Ordenar la nevera mejor que Marie Kondo para ahorrar y ser sostenible

Resolvemos con un experto de Cenor todas las dudas: desde la temperatura a la que debe estar el frigorífico para gastar menos energía, y que los productos aguanten, a la distribución perfecta de los alimentos en las baldas y cajones

Hay psicólogos que aseguran que si uno quiere cambiar el mundo debe empezar haciendo la cama. Pero en Sabe Bien pensamos que aquello que realmente puede mover montañas es tener la nevera en las mejores condiciones. Es el electrodoméstico que más usamos a lo largo del día y, sin embargo, pocos le prestan la atención necesaria. En muchas ocasiones por desconocimiento, ya que controlar la temperatura a la que debemos tener el frigorífico, cómo  ordenar los productos y aprovechar el espacio al máximo se vuelven una completa odisea apta para Marie Kondo y sus feligreses. Pero para conseguir que los alimentos duren el mayor tiempo posible en la nevera (y tener el espacio tan organizado que no volverá a quedar rastro de un yogur de limón caducado) nos ayuda a separar el grano de la paja Francisco Insua, director comercial de Cenor Electrodomésticos y fuente inagotable de sabiduría en materia de frigoríficos. 

Básico es, en primer lugar, recordar que el frigorífico es nuestro mejor aliado,y el peor enemigo de la factura de la luz, según cómo lo utilicemos. Teniendo en cuenta que es el electrodoméstico que más consume de casa es importante, si estamos pensando en cambiar el que tenemos, saber que «la diferencia entre un frigorífico A+ y un A+++ puede suponer un ahorro de más de 30 euros al año, y esto no es lo único porque no todos son iguales, hay muchos matices, lo que pasa que suele tratarse de detalles técnicos y eso confunde un poco a la gente». Pero vamos a lo sencillo: ordenar.

Según este experto, la zona inferior de cajones debe reservarse siempre a productos en crudo. En uno de los espacios deberían estar frutas y verduras y, en el otro, carnes y quesos (este último producto, por cierto, mejor guardado en un táper, aconseja Insua,« para que el frío no lo reseque»). Es indispensable tener esto claro porque «el frío cae» y la temperatura es inferior en esta parte, precisamente lo que requieren estos alimentos. Además, de esta manera se evita que un posible goteo de los productos crudos caiga sobre otras piezas y, como en esta zona de la nevera no se produce escarcha, están aún más a salvo. Ahora, no todo tipo de verduras y frutas tienen en la nevera un aliado. Es mejor que se queden a un lado tomates, patatas, cebolla o ajo. Y también cítricos, manzanas o peras, que verán reducido su sabor. 

Desde este momento, vamos subiendo en las baldas y nos podemos relajar. Según explica Insua ya no hace falta ser extramedamente ortodoxo, aunque su criterio le dice que lo más lógico es poner en la parte más superior «productos empaquetados como bebidas, yogures o mantequilla». Lo de la bebida no es cuestión menor, pues hay un número importante de personas que guardan la leche en la puerta de la nevera. Teniendo en cuenta que el frigorífico se abre con frecuencia y que la leche es  suscpetible de estropearse debido a cambios de temperatura es mejor inclinarse por dejar el bote en otro estante. 

Pescado y huevos

El pescado y los huevos no suscitan pocas dudas. Respecto al producto del mar Insua explica que «lo óptimo es tenerlo a una temperatura de entre 0 y 1 grados, para que llegue a aguantar dos días. Pero los españoles tienen las neveras normalmente a 4 o 5 grados». Es importante entonces no olvidarnos de que si no vamos a congelar el pescado, en el frigorífico debe pasar el menor tiempo posible. En cuanto a los huevos, si tenemos una despensa fresca que no sufra cambios de temperatura podemos dejarlos ahí a buen recaudo. En caso contrario la nevera es una opción óptima en alguna de las baldas del medio.

Si este terreno es árido, saber si acertamos o no con la temperatura de la nevera y el congelador no es baladí. Tanto porque puede dar al traste con nuestros productos como porque podemos caer en un gasto mayor del estrictamente necesario (cuanta menos temperatura indiquemos a los electrodomésticos, más consumo de energía). Así las cosas, este especialista recomienda «que la temperatura de la nevera esté entre 5 y 7 grados, y la del congelador a un mínimo de 18 grados bajo cero, aunque yo aconsejo ponerlo a -21 grados». Dato relevante, pues el pescado necesita estar al menos a -20 grados para evitar problemas. 

Es importante tener todo a la vista para evitar, en plena revolución sostenible, que se estropeen los productos almacenados. Pero es igual de cierto que en ocasiones exprimimos tanto la nevera que es imposible hacernos una idea de lo que hemos guardado. Un truco sencillo y práctico para evitar estas situaciones es utilizar recipientes transparentes para guardar los alimentos o la comida preparada. Y revisar, y limpiar, la nevera al menos cada diez días, aunque mejor una vez a la semana. 

¿Qué come un cocinero en casa? Abrimos las neveras de los mejores chefs de Galicia

Laura G. del Valle

Gestionan algunos de los restaurantes más punteros de la comunidad, pero a la hora de llegar a casa... cuchillo de palo: latas de tónica, queso rallado o un bote de nata caducada son algunos de los productos que se pueden encontrar en los frigoríficos de Jorge Gago, Diego López "Moli" o Iria Espinosa

Benditos grupos de WhatsApp. Y bendita sinceridad. Ahora entenderán de qué les hablo. El reto lanzado por la que esto escribe a siete de las mayores promesas de la gastronomía gallega, esos chicos que se perfilan como los relevos de Pepe Solla, Javi Olleros o Pepe Vieira, parecía sencillo e incluso predecible. Pero la honestidad y el compadreo podían acabar en una mezcla explosiva que revelara alguna que otra verdad. Nada comparado con lo que luego pasaría. Pero dejemos el hype. El caso es que el miércoles 26 de junio Suso Crespo (Balieiros), Iria Espinosa (Árbore da Veira), Jorge Gago (A Maceta), Dani López (Camiño do Inglés), Gerson Iglesias (Adega das Caldas) y Diego López (La Molinera) aceptaron desnudarse, metafóricamente hablando. La condición eran la siguiente: que al llegar a casa tras su jornada laboral fotografiasen sus neveras, tal cual estuviesen. A tenor de lo que viene a continuación podemos asegurar que cumplieron con su palabra. Y eso que si a un ciudadano corriente y moliente le daría pudor eso de enseñar las entrañas de su frigorífico, pueden imaginarse a estos chefs. Pero, ¿y el morbo que da conocer qué come realmente un cocinero en su intimidad? Sigamos con este guilty pleasure.

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