María José Yravedra: «Las bodegas se han convertido en espacios para la cultura y el arte»

El vino es su pasión y se le nota en cada palabra, en cada gesto. Construye emociones entre los bancales de piedra y las terrazas de cepas de la Ribeira Sacra. Su bodega Ronsel do Sil apuesta por los vinos sinceros y la buena arquitectura. Ella es capaz de ver «op-art» en los paisajes del vino.


Un padre ingeniero agrónomo y un marido gallego abrieron el camino para que María José Yravedra, arquitecta de formación, decidiera cambiar de rumbo y convertirse en bodeguera. Una empresa que desde hace 15 años le quita el sueño y le hace soñar.

-¿Cómo se llega desde la arquitectura al vino?

-Nunca me planteé a priori ser bodeguera. El amor por la viticultura y sus paisajes, que recorrí de pequeña con mis padres, y la fusión de mis experiencias sobre arquitectura con los valores culturales del vino, han hecho posible Ronsel do Sil. Después de la publicación de mi libro Arquitectura y cultura del vino y de cursar el máster de Viticultura y Enología en Madrid, surgió hace 15 años la oportunidad de iniciar este proyecto junto a mi marido. Compramos una pequeña bodega en ruinas con una viña centenaria a orillas del cañón del Sil. Así empezamos de manera artesanal a hacer vino y poner en práctica mi pasión por la pureza del vino. Ahora es un sueño hecho realidad que hay que seguir trabajando día a día. Un proyecto en el que se entrecruzan conceptos comunes a la arquitectura y al vino como suelo y clima; soleamiento y estructura; diseño y sostenibilidad, y sobre todo la ilusión de construir emociones entre bancales de piedra y terrazas de cepas. Mies Van der Rohe afirmaba que la arquitectura, el hombre y la naturaleza deberían unirse en una unidad superior y la arquitectura del vino es el paradigma que integra la diversidad de paisajes con sus culturas, cuyas aportaciones técnicas son expresión del clima, el suelo, y de una enología que debe adaptarse a cada región vitivinícola. Estos valores, síntesis entre utilitas, ars y praxis, constituyen una aportación sociocultural de primer orden, al establecer un patrimonio de sinergias entre unos paisajes singulares vitícolas conformados a lo largo de siglos y la enorme complejidad de variedades ancestrales que conjuntamente conforman la cultura del vino.

-¿Cuáles son los valores por lo que se rige su bodega?

-Cuando se proyecta una bodega de vinos sinceros, en su génesis debe prevalecer la filosofía de ensalzar las variedades autóctonas mediante una viticultura y una elaboración con el mínimo intervencionismo. La arquitectura es un medio imprescindible para conseguirlo. Es muy difícil hacer una buena arquitectura para el vino sin entender el proceso de elaboración, desde la viña hasta la copa.

-¿Y las cepas?

-Ribeira Sacra principalmente es Mencía, pero también posee una de las colecciones varietales autóctonas más importantes de Europa de las que sentirse orgullosos y poner en valor.

-¿Es el merenzao su niño bonito?

-Elaborar la variedad merenzao y transmitir su tipicidad de aromas únicos es un reto, y no es fácil, ni en la viña ni en bodega. Dependemos mucho del clima y también de la suerte...

-La bodega puede ser un espacio educador.

-Las bodegas se han convertido en espacios para la cultura y el arte, poniendo en valor el mundo rural. Son espacios desde donde se puede divisar, sentir y abrazar el paisaje del vino con una copa en la mano. Es la casa del vino, de los sentidos, la captación del agua, de la sombra, la luz, del espacio y del tiempo, que forma parte implícita de la cultura del vino.

-¿Cómo se puede animar a los jóvenes a conocer y disfrutar el vino?

-El lenguaje de la cultura del vino debe enseñarse naturalmente a los jóvenes junto a la gastronomía, siempre en compañía de los padres o tutores. La conversación, el disfrute, y la moderación deben estar presentes para disfrutar la evolución del fruto natural. Como dice mi buen amigo y gran escritor Emilio Araúxo, cuando dos personas comparten un vino, «se estrecha el espacio entre ellos»; pero yo añadiría que cuando se bebe en exceso ese espacio estalla y desaparecen los vínculos de amistad. El respeto y la moderación es la forma inteligente de afrontar la vida.

-Relacionar el vino con el «op-art»  es una idea muy rompedora.

-Con motivo de la exposición de la obra de Víctor Vasarely en el Thyssen de Madrid, organizada por la embajada de Hungría en España, me propusieron una ponencia. Considerado el máximo representante del op-art (arte óptico), su uso de los juegos de color y los efectos ópticos, me inspiraron a ver en sus obras los paisajes del vino que recuerdan por su geometría a diferentes zonas vitícolas.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

María José Yravedra: «Las bodegas se han convertido en espacios para la cultura y el arte»