¿Por qué el Bloody Mary se llama así?

Abrimos las puertas al fascinante mundo de los cócteles, cómo surgieron, por qué han sido bautizados así y todas las historias que hay detrás de estos afamados combinados que esconden, en la mayoría de los casos, más de una leyenda y mil y una versiones sobre sus orígenes. Pasa y saborea, hoy hay barra libre

Poco se imaginaba María Tudor que acabaría siendo casi más famosa por el nombre de un cóctel que por su sanguinario reinado. Y es que cuando Ferdinand Petoit allá por la década de los 20 inventó en el Harry´s Bar de París este cóctel, que se ha convertido en un auténtico clásico en las barras de todo el mundo, su intenso color rojizo le recordó el mandato de María la Sanguinaria, Bloody Mary, en inglés. De ahí, que la reina católica de Inglaterra que mandó quemar en la hoguera a más de 280 personas a mediados del siglo XVI sea rememorada cada vez que alguien saborea este cóctel tan especial, que es detestado y amado a partes iguales. Si eres un apasionado del zumo de tomate, te encantará. Si no, no podrás ni siquiera pasar del primer trago. Además de vodka y zumo de tomate, el bloody mary lleva también una cucharada de zumo de limón, un chorro de salsa Worcestershire, unas gotas de tabasco, sal y pimienta.

El fascinante mundo de los cócteles nos abre sus puertas para conocer las historias que hay detrás. En algunos casos, hay varias versiones y como en todo, mucha leyenda, como es el caso del Margarita, donde hay quien se lo atribuye al barman Daniel Negrete, en Tehuacán (México) y otros que indican que fue el dueño del Tijuana Rancho La Gloria quien inventó este combinado en 1938 inspirándose en la bailarina Marjorie King, que solo tomaba tequila. En cambio, la versión de Negrete es mucho más romántica. Estaba trabajando este barman en un hotel de la localidad mexicana cuando una de sus clientas, Margarita Orozco, le pidió que le preparara un cóctel que tuviera sal porque siempre que bebía un combinado tenía que pedirla aparte. Fue entonces cuando Daniel exprimió limones, echó tequila y Cointreau en la coctelera y añadió hielo. Luego cogió una copa de champán, le puso limón alrededor del borde y roció la parte húmeda con sal para que quedara pegada como si fuera un collar blanco. Y le dijo: «Aquí tienes tu cóctel». Ella, al probarlo, quedó entusiasmada por su sabor y le preguntó: «¿Cómo se llama?», a lo que él le respondió: «Pues, como tú: Margarita», explicó el propio Daniel en una entrevista que le hicieron en 1982 y que está recogida por Ernesto Aroche en el portal animalgourmet.com.

Mucho más práctica es la historia que rodea la creación del Daiquiri, que recibe el nombre por un pueblo de Cuba conocido por sus minas de hierro. En la década de los 30 trabajaba allí un ingeniero estadounidense de nombre Jenings Cox. Según explica Ismael Labrador, en el portal notesubasalabarra.com, mezclar ron con lima y azúcar era algo que se venía haciendo desde hacía siglos en el Caribe, pero el mérito de Cox fue establecer unas medidas concretas para esta combinación y el mérito de su invitado, el comandante Pagliuchi, ponerle nombre. Se trata de la versión más aceptada, aunque también el Miami Herald publicó en 1937 que el Daiquiri nació en el Venus Bar de Santiago de Cuba. Un local muy frecuentado por norteamericanos y donde se servía esta bebida que era muy popular entre los trabajadores e ingenieros de la mina. Un día, el propio Cox pidió la palabra para decir que había que ponerle nombre al cóctel y como nadie se pronunció, él propuso llamarlo Daiquiri.

La otra versión cuenta la visita del comandante Pagliuchi a las minas para hablar con Cox, según cuenta Jared Brown en Cuba, the legend of rum. Cuando el ingeniero le invitó a tomar un trago, este se disculpó por no tener ginebra a mano y le preparó un cóctel con lo que tenía: ron, azúcar y lima. Después de probarlo, Pagliuchi reconoció que era un trago exquisito y propuso denominarlo Daiquiri.

Dry Martini

No puede faltar el cóctel más famoso del mundo. Asociado a la imagen de James Bond, el espía más atractivo, canalla y mujeriego de la historia del cine, nadie puede resistirse a su sabor y, sobre todo, a su elegancia. Como en casi todos los cócteles, también hay varias teorías sobre el origen de este combinado que lleva vermú extra seco, ginebra -aunque a James Bond le gustaba más con vodka-, un twist de limón -la piel de limón retorcida para perfumar el cóctel- y la clásica aceituna verde atravesada por un palillo. Hay quien relaciona su origen con el de la ginebra, que nació en Holanda, en el siglo XVI, en el laboratorio de la Facultad de Medicina de la universidad de Leiden, al mezclar enebro con aguardiente para fines medicinales. El Gin del doctor Boe consiguió su aceptación internacional como medicina y aguardiente. También hay quien sitúa el origen del Dry Martini en Italia, al mezclar ginebra con vermú. Incluso en Inglaterra, unido al nombre del rifle Martini & Henry, creando un paralelismo con el funcionamiento de este arma utilizada por el ejército británico y el sabor de este cóctel. California también se encuentra entre los lugares posibles de su nacimiento, concretamente la localidad de Martínez, donde un minero rico ofreció una recompensa al mejor cóctel. Julio Rachelieu se alzó con el premio en su bar. Hay otra versión que cuenta que un turista, que se dirigía a la localidad de Martínez, en la bahía de San Francisco, pidió un cóctel y quedó entusiasmado por su sabor, el resto de los presentes preguntó al barman el nombre de este combinado, a lo que él respondió: «Martínez», que pronunciado en inglés suena martini. También en San Francisco, hay quien le atribuye su creación a Jerry Thomas, uno de los cantineros más emblemáticos de las barras norteamericanas, según indica historiacocina.com. Pero otros sitúan el origen de este cóctel en el Nueva York de principios del siglo XX, de la mano del barman del hotel Knickerbocker, Martin di Arma di Taggia, un emigrante italiano que dio con la tecla del trago más glamuroso del mundo. ¡Cuánto nombre con sabor!

El cóctel, ¿antes o después de comer?

PABLO GÓMEZ
Errores Clásicos. El Pisco Sour, el Caruso y el Aperol Spritz son tres ejemplos de cócteles que suelen tomarse justo en situaciones opuestas a las recomendadas por sus características
Errores Clásicos. El Pisco Sour, el Caruso y el Aperol Spritz son tres ejemplos de cócteles que suelen tomarse justo en situaciones opuestas a las recomendadas por sus características

Aperitivo o digestivo, esa es la cuestión. Pocos lo tienen claro y la respuesta es tajante: depende. Cada bebida tiene un contexto. Aprende a diferenciarlos

Es posible que la mayoría de la gente esté bebiendo a destiempo. Así de crudo. Pero que no cunda el pánico. Aún están a tiempo de remediarlo. Siguiendo los consejos de los barmen en Hum!, su paladar y su estómago lo agradecerán. No hay nada como un buen combinado para abrir boca ni para hacer la digestión, pero... ¿cuál elegir en cada momento para que la experiencia sea plena?

«La mayoría de los cócteles clásicos son de aperitivo (Manhattan, Garibaldi, Americano, Bellini, Bloody Mary, Bronx, Negroni... la lista es casi interminable)», avanza Andrés González Quintela, responsable del restaurante la Gastroteca y bartender del hotel Hesperia Centro Coruña, que apunta tres razones: «Cuando nacen los cócteles, entre los siglos XIX y XX, los hábitos sociales eran diferentes y la gente se reunía más durante el día que de noche. Después, en la happy hour anglosajona se servían tragos de alta graduación, secos y aromáticos, acompañados de algo para picar. Y además, existe una explicación física: estos cócteles amargos secos e intensos nos provocan un impacto en la boca que nos hace producir más salivación lo que favorece siempre a abrir el apetito».

Seguir leyendo

Votación
0 votos
Comentarios

¿Por qué el Bloody Mary se llama así?