El comensal no debe pagar por esto

Un local de Logroño cobró 30 céntimos más a un cliente por un pollo «muy hecho»; chefs gallegos se oponen, pero defienden suplementos como el de terraza y el de pan


Ni es la primera vez que sucede ni el montante es tan abultado. Pero esto no significa que, a ojos de la mayoría, deje de parecer osado que un restaurante le cobre un suplemento a un cliente por pedir la carne más hecha. Cierto es que implica tiempo, y un gasto en electricidad. Pero del mismo modo es una realidad, como explican las fuentes consultadas para elaborar este reportaje, que atenta contra el sentido común, porque este contratiempo (que ni tan siquiera lo es) forma parte del conjunto de servicios que debe ofrecer la hostelería. Por otro lado, cada uno entiende el punto de la carne a su manera. En este caso, el cliente del local Entrepuentes, en Logroño, consideró que su pollo tex-mex no estaba lo suficientemente cocinado para el disfrute de su paladar. Pidió que se lo pasaran más por la plancha y, en el tique, figuró como un extra de 30 céntimos. Exactamento igual, incluso en el coste, que el suplemento que cobraba un chiringuito de playa en Formentera cuando el comensal pedía la carne «muy pasada». Los clientes se quejaron. Y, en Galicia, los responsables de restaurantes de renombre, avalan la actitud de estos clientes. «Ahí los locales se pasan de la raya».

Con estas palabras Adrián Felípez, cabeza visible del restaurante Miga (A Coruña), se manifiesta totalmente en contra de cobrar este plus por el punto de la carne. Aunque explica que con este tipo de comidas a veces los profesionales tienen que sudar la gota gorda porque los comensales no tienen muy claros los puntos de cocción de la carne. Pero asume que son gajes del oficio. Distinto es, según este chef, «cuando a un solomillo con salsa, por ejemplo, te piden que le añadas unas patatas; esto supone un gasto de energía, tiempo y producto, y tenemos que cobrarlo», sentencia Felípez.

Ahora bien, ¿hay que avisar al cliente de que se le va a cobrar este extra? No es baladí la pregunta si se tiene en cuenta que en Galicia, tierra en la que el pan es un elemento indispensable de la mesa, apenas ningún camarero pregunta si los comensales van a quererlo de acompañante (se da por descontado) y, menos aún, se advierte del coste. «Es verdad que a veces no decimos, en el caso que comentábamos de las patatas, que las vamos a cobrar porque a muchos clientes les parece brusco, pero tendríamos que decirlo. Lo mismo si el cliente protestara: tendría la razón», dice el propietario de Miga. En cuanto al pan, opina, siempre aparece en la carta el precio. «Estamos obligados a ponerlo pero, en nuestro caso, solo cobramos la primera vez que lo servimos en la mesa, con aceite; si reponemos ya no tiene ningún coste».

Tipo Lazarillo de Tormes hay clientes que aprovechan estos reductos de gentileza para sacar tajada. Lo explica Felípez: «Hace una semana dos personas compartieron un plato pero pidieron pan tres veces. Yo no entiendo que vayas a un restaurante a comer pan, pero solo les cobré la primera panera... Por suerte, la mayoría de gente es normal», concluye.

Un tira y afloja

Están de acuerdo Felípez y Jimena Meije, chef del restaurante Mamá Manuela, situado en el centro de Vigo, en entender la hostelería como un conjunto empresarial dedicado a proporcionar ocio. Partiendo, eso sí, de que los clientes saben que, como negocios que son, tienen que ganar dinero. «A mí me parece mal que se cobre por cocinar la carne más, pero es verdad que a veces el cliente hace al camarero salir y entrar veinte veces de la cocina para cambiar el punto; trabajamos para que la gente esté a gusto y tienes que darle al comensal lo que pide, pero también dentro de unos límites», comenta Meije.

Ambos cocineros coinciden en que con otro tipo de suplementos, como salsas, habrá que tratar cada caso como particular. «No es lo mismo que te pidan más ketchup para una hamburguesa que una salsa con langostinos», comenta la responsable de Mamá Manuela. Del mismo modo, aseguran que el cliente debe entender que se cobre un extra por comer en una terraza porque los propios hosteleros tienen que pagar una tasa extra al ayuntamiento por hacer uso de ese espacio «y muchas veces tienes que tener a una persona en exclusiva para que atienda esa parte», comenta Felípez. Apunta, que igual que ocurre con el pan, este suplemento debe estar indicado siempre en la carta.

Las prácticas más sangrantes: cobrar por el uso de mantel o por compartir plato

«En Barcelona algunos restaurantes empiezan a cobrar un extra por comer en los turnos más demandados, el de las 14.30 h. y el de las 22.00 h.. Aquí aún no lo he visto, pero puede empezar a pasar». Lo comenta Adrián Felípez, del restaurante Miga. Esta práctica, aberrante para Miguel López, secretario general de la Unión de Consumidores de Galicia, que asegura «denunciaría si tengo conocimiento de que llega a la comunidad», es prácticamente una minucia si se ponen sobre la mesa situaciones en las que algunos locales han cobrado, casi, por respirar.

El caso del restaurante Sorrento, en Londres, es uno de los más destacados. No solo porque haga rascarse el bolsillo a cada grupo de comensales que quiere compartir, sino porque el precio por pedir «para el centro» cuesta 1,70 euros a cada persona que quiere un plato vacío. Los dueños del establecimiento asumen las críticas. Eso sí, aseguran que van a seguir en esta línea porque, de lo contrario, no les saldrían las cuentas.

Las redes sociales se han convertido en el mejor altavoz para destapar timos y fraudes, y son muchos los que han utilizado su poder para quejarse de la política de este restaurante británico y de otros tantos. No es para menos, pues por Twitter danzan imágenes de tickets en los que aparece el cobro de un suplemento por el servicio de lavandería del mantel (en concreto 3,50 euros) o por entregar una aspirina a un comensal. Al cliente su dolor de cabeza le costó 25 céntimos en un restaurante catalán en el 2015. «No se puede consentir -comenta López-; es como el caso de la carne muy hecha, no nos vamos a encontrar con normas específicas respecto a este tema, pero está claro que se vulneran los derechos del consumidor».

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