¿Está el aceite de palma en vías de extinción?

Un 54 % de los españoles asegura que ha reducido o eliminado de su dieta este aceite vegetal que es, junto al azúcar, el enemigo a batir de la alimentación del siglo XXI; ahora bien: ¿sabemos realmente qué productos lo incluyen?


El propósito de enmienda es, sin duda, una buena manera de comenzar a cambiar los hábitos de vida. Sobre todo si se trata de la alimentación, donde las tentaciones se encuentran en cada rincón de la despensa. Por eso, el hecho de que el 54 % de los españoles haya declarado que ha reducido o eliminado de su dieta el aceite de palma es todo un avance. Según el estudio La alimentación consciente (realizado por la consultora GfK), además, el 68 % de los consultados tiene esta grasa vegetal como el gran enemigo a batir, considerándolo el producto más perjudicial para la salud.

Así las cosas queda claro que han ido calado los diferentes mensajes que desde el campo de la nutrición y la medicina han ido lanzando en los últimos años a la sociedad; en contra de las artimañas llevadas a cabo por la industria alimentaria, que hasta hace relativamente poco se permitía el lujo de camuflar el nombre aceite de palma como «aceite vegetal» (llevando a confusión, por ejemplo, con que se tratase de aceite de oliva el ingrediente que incluía ese producto) y todavía, muchas veces, utiliza agresivas técnicas de márketing de dudosa ética. Ahora bien, ¿sabe el grueso de la población que productos llevan aceite de palma? Porque lo cierto es que más allá de los clásicos bollos de las máquinas de vending, la crema de cacao, los snacks naranja fluorescente, las malvadas galletas del desayuno o la margarina, hay otros productos que cuentan entre sus ingredientes con esta bestina negra. De ahí la importancia de echar un vistazo, siempre, a la lista de componentes. 

Los fabricantes aprovechan el competitivo precio de los derivados del fruto Elaeis guineensis, con origen en el continente africano (pero con importantes plantaciones en la actualidad en el suroeste asiático) para abaratar costes allá donde pueden. El hecho de convertir las comidas en hiperpalatables hace el resto (sumado a su capacidad de aportar texturas diferentes: desde la más untuosa a la más crujiente). Es por eso que el mercado está plagado de leches para bebés que incluyen este producto cuyo exceso de grasa saturada resulta nocivo para la salud cardiovascular. También algunas sopas de sobre, barritas de pescado o incluso pastas rellenas incluyen aceite de palma.

Pese a que una normativa europea obligó a las marcas a identificar el aceite de palma en las etiquetas, la web bioguia.net alerta de que hay una ingente cantidad de ingredientes que, probablemente, proceden del aceite de palma y se pueden encontrar tanto en productos alimentarios como en cosmética (aunque en este último caso no implica ningún riesgo para la salud). Son los siguientes

  • Aceite o grasa vegetal (según la reciente legislación europea, ahora hay que indicar el tipo de grasa utilizada. Aún se puede encontrar en productos antiguos)
  • Ácido palmítico, o ácido hexadecanoico
  • Palmitato ascorbilo
  • Ácido esteárico
  • Glicerina
  • Glicerol
  • Sodium Laureth Sulfate
  • Sodium Lauryl Sulfate
  • Palmitoil (o Palmitoyl)
  • Glyceryl Stearate SE
  • Emulgente E472e,
  • Ácido Beta Apocarotenoico)

Pese a la guerra abierta establecida, la Fundación Española del Corazón hace un llamamiento a una cierta la calma. Explica que «el aceite de palma, un producto refinado con un 45 % de ácido palmítico, tiene como característica principal que al refinarlo deja de ser una grasa con propiedades beneficiosas porque pierde los antioxidantes», pero que su consumo «no resulta perjudicial siempre que no superemos los 8 gramos al día. Sin embargo, si se supera esa cantidad incrementa los niveles de colesterol».

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