¿Tiene sentido que cada vez más recetas veganas imiten platos de carne?

Aumenta el número de restaurantes y tiendas «veggie» que replican chorizos, hamburguesas, salchichas o incluso callos. Entre los veganos gallegos hay disparidad de opiniones y una conclusión común: la industria quiere sacar tajada de esta nueva tendencia alimentaria como sea


A principios del mes de mayo, la empresa estadounidense Beyond Meat, especializada en la elaboración de productos tradicionalmente cárnicos preparados solo con vegetales, debutó en el parqué de Nueva York con un éxito tan arrollador que ni el mismísimo Leonardo DiCaprio, accionista de la compañía, daba crédito a lo que estaba sucediendo. La empresa, que estableció su precio de salida en 25 dólares, vio cómo cada título se disparaba un 163 %, alcanzando los 65,75 dólares. Precisamente el triunfo de esta marca radica en haber conseguido que una hamburguesa que está hecha de guisantes y soja, sometida a unos cuantos procesos químicos, sea una réplica casi exacta de su prima cárnica. Incluso imita el sangrado. Pues los creadores de este plato consiguieron hacer un jugo similar al que suelta la carne cuando es cocinada.

Este ejemplo, que causó un furor que se tradujo en un notorio incremento de las ventas, no dejó a la industria alimentaria mirando hacia otro lado. De hecho, de un tiempo a esta parte, con la tendencia de la alimentación vegetariana y vegana más en boga que nunca (un 9,9 % de los españoles ha eliminado el consumo de carne y derivados y un 35 % ya no come carne roja, según el estudio The Green Revolution, elaborado por la consultora Lantern) aumenta el número de tiendas y restaurantes que se animan a ofrecer platos que imitan todo tipo de recetas de la dieta omnívora. Hasta el mismísimo McDonalds tiene un whopper vegano. Este controvertido viraje enerva y agrada a partes iguales a veganos y vegetarianos, y pone sobre la mesa el debate de si es positiva esta moda o, por el contrario, pervierte los cimientos de la filosofía vegana.

A este bando, en el que se encuentran aquellos que rechazan de plano la necesidad de consumir pechuga de pavo vegana, boloñesa vega o pescado vegano (el gigante Impossible Foods ya trabaja en la réplica de productos del mar preparados a base de plantas), se adhiere sin dudarlo el vigués Javier Rodríguez, vegetariano. Este veiteañero mantiene que «el veganismo es una ideología; por lo que sus principios son éticos y morales, no se rigen por gustos. Por eso mismo, pretender imitar las dietas que están culturalmente arraigadas en las sociedades contemporáneas juega en contra del movimiento». Se explica: «Esta tendencia solo puede tener objetivos mercantilistas y, de hecho, por eso funciona muy bien. Lo que hace con el veganismo es situarlo a merced de la explotación animal. ¿Chorizo vegano? Puede estar bien para enseñar al grueso de la población que las alternativas pueden ser por lo menos tan sabrosas como las carnívoras, pero no sirve para divulgar la filosofía de los derechos de los animales».

Bien como productos de transición

En una línea parecida a la última idea planteada por este Rodríguez se mantiene el coruñés Javier Vázquez. Aunque, en su caso, reconoce que le ve pros y contras. Sobre todo porque fue la oferta de este tipo de productos lo que le animó a pasarse definitvamente a la dieta vegetariana. «Hace años tenía muy metido en la cabeza que este tipo de alimentación se basaba en ensaladas, y a mí no me gustan, así que me resultaba difícil cambiar mi alimentación. Pero cuando empezaron a aparecer estos productos, que yo llamo de transición, me resultó todo más fácil». Además menciona otro punto relevante, según su experiencia. «Es un cambio muy grande y está bien, al principio, que algunos alimentos te recuerden a la carne y su sabor; sin embargo, con el paso del tiempo los perritos veganos o las hamburguesas ya casi no las disfruto porque, precisamente, me saben demasiado a carne y ahora mi paladar se ha adaptado y prefiero otro tipo de platos y sabores, más naturales». Tanto se parecen, en algunos casos los platos cárnicos y sus réplicas veganas que, en ocasiones, ya ni quienes siguen esta alimentación se fían. «Le pasó a una amiga el otro día en un local de la calle de la Barrera (A Coruña). Pidió unas albóndigas veganas y le recordaban tanto a las de carne que le tuvo que preguntar al camarero si, efectivamente, eran veganas».

Tras plantearle esta cuestión a José Luis Varela, propietario del restaurante vegano La Factoría Verde (A Coruña), una de sus primeras reflexiones fue: «No entiendo por qué se imitan tantos ultraprocesados americanos y no platos gallegos, si aquí en Galicia casi nadie come perritos o hamburguesas». Da qué pensar este planteamiento. Según Varela, el hecho de que en los últimos años haya crecido la oferta de copias de platos cárnicos se debe a que cada vez más jóvenes se pasan a una dieta vegana; muchos de los cuales estaban acostumbrados a llevar una alimentación poco saludable. «Pasan de la hamburguesa de carne del bar de la esquina a la hamburguesa vegetal envasada del supermercado». Por otro lado, piensa, la industria también se ha lanzado a imitar nombres de platos de la dieta omnívora como una estrategia de márketing para atraer a potenciales consumidores. «Tiene sentido, y al final todos lo hacemos un poco. Yo mismo, por ejemplo, tengo un queso de anacardos que no tiene nada que ver con el queso, pero si no le llamase así nadie entendería el nombre. Pasa lo mismo con un raxo texturizado que tenemos en carta: lo llamo así y en realidad es una soja que se trabaja como si fuese carne, pero nada más». Como conclusión, y un poco en la tónica de lo comentados por Rodríguez y Vázquez, opina que lo que hay que hacer es «educar el paladar, porque en Galicia tenemos productos maravillosos que permiten llevar una dieta vegana sin tener que recurrir a estos artificios». 

Rawvana, la reina vegana de Internet, pillada comiendo pescado

Laura G. del Valle

La mexicana Yovana Mendoza, con dos millones de seguidores en Youtube, ha desatado la polémica tras un vídeo en Bali en el que aparece comiendo proteína animal. El «despiste» le ha puesto a sus fans en contra

«Muchos siguen mis consejos, creen en mí, y ahora pueden sentir que les estoy mintiendo, y no quiero ser la persona que les ha lastimado». No lo dice una mujer que se encuentra en el primer plano de la esfera política, tampoco una eminencia científica, ni una catedrática de universidad con una reputada carrera a sus espaldas. La que da explicaciones es una youtuber con casi dos millones de seguidores; una de esas figuras que representan el canon de vida y estilo de tantos jóvenes que siguen a pies juntillas sus recomendaciones. Algunas muy sensatas. Otras todo lo contrario. El caso es que Yovana Mendoza, más conocida como Rawvana, ha tenido que entonar el mea culpa en un vídeo que ya han visto casi tres millones de personas después de predicar las bondades del veganismo más extremo, los beneficios de ayunar durante 25 días y vanagloriar las dietas detox que tan en duda ponen los expertos en nutrición. No es para menos, pues inmersa en una cruzada contra la proteína animal, esta gurú de los veganos mexicana ha sido pillada comiendo pescado en Bali. Pero el culebrón da para mucho más. Es lo que tiene Youtube: el Melrose Place de la generación Z.

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