El periodista que planteó nuevos retos al albariño

La decisión y el empuje de Roque Durán y sus socios ha permitido convertir Terras de Asorei en un proyecto común para atacar los mercados exteriores sin renunciar a la personalidad propia. Quisieron ser una voz diferente en el Val do Salnés y se han afianzado hasta convertirse en una firma de referencia sin perder de vista sus orígenes y sin renunciar a la condición de viticultores hasta sumar alrededor de sesenta hectáreas


De haberse dejado ir, por aquello de seguir la tradición familiar, el chaval Xosé Ramón Durán Martínez (Roque Durán, Cambados, 1961) tenía muchas papeletas para que el mar fuera su vida. En casa se elaboraba vino y bien podía haber aflorado una incipiente vocación cuando acabó el bachillerato. Pero no. Quería ser periodista. Y lo es, aunque decidió no quedarse ahí. Ver el mundo está bien, contar lo que ocurre también, pero si hay ganas de transformar, de rentabilizar la tierra, que es un capítulo básico para hacer país, es necesario dar algún paso más. Roque vivió en primera persona el nacimiento de la denominación de origen Rías Baixas, saboreó como la mayoría el despegue de un sector que empezaba a salir por el mundo. Brindó por ello, pero no se conformó. Y empezó, igual que hicieron otros, a reivindicar otro albariño. Buena parte de quienes habían mantenido el mito empezaban a distanciarse, conscientemente o no, del rumbo que tomaba un sector, más profesionalizado, más industrial, más empresa, más sólido y con más futuro, naturalmente.

Debutó Roque Durán en 1989 con Vento Mareiro, que era la reivindicación de lo propio, diez mil botellas, fruto del pequeño productor que busca algo diferente con su propia uva. Otros se hubieran conformado. Marca propia, diez mil botellas, calidad, distribución limitada, orgullo y punto. Pero el emprendedor que llevaba dentro, animado por el barniz universitario complementario que había adquirido en dirección de empresa, buscó más allá. Ahí es donde surge el proyecto Terras de Asorei en el 2007.

La unión de distintos productores, tras un proceso de decantación natural, condujo a la actual sociedad, formada por seis cosecheros, que en conjunto aportan sesenta hectáreas al proyecto. Había que salir al mundo y había que salir con criterio, con un producto cuidado y un volumen que permitiera atender la demanda que antes o después iba a tener. Había que ser, insiste este emprendedor que no oculta su admiración a Valentín Paz Andrade, en quien ve la mejor referencia del galleguismo activo y el empresario comprometido, sin olvidar la faceta creativa del periodista.

La vendimia del 2016 es la segunda que hace Terras de Asorei en sus instalaciones de San Martiño de Meis, donde los socios tratan de mantener que por encima de todo son viticultores. Son seis familias, cuentan con sesenta hectáreas, se mueven en torno a las 350.000 botellas por cosecha y en los últimos años, pese a la crisis, han conseguido llegar desde Estados Unidos hasta Japón.

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