El covid acaba con Zalacaín, el primer restaurante español con tres estrellas Michelin

Es una de las mayores referencias gastronómicas de la flor y nata de Madrid, pero no ha podido superar el golpe económico de la pandemia


Redacción / La Voz

Fue la antítesis de lo que ha acarreado la democratización de la gastronomía. La sombra de esnobismo que rodea hoy a los restaurantes con estrellas Michelin no es tan alargada y los mejores chefs, cada vez que pueden, recalcan que su cocina no hace distinciones de clases o estatus, y apelan a la tradición y al localismo para reforzar esa idea. La mayoría lo explica en vaqueros. Nada que ver con los códigos que manejaba este restaurante madrileño. En plena transición, en las altas esferas de Madrid se hacía popular un restaurante que exigía americana y corbata, en el que los camareros servían, oían y callaban y donde se empezó a hablar de mesas reservadas, esas en las que la flor y nata social y política podía dar rienda suelta a todo tipo de comentarios, a salvo, en reuniones profesionales. También íntimas. Lo sabe bien el rey emérito, pues Juan Carlos elegía con frecuencia este local para estar a solas con la reina Sofía. De eso hace ya casi cincuenta años, y en una suerte de paralelismo, el monarca y Zalacaín comenzaron una andadura en ascenso que ha acabado, definitivamente, este extrañísimo año 2020. 

Zalacaín, el primer restaurante español con  tres estrellas Michelin cierra sus puertas para siempre, incapaz de soportar la presión. El covid-19 tocó en la primera ola y es ahora cuando hunde a este local, que, por cierto, debe su nombre a la novela de Pío Baroja Zalacaín el aventurero. Referencia gastronómica y templo de culinario (por poner dos ejemplos, entre sus maravillas destacan el steak tartar y los huevos de codorniz con salmón ahumado y caviar Beluga, cerró, como el resto de la hostelería, durante el estado de alarma. Intentó sobrevivir con el servicio de comida a domicilio, pero nunca llegó a reabrir y finalmente la propiedad, el grupo empresarial La Finca, ha decidido solicitar concurso de acreedores e ir directamente a liquidación, confirmaban este jueves a Efe fuentes de la compañía.

«Es un tsunami durísimo, todavía no nos lo creemos», dice Carmen González, quien ha sido su última jefa de sala y la primera que ejerció como tal en un restaurante que, asegura, «nunca va a caer en el olvido y siempre formará parte de la historia gastronómica», por lo que se siente «muy afortunada» de haber sido partícipe.

El cierre definitivo ha sido una decisión «muy pensada por parte de la propiedad, tras contemplar mil escenarios posibles». Se descartó volver a la actividad en septiembre y se planeó abrir en Navidad, pero «la hostelería penaliza por días» y mantenerlo cerrado por tiempo indefinido era «insostenible económicamente».

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