Ramoncín ya no es el rey del pollo frito

Hay vida más allá del sushi y las gyozas: Japón se consagra como el país favorito por los amantes del rebozado para disfrutar de un buen pollo frito: aunque es tradicional comerlo en Navidad, podemos preparar la receta de «karaage» en cualquier momento del año


Muchos de los lectores de Kafka en la orilla no le dieron mayor importancia al concepto pop del Coronel Sanders; sin embargo, el nombre y parecido físico razonabilísimo con el fundador de KFC en la novela de Haruki Murakami tiene más intríngulis del que uno pueda esperar en un país que se jacta de tener una de las dietas más saludables del mundo: plagada de pescados frescos y una huerta variada y exquisita. Hace ya unos años que los turistas que viajan a Japón vuelven sorprendidos por la fiebre y casi obsesión que los japonenes tienen por el pollo frito. Más allá de los futomakis, el ramen o las gyozas, estos rebozados tienen un hueco básico en la alimentación de un país que puede decir a boca llena que tiene la esperanza de vida más alta del mundo. El caso es que cuando quieren relajarse, no toman una sopa de miso calentita, como podría indicar el cliché, sino que son multitud los que acuden las Izakaya para empaparse de fritanga.

Pero no solo eso: el gusto por el pollo frito es tal que desde hace casi cincuenta años un buen número de hogares del país del sol naciente celebra la Navidad disfrutando de un bol de pollo de KFC y un pastel de nata. Este menú, desde luego nada previsible, es casi una tradición en estas fechas (una tradición teniendo en cuenta, eso sí, que la Navidad es una fiesta muy secundaria en Japón). Fue gracias a una efectiva campaña de márketing de los años 70, en la que aparecía el propio Coronel Sanders disfrutando de su rebozado, que desde entonces los días 24 de diciembre las colas en estos restaurantes de comida rápida son infinitas. 

Fue imprescindible para instaurar esta peculiar manera de celebrar la Nochebuena las buenas artes de esta empresa para la publicidad. Sin embargo, el pollo frito ya era un producto más que aclamado. Una pequeña tienda de Nakatsu (en la frontera con la prefectura de Fukuoka), de hecho, atrae cada día a turistas que quieren catar el que es considerado el mejor pollo frito del país. El matrimonio Moriyama es el artífice de esta delicia, que ya se vende en locales de todo Japón. La receta es tan sencilla como exitosa. Se trata de un rebozado sazonado con soja, ajo, jengibre y algún ingrediente que no desean revelar. 

La receta

La receta tradicional de karaage, esta versión de pollo frito nipona, incluye en el marinado (que habremos dejado reposar 30 minutos en la nevera una vez lo tengamos mezclado con el pollo) también algo de sake. Las proporciones son orientativas, y para rebozar los japoneses utilizan fécula de patata o de tapioca. Como ambos ingredientes son difíciles de conseguir en los supermercados españoles, los expertos recomiendan utilizar maicena mezclada con harina de trigo y, claro, freír en abundante y calentísimo aceite vegetal.

Hay un truco infalible que siguen muchos japoneses, y es realizar la doble frutura: una vez tenemos el pollo fuera de la sartén sobre papel absorbente esperamos a que enfríe y volvemos a meterlo en una sartén de aceite hirviendo.

también en sabe bien

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
11 votos
Comentarios

Ramoncín ya no es el rey del pollo frito