Las engañifas de la publicidad que crean niños gordos

Los expertos alertan de que muchas marcas alimentarias aprovechan la vulnerabilidad de los menores para acercarles productos poco saludables. Acompañar la compra de un regalo o identificar la firma con un personaje popular son prácticas comunes


Son capaces de distinguir las marcas por sus regalos, por los dibujos asociados o por un mundo ideal creado a su alrededor. Los más pequeños de la casa reconocen los productos por las campañas de publicidad que han visto en la televisión o internet, una y otra vez. También en el caso de la alimentación. Y esto no es cuestión menor si se tiene en cuenta, como explica José Manuel Miranda, profesor de la facultad de Nutrición y Dietética de la USC en el campus de Lugo, que por lo general los productos saludables no se publicitan y, si lo hacen, «generalmente se dirigen a los adultos». Esto implica un problema: que poco o nada se está haciendo desde buena parte de la industria por reducir una tasa de obesidad infantil que en España ronda el 10 %. Por si fuera poco, los menores con edades comprendidas entre 3 y 14 años pasan la mayor parte de su ocio frente al televisor: 6,79 horas. Y de la cantidad de tiempo que navegan por la Red, el 60 % lo hace sin supervisión paterna. No se le escapa al lobby alimentario esta situación.

Los primeros años de vida son determinantes para adquirir unos hábitos alimentarios que los más pequeños mantendrán cuando lleguen a la edad adulta. Los profesionales de la salud señalan que el problema reside en la vulnerabilidad de los niños ante estos estímulos. Miranda afirma que «la publicidad es más efectiva en mayores de diez años». Sin embargo, entre los más jóvenes «son más importantes las decisiones que tomen los padre en torno a la comida». A pesar de que sea difícil establecer un dato concreto, Julián Romero, dietista y General Manager en Realfooding explica que gran parte de las campañas de ultraprocesados van dirigidas a menores con una «exposición exacerbada». 

Las consecuencias de este tipo de publicidad son un problema real según Romero, anuncios que aparecen en medios tradicionales como la televisión pero, sobre todo en Internet, con especial hincapié en la plataforma Youtube. Los estímulos visuales que utilizan en las campañas publicitarias hacen que les entren ganas de ingerir alimentos y bebidas, sin sentir hambre. El equipo de Realfooding afirma que el componente visual es el que más influye: «Colores llamativos, dibujos, tipografías de letras grandes o incluso formas llamativas. En otras ocasiones a veces incluyen incluso regalos» para incentivar la compra.

Reclamos confusos

Además, los expertos advierten de que estas conductas alteran sus opciones de consumo, sus hábitos de compra (incluso las peticiones que hacen a sus padres) y sus patrones de alimentación. Y esto puede ser clave para sus progenitores, ya que en muchas ocasiones utilizan reclamos como «mi primera galleta» o «mi primer yogur» para hacerles creer que son productos saludables. Incluso en otras ocasiones, indica Romero, «la propia petición del peque o la presión que muchas veces usa la industria alimentaria para hacer creer `mal padre o mala madre' al progenitor, por no dar su producto a sus hijos, hace que finalmente se realice la compra».

Por otra parte, el profesor universitario comenta cómo consigue la industria colocar sus productos en el comercio: «La técnica del márketing suele jugar con las cuatro P: precio, producto, posición y finalmente la publicidad».  Destaca que el código PAOS, que se encarga de regular la publicidad de alimentos y bebidas dirigida a menores, prohíbe por ejemplo, el uso de personajes con popularidad entre el público infantil «salvo que se utilicen en productos beneficiosos para la salud. Las empresas cambian un poco la composición del producto, añadiéndole algo más de fibra pero manteniendo el resto de componentes nocivos y consiguen saltarse las normas». Es más, impide utilizar a instituciones o asociaciones para validar los ultraprocesados en su publicidad, «pero la industria recurre a las fundaciones». El resultado de la publicidad no solo se materializa en la alimentación, sino que también genera un impacto en el sedentarismo. Julián Romero señala que existen estudios «que relacionan un mayor consumo de televisión u otros dispositivos con pantalla (y publicidad) y mayor porcentaje de grasa y por tanto obesidad en niños».

¿Necesitan los niños dosis extra de azúcar?

Por otro lado, ambos expertos se afanan en desmentir que los niños necesiten dosis extra de azúcar, componente que abunda en buena parte de los productos que se dirigen al público infantil. «Los más pequeñosrequieren hidratos de carbono que, en general, se encuentran en la fruta y en los cereales tradicionales», comenta Miranda.  Romero, por su parte, concluye que «no necesitan más azúcar como nos intentan vender, simplemente basta con basar su alimentación en comida real y complementar con buenos procesados».

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Lucía Cancela / Laura G. del Valle

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