Esta es la receta para hacer las nubes en casa

Elige el sabor que más te guste y con estos pasos conseguirás unas chuches más ricas. Las hay de piña, de limón, de fresa, de cacao, de sandía y hasta de capuchino. Todo empieza por la gelatina

Si eres de los que te pirras por las chuches o quieres sorprender a tus hijos en su cumpleaños con golosinas caseras, vete tomando nota. Hoy en HUM te proponemos una receta curiosa con la que más de uno ha triunfado: las nubes. Sí, las esponjosas que puntualmente degustas y que tienen el sabor de la infancia. Pero las que vas a hacer tú serán mucho más auténticas y además puedes darle infinidad de gustos: sandía, fresa, melón, limón, cacao, capuchino… Lo que más te guste. Antes de empezar a remangarte estaría bien que tuvieses en cuenta un detalle, hazte antes de nada con un recipiente, puede ser un táper de paredes bajas en el que vas a espolvorear Maicena y azúcar glass. Después te contaremos por qué, pero es importante que lo tengas preparado en primer lugar, de este modo te evitarás enredarte con los pasos posteriores. Una vez que tengas listo eso, ya puedes empezar a tomar nota y ten en cuenta que el proceso de elaboración de las nubes es básicamente una gelatina montada, así que es algo parecido a cuando se monta un merengue, por si lo has hecho en alguna ocasión.

Para la receta vas a necesitar dos sobres de gelatina neutra en polvo, 200 mililitros de agua (un vaso), 200 gramos de azúcar y también otro sobre de gelatina, pero esta vez con el sabor que tú quieras: las hay de piña, de fresa, de limón, de melón… Elige a tu gusto. Las nubes de sandía, ya te lo decimos ahora, están superbuenas por si te apetece probar esta vez. Cuando tengas todos los ingredientes, empieza por echar la gelatina neutra en la mitad del agua, es decir, cien mililitros, con el azúcar y deja que se vaya hidratando en la misma cazuela en la que luego vas a poner al fuego. El efecto es como el de un pañuelo absorbente, vas a ir notando como ese polvillo granulado va cogiendo forma a medida que se humedece. En el momento en que veas que está hidratado, entonces ponlo al fuego cinco minutos sin que hierva, si notas que coge mucha temperatura puedes remover un poco, pero lo fundamental es que el fuego no esté altísimo, que no hierva.

Mano a la batidora

En la otra mitad del agua echa el sobre de gelatina con sabor, revuélvelo bien, y añádeselo a la cazuela al fuego con la otra gelatina y de nuevo caliéntalo todo cinco minutos del mismo modo, sin que hierva.

Una vez que tengas esa textura, echa todo lo de la cazuela en un bol. Déjalo unos minutos para que se temple un poco y con ayuda de una batidora de varillas ve montando esa gelatina como si fuera un merengue, unos 20 minutos más o menos. Vas a ir notando que va cambiando de color y volumen hasta espesarse. Eso ya lo debes ir calculando tú a ojo cuando estará listo, pero date cuenta de que se irá formando una masa cada vez más potente y puede llegar un momento en que se te quede clavada la batidora, así que para de batir un poco antes, si ves que se endurece mucho.

Cuando esté montada, te recomendamos echar todo en el táper que tienes ya listo con la Maicena y el azúcar glass para que no se pegue; espolvoréalo por encima también con esa misma Maicena y el azúcar glass para que se seque. Después, déjalo a temperatura ambiente un día entero hasta que se solidifique.

El último paso es sencillo, saca del táper la masa, que queda como una plancha almohadillada y con una cortadora de galletas o unas tijeras ve haciendo las formas que te gusten. Y si no quieres nubes, dibuja estrellas. Con esta receta tienes el cielo abierto.

Receta on line para millenials en tiempos de confinamiento

n. d. amil
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Receta de un profesor de la Escuela de Hostelería Carlos Oroza para los amigos de su hijo, milenial y skater Receta de un profesor de la Escuela de Hostelería Carlos Oroza para los amigos de su hijo, milenial y skater

Ricardo Fernández, profesor del Carlos Oroza, grabó una receta para los amigos «skaters» de su hijo

En tiempos de confinamiento, la cocina es uno de los espacios más creativos de la casa. Ahora ya no vale abrir el frigorífico y coger lo primero que hay, pero tampoco podemos ir al supermercado con frecuencia para buscar una alternativa rápida a saciar nuestra gula. Así que como lo que sobra es tiempo, la solución se pinta clara: toca cocinar. Ricardo Fernández es profesor del ciclo de hostelería del Carlos Oroza, pero además es padre y como todos, está aislado en su casa desde el pasado 14 de abril. Con una vieja cámara, su móvil y su vocación docente está haciendo virguerías para enseñar y entretener a los millenials. En algo más de dos minutos cuenta a los amigos de su hijo Alai, de 15 años, como se prepara un plato saludable. Hoy tocan jamoncitos con hortalizas. «Os amigos do meu fillo sempre lle dicían ‘dille ao teu pai que nos ensine algo’», comenta Fernández. Así que con el móvil en una mano y el cuchillo en la otra preparó un plato dedicado a los amigos skater de su hijo pequeño. Son jóvenes de entre 15 y 25 años con devoción por la buena cocina. «Gústalles comer san, preparei un prato que está listo en 40 minutos», precisa este profesor, que nunca pensó que tuviese que ponerse manos a la obra con la tecnología para intentar que sus alumnos no pierdan la implicación y mucho menos los amigos de sus hijos. LO único que necesitaban para sacar adelante el plato era voluntad -de eso sobraba- y cuatro jamoncitos de pollo fresco, «comprados no Mercado de Pontevedra», medio pimiento verde y medio rojo, un ajo, media cebolla, cuatro champiñones grandes, un bote pequeño de tomate natural, aceite y agua o caldo de carne. «En tres cartos de hora, listo para comer», reconoce.

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