El peligro de tomar suplementos alimenticios

El consumo masivo de estos complementos preocupa a médicos y nutricionistas. No son una alternativa a una alimentación variada y, en ocasiones, su abuso se asocia a la aparición de distintos tipos de cáncer


«No sé cómo vas a titular, pero me parece imprescindible mencionar la relación del consumo de algunos suplementos alimenticios con el cáncer». Así de tajante se muestra Manuel Viso, coordinador de la unidad de Nutrición del hospital San Rafael (A Coruña), antes de colgar el teléfono. La charla con el experto giró en torno al consumo masivo de complementos alimenticios (la OCU reveló hace unos meses que el 30 % de la población española toma algún suplemento de calcio, omega 3, magnesio, vitamina D, vitamina C o hierro). El abuso de estos compuestos por parte de una sociedad que pretende mejorar su alimentación a base de pastillas preocupa, y mucho, a médicos y nutricionistas. No es para menos si se atiende a datos como los desvelados por este especialista, que menciona algunos de los muchos estudios que vinculan la exagerada ingesta de estos complementos con distintas enfermedades. Esto sin mencionar que, explica Viso, «la mayoría de estos complementos no sirven para nada porque los nutrientes, para que nuestro cuerpo los asimile, deben ir asociados a los alimentos. Un ejemplo es el omega-3, que está presente en la caballa o el salmón, si lo separas de la matriz del pescado, no cumple su función».

Del popurrí de comprimidos y polvos que se consumen en la actualidad, y que se pueden comprar sin receta médica en la mayoría de supermercados, se han hecho numerosos análisis. De estos, son residuales los estudios que aportaron resultados positivos en personas sin déficits nutricionales. Porque sí hay grupos que tienen que completar sus comidas, en ocasiones, con complejos vitamínicos o minerales; tal sería el caso de embarazadas, pacientes oncológicos o deportistas, por ejemplo. 

Una investigación de la Universidad de Oxford, sin ir más lejos, analizó diez estudios clínicos en los que habían participado un total de 78.000 personas con historiales médicos de problemas coronarios, infartos y diabetes. Durante casi un lustro los científicos compararon las diferencias que suponía para la salud de los participantes darles suplementos de omega 3 o un placebo: ¿El resultado? No hubo absolutamente ninguna diferencia.

Otro estudio reveló conclusiones mucho más peligrosas, en este caso, relacionadas con la vitamina E y los betacarotenos. Necesarios para nuestro cuerpo, ingeridos en forma de suplementos están contraindicados para prevenir el cáncer, De hecho, según alertan las autoridades sanitarias estadounidenses, los fumadores no deberían consumir betacarotenos porque puede aumentar el riesgo de cáncer de pulmón. Si lo que se desea es tomar antioxidantes, la mejor manera es seguir una dieta repleta de vegetales, frutas, cereales integrales y frutos secos.

Vitamina E y el cáncer de próstata

Continúan los datos desalentadores. Según un estudio liderado con el Centro de Investigación del Cancer Fred Hutchinston (Seattle), los suplementos con altas dosis de selenio (que de manera natural se encuentran en carnes rojas y pescado) aumentan el riesgo de que los hombres padezcan cáncer de próstata. Además, recuerda el médico del San Rafael: «Otras investigaciones también relacionan el consumo excesivo de vitamina E en complementos con un incremento en el riesgo de sufrir cáncer de próstata». 

Según explica Viso, la confusión parte de dos ejes: un márketing agresivo y feroz que engatusa al consumidor, y las recomendaciones de «aficionados a la Nutrición, que aconsejan alimentarse de nutrientes en lugar de invitar seguir una dieta rica y variada». Pone el foco el experto, en este punto, en el nacimiento de aplicaciones que se han hecho tremendamente populares entre la población, que analizan tan solo las calorías de los productos. «Así, el otro día la Yuka, al escanear una botella de aceite de oliva, me dijo que no era demasiado saludable, y sin embargo, para esta app sí lo era una coca-cola light». Para la nutricionista Blanca Couce el problema también radica en la barra libre de suplementos que se encuentran los clientes en tiendas que no tienen asesores especializados. «En los supermercados no hay ningún control, como sí sucede en la farmacia, y así la gente acaba comprándose complejos multivitamínicos para conseguir una dosis extra de energía cuando, precisamente, las vitaminas no dan energía».

La farmacéutica Belén Catrain confirma que lo que más le demandan en su establecimiento es este tipo de complementos. «Viene la gente agotada pidiendo vitaminas cuando la mayoría de veces la solución pasa por alimentarse mejor: comer verduras, pescado, fruta. Pero muchos prefieren refugiarse en unas pastillas». Mantienen ambas expertas que hay picos en los que se demandan más este tipo de productos. «Durante las épocas de exámenes y con los cambios de estación, sobre todo», puntualiza Couce. Además, percibe que los suplementos van pasando por diferentes modas, en función de la publicidad que se ofrece a través de las redes sociales y la televisión. «Ahora está muy en tendencia la espirulina, un suplemento que se obtiene a partir de dos algas al que se le atribuyen linfinidad de propiedades, pero del que no hay una evidencia científica que las avale», explica.

El problema de un abuso descontrolado

Más allá de la altísima demanda de este tipo de complementos, a Manuel Viso le altera el desconocimiento de buena parte de los consumidores de estos suplementos. «Con una dieta variada obtenemos los nutrientes que necesita nuestro cuerpo, no hay que excederse». Recuerda el médico el caso de una paciente que tomaba dos kiwis en el desayuno y, además, un complemento de vitamina C. «No tiene ningún sentido, si con un kiwi ya tendríamos las dosis de esta vitamina que necesitamos». Esta locura, llevada al paroxismo, puede acarrear graves consecuencias. La hipervitaminosis A, que no es otra cosa que consumir vitamina A en exceso, puede provocar molestos síntomas como vómitos, vértigos y náuseas. Y, en último extremo, concreta Viso, problemas graves de visión. 

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