Los mayores crímenes contra la paella

En el Día Mundial de la Pella, sacamos los colores a las elaboraciones más extravagantes de este plato valenciano, porque hay versiones que convierten este clásico en un tótum revolútum de ingredientes que nada tiene que ver con la versión original


Es el plato español más internacional. Con todo lo que eso acarrea. Aunque la gastronomía pone muchas veces en el mapa puntos geográficos que, de lo contrario, no serían reconocidos por el grueso de los mortales al otro lado del Atlántico, el hecho de que una receta sea mundialmente famosa puede provocar su muerte. Aunque sea de éxito. La paella es el ejemplo más claro de que a más reconocido es un plato, más aberraciones se cometen y, en plena era digital, Instagram es el mejor reflejo de las mutaciones que sufre para acabar convirtiéndose en un completo horror vacui con base de arroz. Pese a la existencia, incluso, de una wikipaella que deja patente los diez ingredientes imprescindibles de este plato (alubia blanca grande, tomate, judía verde plana, pollo, conejo, sal, aceite de oliva, arroz, agua y azafrán), muchos siguen bautizando como paella creaciones que incluyen chorizo (quedará para los anales de la televisión la polémica versión de Jamie Oliver), guisantes, marisco o incluso croquetas y bacon.

Tanto gusta en Estados Unidos este plato, y comienza a estar tan asentado en restaurantes que peinan el país, que hasta tienen un día (el 27 de marzo) en el que celebran el Día Nacional de la Paella Española. Aunque muchos confundan churras con merinas. Eso sí, los errores garrafales no son patrimonio universal de las tierras del tío Sam.

A ojo de buen cubero puede decirse que en esta imagen arroz no se ve demasiado. Por no decir nada. Calabacines, algo que podría ser boniato, trozos de carne y limón ocupan una gran paella (recipiente) en una imagen que se acompaña del hashtag #paella. Podría decirse que el error es de contenido. No de continente.

Todo confunde en esta fotografía. Hasta la etiqueta #paelladenaranja. Mejor no entrar, por si acaso. ¿Una imagen vale más que mil palabras, no? Lo dicho. 

La imagen anterior puede dañar la sensibilidad de muchos valencianos. Pero el mal ya está hecho. De un primer vistazo pueden verse lonchas de chorizo, gambas, berberechos, unas florecillas, judías y mucha salsa de tomate. Lo más inquietante de todo esto es que si uno se fija en los hashtags puede leer la etiqueta #salmonahumado y #patatasbravas. Hay que tener estómago para enfrentarse a este tótum revolútum culinario.

Separar el grano de la paja es tarea complicada en este arroz con cosas (verdes). Pese a que los guisantes son un ingrediente habitual en las paellas de muchas casas, también españolas, lo cierto es que no forma parte de la receta original. Y aunque así fuera, acabar con las reservas de esta legumbre con forma de verdura es egoísta.

¿El jardín de las delicias de El Bosco hecho paella?

Quizás lo más llamativo de esta imagen es que el lugar donde, al parecer, fue tomada la foto es un elegante hotel de la ciudad suiza de Lucerna. No tiene desperdicio: bacon, bolas de queso, tomate crudo, tiras de calabacín o tomate crudo. Un variado curioso para estómagos de hierro.

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