Darwinismo universitario: así han pasado tres jóvenes del táper de mamá a hacer platos (muy) dignos

Empiezan la temporada estival tras un año poniéndose las pilas con los fogones. Tres estudiantes gallegos demuestran que una cocina aceptable también es patrimonio de la Generación Z


Nativos digitales, sabrían descifrar una función de Instagram antes que el propio Mark Zuckerberg. Rastrean por Internet el mayor chollo que soportará sus juergas este verano y utilizan Youtube como si de una enciclopedia postmillennial se tratase: con vídeos que ofrecen la solución a un problema de física hasta aquellos que te ayudan a abrir una botella de vino si has perdido el sacacorchos. Por supuesto, es fuente inagotable de recetas. Se trata de tutoriales que animan a estas criaturitas de la Generación Z recién salidas del cascarón a interesarse por conocer mundo más allá de la pizza congelada o el bote de fideos chinos. Pero puede que ellos por sí solos se basten; pues movimientos con empuje en las redes sociales como el Real Fooding están calando hondo en una estrato de edad que apuesta como ningún otro por la sostenibilidad, el activismo social y la autosuficiencia. 

Seguramente esta inyección de valores haya hecho mella en los jóvenes, que en otras generaciones  tiraban de esa arraigada tradición de vivir de tápers de mamá como método de subsistencia. Además, no nos vamos a engañar, la comida de casa tiende a ser mucho más copiosa y a sustentarse en productos que pueden resultar no del todo atractivos para los más jóvenes (en la actualidad el 8 % de la población es vegetariana, y el porcentaje aumenta en los menores de 30 años). Por otro lado, el bum de los programas de televisión en los que los protagonistas son los fogones, y cocineros como Dabiz Muñoz se veneran como estrellas de rock, motivan a los veinteañeros a crear platos de todo tipo. Así las cosas, tres universitarios gallegos desmontan el mito de que una buena alimentación no va con ellos y que dependen del nido materno, vivan o no en casa. Sin gastarse un dinero que no tienen preparan recetas creativas que ya quisieran para sí los más apañados. Toma nota, porque los platos estrella de estos aspirantes a ingeniero de Caminos, diseñador industrial y periodista van a hacer que te relamas. 

La lasaña de carne del estudiante de Diseño Industrial Miguel García es una oda a la cocina tradicional, que tanto el coruñés como sus compañeros de hogar disfrutan con frecuencia (eso sí, en platos sacados de Cuéntame típicos de un piso de alquiler tirado de precio, y en el salón mientras ven Chernobyl). Laura Garrido, que estudia Comunicación Audiovisual y Periodismo, propone una receta vegana: quinoa con verduras, «un básico en mi dieta que hago muy a menudo por la proteína de la quinoa, a la que le añado las verduras que tengo por la nevera», explica. Iago Soto se inclina por unos burritos, ese clásico mexicano que se ha extendido fuera de las fronteras del país del tequila gracias a que decenas de compañías distribuyen los productos para elaborar fajitas, burritos o quesadillas a un precio más que asequible. Vamos allá.

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