La filosofía que en 1990 le sirvió a José María Fonseca de base para el ambicioso proyecto de crear una bodega, se mantiene intacta. Como intactos siguen muchos de los miembros de su equipo humano, desde los directivos al último viticultor. «Mi padre- explica su hija Carmen- acertó de pleno cuando dejó su trabajo como directivo del Instituto Nacional de Empleo y emprendió la labor de fundar una bodega. Se dejó aconsejar, tuvo buenos amigos y asesores y, con el tiempo, ha conseguido un gran equipo humano, porque, además de mi hermano y yo, que somos sus hijos, el resto también es de la familia».

Y es que algunos de los trabajadores y miembros de la dirección llevan muchos años en esta bodega que, como dice su hijo Antón, «pasó en tan poco tiempo de envasar 37.500 botellas a contar con cuatro bodegas en diversas denominaciones de origen españolas».

El mundo del vino engancha

«Cuando terminé mis estudios tenía claro que no quería entrar en la empresa familiar-añade Carmen-, pero después de tres años haciendo auditorías, un día me pregunté ¿Por qué no? Probé y aquí estoy encantada, trabajando en la parte administrativa y financiera y con gente extraordinaria. De mi padre heredé ser también una entusiasta del vino y de su ámbito, porque muchas son las emociones que despierta, para lo bueno y lo malo. Ahora no es buen momento, sobre todo en España, porque los mercados internacionales se han portado mejor, pero saldremos adelante. Y ¿ves?, este optimismo nos llega por la vocación y la ilusión».

Y cuando hablamos de este entusiasmo que despierta el mundo del vino, su hermano Antón dice «que cuando lo conoces y entras en él te enamoras» «y, ni quieres ni puedes dejarlo. Yo esto lo heredé de mi padre y el día a día lo vives intensamente. Miras al cielo, te inquieta la previsión meteorológica, la floración, te vas a dar un paseo por las viñas para ver su estado. Vamos, que con la parte comercial e institucional que mi puesto de vicepresidente conlleva, te ocupa todo el tiempo y más que tuviese. Por otra parte estoy muy orgulloso de nuestras bodegas y de mi padre, que fue capaz de salir adelante y siempre progresando».

Otras culturas

Además es un trabajo que te obliga a viajar y con ello conoces otras culturas, otras formas de vida, de disfrutar de la gastronomía de cada comunidad o país y también de beber vinos distintos a los nuestros, lo que te permite comparar y comprobar que los vinos gallegos están entre los mejores del mundo».

Dejamos Terras Gauda, miramos alrededor y vemos sus viñas bien cuidadas, con carteles que nos hablan de un conatrol exhaustivo, y nos damos cuenta de que aquella es otra forma de plantearse el mundo de la viticultura.

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Un equipo humano consolidado