La hostelería gallega se planta contra las mamparas: «Quién quiere tomarse una caña en un nicho?»

Martínez-Almeida contempla esta posibilidad para reactivar cuanto antes el sector de la hostelería. En Galicia, de momento, la hoja de ruta pasaría por limitar las mesas a 4 persona


España tiene en la actualidad la mayor densidad de bares del mundo —hay un local donde tomarse una caña por cada 175 personas—, y la hostelería representa el 6,2 % del PIB nacional. Datos objetivos que reflejan esa idiosincrasia local caracterizada por el culto al ocio; comida y bebida mediante. El sufrimiento de este país se agudiza sin tabernas, restaurantes de postín y bares de carretera. Y quizás, o precisamente por eso, los hosteleros gallegos rechazan de plano una recomendación que ronda la cabeza del alcalde de Madrid. Martínez-Almeida propone la instalación de mamparas de metacrilato que separen a los comensales para garantizar que la hostelería pueda volver a su actividad cuanto antes. Un precio a pagar, comentan en la esquina noroeste peninsular, demasiado caro. En todos los sentidos.

De esta estrategia, que también está sobre el mantel en algunas zonas de Italia, han oído hablar cocineros y empresarios, pero no ha existido ningún comunicado oficial que les haga ponerse en alerta. Sí tienen constancia, no obstante, de la existencia de una hoja de ruta que pasaría por «establecer un máximo de 4 comensales por mesa».

La opinión es unánime entre los hosteleros consultados por La Voz: la colocación de mamparas supone una inversión que no están dispuestos a asumir, y no creen que convenza a los clientes más allá del bum inicial; ese que ha de llegar cuando abran bares y restaurantes. A algunos, por cierto, esta medida les suena conocida, y la comparan con aquellas propuestas que se lanzaron al aire tras la aprobación de la ley antitabaco.

Uno de los más críticos es Pepe Solla. Con dos estrellas Michelin en su restaurante Casa Solla y un local más informal en Santiago, se niega a plegarse ante esta iniciativa. «Una mesa en la que cada comensal está separado por una mampara no tiene ningún sentido; desvirtúa el objetivo por el que una familia o un grupo de amigos va a comer fuera; me parece más una medida efectista que efectiva, y que supone una inversión desorbitada».

Cocineros «en tierra de nadie»

Solla no es el único que teme que les obliguen a adoptar esta drástica medida. Jimena Meije, propietaria del restaurante María Manuela y miembro deVigo Gastronómico, asegura que se siente «en tierra de nadie por la falta de organización gubernamental respecto al sector de la hostelería». Su sensación de desazón se incrementa, comenta, cuando escucha hablar de mamparas («un gasto que la mayoría no podríamos asumir», comenta) y del fin de la era de la barra; con su café, su pincho y su caña bien tirada. Mientras lidia con la incertidumbre, y barajando que podrá abrir su local a finales de junio, piensa en alternativas que garanticen la seguridad de sus clientes. «Estamos contemplando la posibilidad de cambiar los grifos del baño para que no haya que tocarlos, y poner unos de pedal o automáticos, por ejemplo. También tendremos que trabajar en cocina con protección y suministrar geles a los comensales», explica Meije.

A menos de cien metros se encuentran, en A Coruña, el restaurante La Greca y la cafetería La cantera. Alma García, y Jessica y Raúl Vázquez, propietarios de sendos locales, tampoco comulgan con la idea de poner mamparas. «No creo que vayan a funcionar ni en el 10 % de los locales. Es que ¿quién quiere tomarse una caña en un nicho?», se preguntan los dueños de La cantera. Y añade a su reflexión: «Un bar es un foco de contaminación inmenso y preferimos estar cerrados hasta que la seguridad de los empleados y los clientes esté garantizada, y cuando sea así priorizaremos medidas como el pago con tarjeta». En relación a las directrices que se están abordando los responsables de distintos restaurantes, Alma García se plantea que tanto ella como sus empleados tengan que doblar turno. «Estamos en contra, pero es una situación excepcional y tendremos que recuperarnos como sea, sobre todo si vemos el aforo limitado». De las mamparas prefiere ni oír hablar de momento: «Es como estar en un vis a vis, solo las pondremos si nos obligan».

Diego Lombao, propietario de Zicatela, sigue en la senda de las opiniones de sus colegas de profesión. Rechaza las mamparas porque «no es más que un efecto placebo similar a medidas que se pusieron en marcha cuando se prohibió fumar en los bares».

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