La innovadora propuesta de Comando G

Daniel Landi y Fernando García son dos jóvenes enólogos «preferimos que nos llamen viticultores»  que se conocieron  realizando  un máster de viticultura y enología en el año 2005 y decidieron seguir juntos para elaborar solamente vinos de calidad.


En los años 70 y 80, en España era muy popular la serie infantil Comando G, que se emitía por las dos únicas cadenas existentes, la primera y la llamada UHF de TVE. Estos jóvenes enólogos, comprobando  que les unía la misma pasión  por determinado tipo de vino y que buscaban los mismos objetivos, decidieron trabajar conjuntamente. Y como había que darle un nombre a este grupo de trabajo, le llamaron «Comando G», aprovechando el tirón del programa de televisión y porque, en realidad, eran y siguen siendo amantes de la Garnacha, «la mejor uva de la sierra de Gredos para elaborar vino, aunque en otras zonas españolas existen excelentes variedades para conseguir caldos de alta calidad. Para nosotros -explican Dani y Fernando- la idea fundamental es que allí adonde  vamos, trabajamos  acomodándonos  al  clima  y a  la tierra y  siempre con las variedades autóctonas. Hay que viajar mucho para abrir tus horizontes, tus conocimientos  y evitar «el mal del bodeguero», que es limitarse a catar tu vino y no tener otras referencias. Debemos de viajar incluso a sitios  que sean todo lo contrario a lo que tienes en tu propia zona o en tu casa».

¿Viñas viejas?

-Si, los viñedos con muchos años, por su complejidad,  son imprescindibles para elaborar grandes vinos. La producción es menor, pero también de mayor calidad. De ellas surgen vinos especiales y exclusivos.

-Parece que se está volviendo a la elaboración tradicional ¿ cualquier tiempo pasado fue mejor?

-No podemos generalizar, pero si es cierto que, con la segunda  revolución verde en el campo, se ha estandarizado la producción, lo que propició que no haya una diferenciación varietal, zonal ni de añada. Por eso nosotros queremos elaborar vinos de una forma  más artesanal y eso significa que apenas hay máquinas, no se añaden levaduras, ni encimas, ni ningún producto que no venga del propio campo.  La vid siempre la tratamos con productos naturales, que no proceden de síntesis química. No utilizamos sistémicos. Los tratamientos son con infusiones de plantas, como ortigas o manzanilla, evitando ser agresivos con la viña. Pero también tienes que adaptarte a la zona. De cualquier forma, si unos viñedos proceden de  un tratamiento muy industrializado, hay que realizar  el cambio poco a poco. Pero sobre todo es trabajo, con  el labrado en el momento idóneo, las podas en verde, el control de  los suelos y las condiciones climáticas. Nosotros queremos utilizar la mejor parte de  los viejos métodos de elaboración y cultivo, analizando cada parcela, cada  finca, cada variedad, pero sin dar la espalda  a la parte que podemos aprovechar del concepto tecnología, como  analíticas y controles que nos permiten  ser  más precisos en bodega.

-Y con esa filosofía llega a Viña Meín, ¿qué posibilidades tiene O Ribeiro?

-Nosotros ya elaboramos un vino con garnacha blanca  de una pequeña finca que tenemos en El Tamboril, en la sierra de Gredos. Javier Alén nos llamó, nos contó lo que quería conseguir, sopesamos mucho si dar o no este paso y al final estamos muy ilusionados. Trabajar con el propietario es extraordinario, no solamente porque nos da total autonomía, respeta nuestro trabajo y nos da confianza, sino porque llegamos a una zona como es O Ribeiro, realmente privilegiada con  tantas variedades, además del desafío que supone para nosotros el aprendizaje y el conocimiento de una tierra realmente única. Las posibilidades de esta tierra para la producción de los mejores vinos blancos, son infinitas. Tiene viñas extraordinarias, un clima único y  un suelo que parece creado ex profeso para que estos vinos tengan, además de  una larga historia y tradición,  un justo reconocimiento. Nosotros estamos enamorados de O Ribeiro, porque nos sorprende  día a día, al comprobar su gran potencial y las muchas posibilidades que esta tierra tiene para elaborar los mejores blancos del mundo.

-Ya están a punto los primeros vinos de esta nueva etapa de Viña Meín  ¿Cuándo los tendremos en el mercado?

-Muy pronto. Después del verano sacaremos el nuevo Viña Meín Fermentado en Barrica. Lo estamos catando y comprobando y, en muy pocos días, estará a punto para su embotellado. Es un vino de paraje que nos habla del valle del Avia y elaborado con uvas procedentes de viñas de entre 20 y 30 años .Tiene nueve meses de crianza sobre lías y su fermentación se realizó en fudres de 12 hectolitros y barricas de 500 y 600 litros de roble francés. Es un vino muy especial con 50% de Treixadura y otro tanto de Godello, sin clarificar ni estabilizar.

El segundo que saldrá también este año, es el Tega do Sal, nombre que toma de una de las dos  parcelas de las que proceden las uvas. Elaborado con un 75%  de Treixadura,  20% Albariño y 5% Loureira Blanca, nosotros lo definimos como un vino que expresa la opulencia del paraje, la rotundidad y frescura del Ribeiro y sus suelos de granito y la elegancia de las elaboraciones cuidadosas. Su producción será solamente de 2.750 botellas, tiene una crianza en barricas usadas de roble francés y fermentado con levaduras autóctonas. También se embotellará sin estabilizar ni clarificar. Y, por último, dentro de tres o cuatro meses, embotellaremos el Tinto Atlántico,  un vino de parcela procedente de los bancales de Ibedo, que lleva Caíño y Brancellao, al cincuenta por ciento. Elaborado en tinos de roble francés con maceraciones suaves y delicadas, evitando la utilización de bombas y procesos agresivos. Uva con raspón 100%. Levaduras autóctonas. Tiene una crianza de 20 meses en barricas usadas de 500 litros y saldrán al mercado tan solo 1.300 botellas.

Con estos vinos queremos expresar en una botella, lo que es O Ribeiro. Tan fácil decirlo, pero tan difícil conseguirlo.  Que cuando estás disfrutando de una botella, estés probando un poquito de la «G» de Galicia. Para ello nos pasamos muchas horas en el viñedo y el resto tratando de saberlo explicar al consumidor.

-¿Y cómo se presenta la cosecha  de este  2015 en Viña Meín?

-En principio bien. Es un año muy sano y esperamos y deseamos que todo esto no se tuerza en los días de la vendimia. El tipo de suelo y la orientación de las parcelas nos va a permitir  que podamos conseguir grandes cosas.  Nuestro trabajo se va a centrar en esta bodega, porque aunque otros compañeros optan por trabajar en muchos sitios, nosotros abogamos por esta bodega que nos está dando ya muchas satisfacciones.

La Borgoña en la sierra de Gredos

Pero, independientemente de este proyecto con Javier Alén, Daniel y Fernando van a seguir con sus proyectos para dar a conocer las singularidades y la personalidad de cada pueblo de la sierra de Gredos.  Es un proyecto pequeño, de unas 15.000 a 20.000 botellas al año, centrado en la calidad, ya que la cantidad la dictan los viñedos. Su uva es la garnacha, que contrariamente a la imagen habitual, en sus manos tiene una inusual elegancia, en un estilo no del todo ajeno a la Borgoña, una zona que, como a tantos otros, les inspira. Hablamos de viñas viejas que hay que trabajar bastante. «Muchas de ellas necesitan una recuperación pues han estado mal cuidadas. Nosotros empezamos a labrarlas y ahora  producen poca cantidad y no son aptas para grandes producciones, pero si  son la base de vinos de gran calidad».

Impulsores de la asociación Garnachas de Gredos,  trabajan en tres valles que producen vinos de características diferentes abarcando las comunidades autónomas de Madrid, Castilla León y Castilla la Mancha. «Queremos saber hasta dónde podemos llegar con la variedad Garnacha y con el terruño, y por eso recuperamos viñedos extremos en altitud y accesibilidad, intentando alargar los ciclos para conseguir maduraciones más lentas, vinificación con raspón y con extracciones muy suaves, porque nuestra idea es tocar lo menos posible la uva.  Utilizamos fudres de 25 hectolitros y buscamos vinos de región o pueblo, con una gran mineralidad, porque la orientación, la exposición y los suelos determinan el carácter de cada viñedo  de forma individual».

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