La cara oculta de los que dan la cara en el sector de las bebidas

Ellos forman la cadena perfecta en el ámbito del ocio líquido, del disfrute y creación de bebidas. Desde el destilador al barman, pasando por la sumiller y el experto cervecero. Todos se entregan cada día dando la cara por el cliente. Pero el estado de alarma los encerró, contra natura, entre cuatro paredes. Esta es la otra cara que muestran, la que es el reflejo de su alma.

ÉRICA BARBOSA, SUMILLER Y ORIENTADORA VÍNICA

«La música me llena y me hace feliz»

Su relación con el mundo del vino comenzó cuando Erica todavía era adolescente. «Desarrollé interés y curiosidad en todas sus facetas. Al empaparme de esta cultura, terminé desarrollando una pasión genuina por todo lo que lo envuelve», explica Érica Barbosa, sumiller y orientadora vínica.

Pero su relación con la música, dado que su familia estaba muy vinculada a ella, data incluso de antes que la que mantiene con el vino. «De pequeña fui a clases privadas de piano. Después, pasé mucho tiempo lejos de la música, pero siempre la extrañé. Por eso, retomé hace un par de años esta afición que tanto me llena», relata. «En estos momentos tan duros que vivimos en confinamiento, la música me llena, me tranquiliza y sobre todo es una terapia para mí. En definitiva, me hace feliz», dice.

«Cuando no trabajo, me dedico a tocar el piano, experimentar en la cocina con maridajes y fusiones, y a catar vinos de pequeñas D. O, de cualquier parte del mundo. Se puede encontrar cosas muy divertidas y curiosas», relata.

«Lo primero que haré al salir del confinamiento será una caminata por el paseo marítimo y tomar una cerveza muy fría disfrutando a conciencia de las pequeñas cosas, tan simples y en las que apenas nos fijamos. Brindaré por la pura vida», concluye.

ENRIQUE PENA, DESTILADOR DE VÁNAGANDR GIN

«Hace muchos años que amaso pan, me relaja»

«Si quieres buen pan hay que levantarse temprano», advierte Enrique Pena, destilador de Vanagandr Gin, con sorna. «Así que en este momento de confinamiento es una buena afición, para además de comer buen pan ayudar al cuerpo a llevar un ritmo parecido al de una jornada normal», asegura quien lleva elaborando pan casero años. Muchos, antes incluso de la moda que instauró la pandemia y que acabó con las existencias de levadura en los supermercados.

«Desde que se produjo el cierre de la hostelería, a la que mando un fuerte abrazo y ánimo, nuestras ventas se han reducido prácticamente a cero ya que el canal Horeca es nuestra principal vía de facturación, y aunque seguimos abiertos y trabajando (en una destilería siempre hay algo que hacer) paso mucho más tiempo en casa y he aprovechado para recuperar mi afición de hacer pan», explica. «Llegue a ella hace muchos años desde la repostería que siempre me ha gustado porque requiere de una exactitud y precisión que va bien con mi carácter... y me relaja, así que me levanto temprano, amaso y es una buena forma de comenzar el día, activo y con algo en la cabeza», desvela antes de confesar: «Lo primero que me tomaré en cuanto pueda salir de casa será un cóctel Martínez».

 ANDRÉS GONZÁLEZ, BARMAN

«Hice decorados para cine y ahora modelo vasos tiki»

Esta afición me viene de mi verdadera pasión y trabajo, que consistía en la fabricación de decorados para cine principalmente en animación stop motion», relata Andrés González Quintela, responsable del restaurante la Gastroteca y bartender del hotel Hesperia Centro Coruña. «Estudié carpintería. Siempre me encantó pintar, dibujar, modelar y crear con las manos. Después, estudié realización de cine y vídeo y uní mis dos titulaciones para dedicarme a la creación de decorados. Todo lo tienes que idear de la nada: diseñar, modelar, tallar, esculpir ensamblar y pintar. En definitiva, crear un mundo», describe.

Ejerce como barman desde el 2012, con un fuerte espíritu innovador. Además de las recetas, y ante la dificultad para conseguirlos, crea sus propios vasos tiki. «Mientras estamos en confinamiento, sigo trabajando en nuevos diseños para crear más vasos y, como tengo una minibarra en casa, acompaño este momento de creación siempre con uno de mis cócteles favoritos, el Pisco Sour», afirma. «Pero también estoy deseando que esto pase para poder disfrutar de un buen cóctel con un rico mezcal como un Margarita. Y poder acudir al taller de Arobe Cerámica para materializar mis nuevos diseños», concluye.

DAVID DÍAZ, COPROPIETARIO DE UNA CERVECERÍA

«Disfruto de la vida en el medio rural»

A David Díaz, copropietario de la cervecería Black Dog Tavern, el confinamiento le ha cogido en pleno proceso de adaptación al medio rural, con el proyecto Vacas Nómadas, que desarrolla junto a su esposa Pili. «Indirectamente, me viene bien para poder realizarlo con mayor conciencia», reflexiona.

Hasta el momento, ha dedicado el tiempo a empezar a cultivar pequeños bancales, construir con material reciclado un gallinero, o preparar un pequeño cobertizo para las ovejas, que llegarán en breve. «Disfrutando de la vida en el medio rural, en definitiva», apunta.

Su cervecería suele ser punto de encuentro para grupos de amigos. «Ahora, el contacto con el bar y los clientes es a través de las redes sociales. Hace poco pusimos en marcha un concurso de listas de Spotify para tener entretenida a la gente y luego poder pinchar las listas e involucrar a la gente en el propio local», explica, desde su experiencia como integrante de bandas de rock y folk-rock.

«Para no perder paladar me he traído stock, sobre todo cerveza craft. También investigamos con pequeños proveedores locales, a ver si podemos usar sus productos en el bar, sobre todo en cocina», avanza. «Cuando podamos salir, me tomaré una pinta de una IPA bien fresca», concluye.

MIGUEL ARBE, BARTENDER

«Tocar el shamisen me enfoca en algo»

Tras la barra de Bordello Opium & Tea Parolur, Miguel Arbe lleva la coctelería a otro nivel conceptual. Pero en el confinamiento, la barra queda lejos, de modo que volvió a sumergirse en una de sus pasiones: la música.

El shamisen es un instrumento tradicional japonés de tres cuerdas, en el que Miguel se introdujo cuando vivía en Londres y su esposa Chihiro comenzó a ir a clases. «Me entró el gusanillo. Durante un par de años fuimos a clases y llegamos a tocar, por llamarlo de alguna manera, en un par de recitales de alumnos y durante un festival japonés en Trafalgar Square», recuerda.

«Ahora después de no haber tenido tiempo debido a la carga de trabajo y por arrancar en su momento el nuevo proyecto Bordello lo he vuelto a coger y a molestar a los vecinos recordando movimientos», explica en tono de humor. «Tocar el shamisen me aporta enfocarme en algo y poder vaciar la cabeza de las muchas preocupaciones que provoca la situación por el negocio cerrado», argumenta Miguel Arbe.

«En confinamiento he reducido mi ingesta de alcohol. Tiro más a por alguna cerveza y sí que algún vermú cae durante alguna videollamada con amigos.

«He de reconocer que deseo poder tomarme una pinta bien fresquita con, precisamente, esos amigos que hace tanto que no veo», dice.

Una copa para cada bebida

SUSANA ACOSTA

El cristal es el aliado perfecto de un buen vino, una cerveza, un cóctel o un combinado. Aquí te mostramos cuál es el formato que debes utilizar en cada ocasión para sacarle el máximo provecho a lo que te vas a llevar a la boca. A grandes rasgos y de la mano de sumilleres de referencia ya puedes abrir tu mueble bar o tu vinoteca sin miedo a equivocarte. Esta es tu guía práctica

La copa influye. Tanto que una bebida puede saber distinta en función del recipiente en el que se sirva. «El mismo vino de una copa a otra cambia. Para mí tiene muchísima importancia. Yo sufro cuando voy por ahí y un vino que te cobran 4,50 euros te lo sirven en una copa que no es la adecuada. En cambio, si te lo ponen en la copa correcta, ahí sí que es meritorio que te cobren por ese vino ese precio porque es mucha la diferencia», explica Manuel Otero, sumiller de Bido en A Coruña.

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