Galicia entra en el Celler de Can Roca

Una coruñesa y un compostelano trabajarán durante cuatro meses mano a mano con los hermanos Roca tras haber conseguido superar unas exigentes pruebas


Si el plató de Masterchef pretende imitar el de una cocina profesional, ayer Mas Marroch reprodujo lo que sucede en el escenario del famosísimo programa. El Centro de Eventos del Celler de Can Roca se convirtió en un concurso, con todas las de la ley, en el que treinta aspirantes a chefs demostraron sus dotes entre fogones para poder formar parte de los diez agraciados que, durante cuatro meses, se formarán en el que es uno de los mejores restaurantes del mundo. Dos gallegos salieron airosos.

Hasta Gerona, donde los hermanos Joan, Josep y Jordi inventan las mejores elaboraciones culinarias, se trasladaron de la mano del BBVA estas apuestas de la gastronomía, entre las que se encontraban cuatro gallegos. Tras una primera fase, en la que a través de distintas dinámicas lideradas por el equipo de innovación de El Celler tuvieron que poner a prueba su proactividad y espíritu de superación, llegó una sesión aún más exigente. Consistió en dos pruebas específicas: una para los candidatos a las becas de cocina y otra para los de sala. Los 21 finalistas que optaban a la parte de cocina se enfrentaron a tres duras horas en las que tenían que elaborar una receta escogida por ellos. Los nueve aspirantes a especialistas en sala tuvieron que mostrar su destreza y habilidad con la preparación y el servicio de una mesa.

Tras muchos nervios pudieron respirar tranquilos el compostelano José Manuel Mera y la coruñesa Ana de la Calzada. El barman de Santiago, de 32 años, se forma actualmente en Igavi y, tras su paso por distintos restaurantes de la comunidad y después de haber pasado un año en Formentera, dará ahora el salto a su proyecto más ambicioso. Lo mismo le ocurre a De la Calzada. Residente en Guísamo, con 33 años acumula experiencia en cocina y, se nota, sin duda, por la elaboración que le presentó a los hermanos Roca. «Quería un plato que representase a Galicia para dar a conocer un producto que en este momento no está muy en uso. Por eso opté por preparar una caballa marinada y sopleteada con berenjena en tres formas: asada, en hummus y en helado». Además, apunta, completó su elaboración con unos pimientos de Padrón y unos rabanitos. Cautivó a los profesionales y ahora podrá desarrollar todo su talento junto a quienes, reconoce, son sus ídolos. «Aunque no hubiese podido entrar yo ya habría ganado solo por conocer a los hermanos Roca; es un sueño cumplido, son gente maravillosa», comenta. Y de cara a su futuro en El Celler, revela sincera: «Lo que mejor me va a venir es que voy a ganar en seguridad en mí misma, que buena falta me hace, y que después de esta prueba creo que seré capaz de estar más serena cuando cocine».

Otro de los platos que llegaron al Celler con sabor gallego fue el de Mónica Piñón (Miño), que aunqe se quedó a las puertas de formarse con los Roca, triunfó con su receta: «Hice un bacalao a la gallega con grelos y le añadí un puré de patata con habas de Lourenzá y una ajada. Al plato lo llamé Misturas», explica esta estudiante de 46 años de la escuela de hostelería Fragas do Eume.

un plato de altura

La caballa y los pimientos de Padrón, claves del éxito

Tres horas tuvo Ana de la Calzada para preaparar esta delicia que le dio el pase directo a las cocinas del Can Roca. Buscando un plato que representase por completo a Galicia, esta joven se decantó por una caballa con berenjena en tres texturas acompañada de pimientos de Padrón y rabanitos.

El primer día de su vida como cocineros

Laura G. del Valle

El Centro Superior de Hostelería de Galicia entra en ebullición. A sus cocinas llegan estos días jóvenes que sirven por primera vez un café, comprenden el arte de poner un mantel y, algunos, descubren el pulpo á feira

- «A usted hoy no le pongo nota».

- «¿Por qué?», pregunta cabizbajo un alumno en una de sus primeras prácticas de servicios.

- «Porque no ha venido usted afeitado», responde un severo profesor del Centro Superior de Hostelería de Galicia (CSHG) a su pupilo minutos después de mostrar a varios jóvenes la organizada coreografía que requiere la colocación de una mesa en un restaurante de postín. Sucedió en uno de los restaurantes que la escuela gastronómica más importante de la comunidad tiene dentro de sus instalaciones. Esta escena, que puede parecer impropia de un centro universitario del 2018, deja de resultar llamativa al ver el trato distendido, pero extremadamente respetuoso, que profesores, directora y alumnos tienen entre sí. El tratamiento de usted forma parte del protocolo obligatorio, igual que llevar los uniformes reglamentarios. De esta manera, y entre fogones, bechamel y cafés (todavía servidos con el pulso a medio gas), comienzan a dar sus primeros pinitos en el mundo de la cocina los alumnos que inician el primero de los cuatro años de formación en el CSHG. La Voz vive con ellos su experiencia.

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