La apología de Trump de la comida rápida se ceba con la salud de los estadounidenses

Un estudio acaba de revelar que la defensa a ultranza del «fast food» por parte del magnate fomenta el consumo de platos nada saludables. Además, la investigación revela que sus declaraciones tienen más fuerza que el nivel educativo o los ingresos de los ciudadanos


Negacionista como es del cambio climático, tampoco cree el presidente de Estados Unidos que hincharse a Big Macs pueda pasarle factura al cuerpo. De hecho, más bien lo contrario. Piensa Donald Trump que lo que mejor le sienta a su organismo es una carne bien hecha, un puñado de patatas fritas y grandes dosis de Coca-cola. Se ampara, eso sí, en que como resolvió su examen médico del 2018, goza de una «excelente salud». Sin embargo, su apología del fast food está haciendo más daño del que le gustaría a buena parte de los servicios sanitarios del país que gobierna pues, con unas tasas de obesidad altísimas entre los ciudadanos de Estados Unidos (cerca del 40 % de la población adulta sufre esta enfermedad), su mensaje está calando demasiado hondo.

Es lo que demuestra una investigación de la Universidad de Pensilvania publicada por la revista Appetite. Varios especialistas se afanaron por conocer qué efectos podría tener en el público su conocido gusto por la comida rápida y la conclusión fue del todo desalentadora. Jessica Myrick, líder del estudio, mantiene que la influencia del magnate en este campo reside, en buena medida, en que los mensajes que lanza los envía a través de Twitter, su red social de cabecera, lo que supone un impacto mucho mayor al tener un alcance desorbitado con respecto a otros agentes. La científica encuestó a más de mil estadounidenses en una encuesta representativa a nivel nacional. Comparó la atención de los entrevistados a los medios de comunicación con la relación parasocial de los encuestados con el presidente. Las relaciones parasociales se producen entre dos personas que no se conocen, como el vínculo de un fan con una celebridad o un político.

El estudio también comparó esos hallazgos con las actitudes de los encuestados hacia la comida rápida, su aceptabilidad y las probabilidades de que pidieran comida rápida en un futuro cercano. Tras analizar los datos, Myrick ha determinado que leer noticias sobre la dieta de Trump era un predictor más fuerte de las intenciones de comer comida rápida que cualquier factor demográfico, como el nivel educativo, la raza, la edad, el sexo o los ingresos. «Los resultados también muestran que tanto para los republicanos como para los demócratas, una mayor atención a la cobertura de los medios sobre la dieta de Trump se relaciona con actitudes más positivas hacia la comida rápida. Sin embargo, para los republicanos, esta relación fue casi el doble», detalla la investigadora.

Más ejemplos

Myrick quiso mencionar que en ningún caso es Trump es el primer presidente de Estados Unidos que ha puesto en conocimiento de la sociedad sus hábitos alimenticios. Aunque el impacto generado nunca haya sido semejante. Bill Clinton, por ejemplo, también tenía afición por la comida rápida antes de someterse a un cuádruple bypass coronario en 2004 y luego convertirse en vegano. Barack Obama y su mujer Michelle Obama, por su parte, promovieron la alimentación saludable y pusieron en marcha un huerto en los terrenos de la Casa Blanca.

¿Qué comen los presidentes del mundo?

Laura G. del Valle

Donald Trump ha demostrado en varias ocasiones que se enorgullece de seguir una alimentación basada en hamburguesas y pollo frito; no es el único que tiene extrañas filias en materia gastronómica: que se lo pregunten a Putin o a Evo Morales

No existe desagradable situación que no pueda salvar un Big Mac. Así de claro lo tiene Donald Trump, que  mientras a principios de año Estados Unidos vivía el cierre de gobierno más largo de la historia de la democracia, con más de 800.000 trabajadores afectados y los ministerios bajo mínimos, decidió salvar los muebles en una cena en la Casa Blanca con los Clemson Tigers (ganadores del campeonato nacional de fútbol americano) ofreciéndoles hamburguesas de Mc'Donald's, Burger King y Wendy's (ni rastro de algún ejemplar de Five Guys, las favoritas de Obama). ¿Y qué hay de malo? debió pensar el magnate, que se enorgullecía de entregar su comida favorita a los jóvenes. 

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