadillo es ahora extremadamente popular en Estados Unidos. Junto a la Ropa Vieja, era la estrella del comedor. También vendía puros, pero eso es harina de otro costal.

LA LISTA

No aparece el Sloppy Joe’s en la lista de los mejores bares del año, pero su memoria es la que (aunque no sean conscientes de ello) les ha llevado a todos ellos a lo alto de ese ránking que ahora encabeza el londinense The Connaught y al que se ha encaramado el griego The Clumsies, con unas cartas conceptuales que merecen un capítulo aparte, por su diseño y por su profundidad de contenido. Es el tercero de la lista, tras el neoyorquino Dante.

Entre los cincuenta primeros, veintiuno son europeos, nueve de ellos británicos y tres españoles. China y Nueva York están representados por cinco barras cada uno. También están presentes Australia, Japón, Oriente Medio y Latinoamérica.

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