El caldo en pastillas, la revolución doméstica

El famoso cubo que inventó Julius Maggi fue todo un icono de principios del siglo XX, que permitió que la clase trabajadora mejorase su alimentación a precios populares. Este empresario fue todo un visionario. Esta es su historia


La llegada de la segunda revolución industrial de Europa y la entrada de la mujer al mercado laboral permitió la comercialización masiva de las pastillas de caldo en forma de cubo. Un minúsculo paquete que supuso toda una revolución doméstica en los hogares de principios del siglo XX. Las mujeres de entonces ya no tenían que pasarse horas esperando a que el caldo se hiciera a fuego lento para coger el sabor de la carne o de las legumbres. Con un simple gesto, abrir el paquete y echárselo al agua era suficiente para obtener sabrosos y nutritivos guisos.

Julius Michael Johannes Maggi es el hombre que se esconde detrás de invento del caldo en pastilla y, sobre todo, de su comercialización, aunque diversas fuentes apuntan a que este tipo de concentrados deshidratados ya se conocía entre cocineros franceses de principios del XIX e incluso en el Reino Unido en el siglo XVII. Pero fue él el que vio la necesidad de la sociedad de la época, detectó los cambios en la alimentación y supo lanzar al mercado un atractivo producto a un precio muy popular. Este fue el inicio de la multinacional Maggi, que acabó fusionándose con Nestlé en 1947.

Hijo de un molinero italiano, fijó la sede de su empresa en el pueblo suizo de Kemptthal, cerca de Zúrich, donde producía harina de trigo. Fue todo un visionario de la época, no en vano le fascinaba la clarividencia y creía que podía ver el futuro. No andaba muy desencaminado porque supo anticiparse a los cambios de hábitos alimenticios que la revolución industrial provocó: «Las mujeres, que eran tradicionalmente las que se encargaban de cocinar para toda la familia, pasaban cada vez más tiempo en sus lugar de trabajo, como las fábricas, y podían dedicar menos tiempo a la cocina», explica Nestlé, en su artículo La Magia de Maggi.

El doctor Schuler

En 1882, conoció al doctor Fridolin Schuler, un personaje clave para el desarrollo del que sería el invento revolucionario de los hogares de la época. Schuler era un defensor al ultranza de que los altos índices de enfermedad de la población y la mortalidad infantil estaban directamente relacionados con la desnutrición de las clases populares: «La nutritiva carne no estaba al alcance del exiguo presupuesto de los trabajadores, pero el doctor Schuler estaba convencido de que las legumbres, ricas en nutrientes y de fácil digestión eran la solución», aclara la conocida firma.

Y así fue como Maggi se inspiró en los principios del doctor y se dedicó a crear un tipo de harina, elaborada a partir de legumbres. Después de dos años de ensayos logró lanzar sus harinas de guisantes y judías en polvo. Poco después comercializó las primeras sopas instantáneas del mundo y en 1886, el condimento Maggi, un caldo líquido concentrado que podía usarse como base para consomés, sopas y salsas y que mejoraba el sabor de los alimentos.

Golpe maestro

En 1908 llegó su producto más icónico, el cubo de caldo concentrado. Para ello, «modeló su caldo concentrado instantáneo en un cubo perfecto, envolviéndolo en los colores distintos de la marca y bautizándolo con el nombre, bouillon kub. Su imagen evocaba un juguete infantil, y animó a los consumidores a pedir el cubo: «Fue un golpe tan maestro que la competencia le copió frenéticamente. Pocos años después de su lanzamiento se había convertido en todo un icono de su tiempo, hasta el punto de que el cubo de caldo concentrado llegó a aparecer en un cuadro del cubista Pablo Picasso», dice Nestlé.

En este golpe maestro también tuvo que ver mucho la importancia que Julius Maggi le daba a la identidad de marca para fidelizar a sus clientes, incluso «llegó hasta extremos insospechados para proteger y dar a conocer Maggi». También invirtió en publicidad. Fue de los primeros en usar letreros esmaltados que se colgaban en los ultramarinos.

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