Barcelona subirá hasta los 24 euros la tasa a los cruceristas que ya cobra A Coruña y llegará a Vigo

Carlos Punzón
CARLOS PUNZÓN VIGO / LA VOZ

GALICIA

Cruceristas tras desembarcar en el puerto de A Coruña, con un barco de la naviera Carnival al fondo, en una imagen de agosto de este año.
Cruceristas tras desembarcar en el puerto de A Coruña, con un barco de la naviera Carnival al fondo, en una imagen de agosto de este año. Ángel Manso

Valencia, Cannes o Niza optan por poner coto a los barcos de mayor tamaño. «Hay viajeros que no bajan del barco, no pisan suelo español y se les cobra igual», lamenta el presidente de la Autoridad Portuaria olívica

04 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Vigo empezará a cobrar una tasa turística a los pasajeros de los cruceros a partir de julio del 2027, precisamente el año en el que la Autoridad Portuaria espera batir su récord histórico de viajeros y acercarse a los 400.000. A Coruña activó en enero el mismo gravamen a los grandes navíos tras contabilizar el año anterior 465.000 turistas llegados a su puerto. La recaudación tendrá que destinarse a mejorar las zonas de mayor afluencia turística, a reforzar los servicios que se prestan a los visitantes, a conservar y reparar el patrimonio cultural y natural local y a promocionar la ciudad como emplazamiento de turismo de calidad.

Son 1,50 euros por crucerista y serán 1,20 en Vigo, cantidades que Barcelona, la urbe que puso en marcha en el 2012 la tasa turística, advierte que no son suficientes para reparar la huella que dejan los visitantes.

Desincentivar a los cruceristas

El Ayuntamiento de la capital catalana acaba de decidir elevar progresivamente la cuota local que se cobra a cada crucerista: de los 5 euros actuales a 12 el año que viene, 16 al siguiente ejercicio, 20 en el 2029 y 24 ya en el 2030, más los 6 euros con los que grava también el tráfico marítimo la Generalitat. «El objetivo de este incremento es desincentivar este tipo de actividad turística en Barcelona», explica sin reparos el consistorio de la Ciudad Condal que, aún así, espera recaudar 24 millones al año cuando el gravamen llegue a su nivel más alto. «Lo que no queremos es un turismo que no aporta valor a la ciudad», ha reiterado el alcalde de la ciudad, Jaume Collboni, empeñado en «reducir al mínimo el turismo de visitas rápidas».

Barcelona registró el año pasado 16 millones de turistas, pero Valencia vio pasar también a más de 12 millones y no impone una fiscalidad extra a sus visitantes, aunque llegó a aprobarla en el 2022. En su lugar, el Ayuntamiento ha impulsado restricciones para reducir la llegada de megacruceros. No pueden atracar barcos de más de 300 metros de eslora y con ello ha reducido en los primeros ocho meses del 2026 en más de 141.000 cruceristas la avalancha turística llegada por mar, unos 1,6 millones el año pasado. Aun así, para el 2027 espera 287 navíos de pasajeros.

Posibles modelos

Hay tres opciones: el de las ciudades que no imponen ningún tipo de restricción a los hoteles flotantes, el de la tasa turística a los cruceristas o el de la limitación de viajeros, que además de Valencia aplican también los puertos franceses de Niza y Cannes, donde solo se permite la llegada de barcos con menos de mil pasajeros y un tope máximo de 6.000 al día en total.

De las 28 autoridades portuarias que gestionan en España los puertos de interés del Estado, solo seis están obligadas por los ayuntamientos de sus ciudades a cobrar tasas turísticas a los cruceristas, mientras una séptima, Avilés, pretende adoptar un sistema similar.

Barcelona es la plaza más cara y la más antigua. Bilbao se sumará al mismo sistema a partir de enero, con 6 euros por persona, aunque el impacto será relativo, pues su terminal de pasajeros está ubicada en Getxo. En Tarragona emplean dos tarifas: 4,50 euros para los pasajeros que pasen menos de 12 horas en la localidad y 3 euros para los que recalen más de medio día. La tasa en Baleares varía dependiendo de la época del año: 2,20 en temporada alta y 0,55 durante la baja. A Coruña y Vigo se sitúan de momento en la franja más baja con sus respectivos 1,50 y 1,20 euros.

Mayoritariamente, la tasa es entregada a las autoridades portuarias por las navieras, que bien las cobran a sus clientes o las asumen y repercuten en las tarifas de sus camarotes. Lo habitual es que las tasas se eximan en las ciudades donde los cruceros inician o rematan su ruta, pero esa casuística también difiere en los principales puertos de Europa.

En Lisboa y Oporto (en realidad, Matosinhos) la tasa es de 2 euros pero se aplica solo a los turistas que desembarquen. «La ciudad necesita invertir más en áreas fundamentales para su buen funcionamiento, como la limpieza urbana», justificó el alcalde de Lisboa tras la puesta en marcha del gravamen, que no considera que haya disuadido a las navieras de recalar en la capital de Portugal, donde la recaudación a los grandes barcos de pasajeros aporta más de un millón de euros y llegó ocho años más tarde que la impuesta a los hoteles.

Incómodo y contaminante

En la publicación de la normativa de su tasa, el Ayuntamiento de Matosinhos alude a los «efectos negativos» de los cruceros y a las «incomodidades en el funcionamiento normal del puerto que generan los excursionistas». La misma normativa hace mención a la contaminación que generan los motores siempre en funcionamiento de los cruceros para poder asistir a sus sistemas a bordo, y las emisiones que eso provoca, advierte la cámara local. Al sur del país, en el Algarve, la tasa turística solo se repercute en los establecimientos hoteleros y apartamentos.

Venecia, uno de los enclaves más masificados por el turismo de Europa, ha optado por implantar restricciones muy severas al tráfico de cruceros, por peso, tamaño e incluso altura. La tasa turística rige solo para los hoteles, pero quienes lleguen de visita (los cruceristas también) tienen que abonar una tarifa de acceso de 5 euros, aunque la medida está vigente solo 60 días al año.

En Grecia se apela al «turismo sostenible» para cobrar entre 1 y 5 euros, según la época del año, a todos los pasajeros y en todos sus puertos, y el debate sobre la implantación del gravamen a los cruceristas ha prendido ya en otras urbes de Francia, Italia y Reino Unido.

«Hay viajeros que no bajan del barco, no pisan suelo español y se les cobra igual»

«Ahora tenemos que explicarle la tasa turística a todas las navieras con las que ya habíamos cerrado su escala para el próximo año», lamenta Carlos Botana, presidente de la Autoridad Portuaria de Vigo al hablar sobre el gravamen que acaba de entrar en vigor para los hoteles y que en julio lo hará para los barcos de pasajeros que lleguen a la ciudad. La institución que dirige planteó sin éxito un recurso contra la aprobación de la tasa municipal, que duda que disuada a las navieras, al extenderse la misma fiscalidad por los principales puertos. «Pero sí que lo toman como un indicador de que hay un problema con el tráfico de cruceros donde se implanta», avisa.

Botana había pedido al Concello vigués que no aplicara la nueva tasa a los pasajeros que no pernocten en Vigo, como se hace con los llegados en los demás transportes. Comparte postura la Autoridad Portuaria de A Coruña, donde hace dos años que se ha superado la barrera de los 400.000 cruceristas por ejercicio, que sumados a los 200.000 tripulantes, generan un impacto económico anual de más de 40 millones de euros, según sus cálculos. Para que se tenga en cuenta su relevancia, el puerto destaca que a sus muelles llega el 5 % del total de turistas de Galicia.

Apagado de motores

Ante la alerta sobre la contaminación que causan los barcos durante el tiempo que permanecen atracados, la Autoridad coruñesa cuenta con tener en el 2028 un sistema de suministro eléctrico a los cruceros en los muelles de Trasatlánticos y Calvo Sotelo sur, que les permitirá apagar los motores durante sus escalas y evitar emisiones a la atmósfera.

Con todo, el puerto de A Coruña y las consignatarias de la ciudad rechazan la tasa, dado que el 99 % de los buques no pernocta en la ciudad, y su cobro «es discriminatorio» respecto a los viajeros que llegan en avión, tren, autobús o coche y se van el mismo día sin abonar nada. «Es más, hay cruceristas que no bajan del barco, no pisan suelo español y se les aplica la tasa turística igualmente», lamenta la institución, que dice que las navieras han pedido, en todo caso, que la recaudación se destine a introducir mejoras en la atención a los cruceristas en A Coruña.