La Xunta mantiene la alerta por sequía en 32 concellos de Pontevedra y A Coruña pese a las lluvias
GALICIA
Otros 59 municipios de Galicia-Costa y todos los de la demarcación Miño-Sil permanecen en prealerta, pero sin medidas restrictivas
26 ago 2026 . Actualizado a las 20:31 h.Este miércoles ha llovido en toda Galicia, en los últimos días también en varios puntos y se espera que continúe haciéndolo durante los próximos. Sin embargo, pese al aumento puntual de las precipitaciones, la Xunta mantiene la alerta por sequía en 32 municipios de la demarcación Galicia-Costa, hasta poder corroborar que el nivel de agua de los embalses haya subido lo suficiente. Son los mismos concellos que ya estaban en esa situación antes de que volviesen los chubascos. Además, 59 municipios de Pontevedra y A Coruña y todos los de la demarcación Miño-Sil se mantienen en prealerta. En cualquier caso, los datos que ahora mismo están manejando las administraciones para mantener las medidas restrictivas corresponden al 24 de agosto. Hasta que no se realice una nueva medición del estado de los embalses no habrá cambios.
La situación de alerta es el segundo nivel más alto del plan de sequía de la demarcación Galicia-Costa, solo por debajo de la emergencia, e implica medidas restrictivas hasta nuevo aviso en las zonas afectadas. Algunas de ellas son, por ejemplo, la prohibición de llenar piscinas, limpiar las calles con agua a presión o regar jardines.
Esa es la situación en la que están los vecinos de Beariz, Barro, Bueu, O Campo Lameiro, Cangas, Cerdedo Cotobade, A Estrada, Forcarei, A Lama, Marín, Meaño, Meis, Moaña, Moraña, Poio, Pontecaldelas, Pontevedra, Sanxenxo, Silleda y Vilaboa, Arteixo, Cabana de Bergantiños, Carballo, Cerceda, Coristanco, Culleredo, A Laracha, Malpica de Bergantiños, Ponteceso, Tordoia y Zas. Las mismas medidas se aplican en Baiona, pese a que no está oficialmente en aviso por sequía.
En cuanto a aquellos concellos que permanecen en prealerta — nivel tres—, las medidas a tomar son las mismas, solo que en lugar de ser obligatorias son solo recomendaciones. Desde la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, en cuya demarcación todos los concellos están en esa situación, indican que el territorio está en «hipervigilancia». Piden, por tanto, prudencia a los ayuntamientos ante la posibilidad de que las lluvias previstas en los próximos días no sean suficientes para revertir la sequía y la situación se agrave todavía más. «Lo principal es garantizar el abastecimiento a la población», señalan.
Suelo granítico
Enero y febrero fueron dos meses especialmente lluviosos en Galicia y, aún así, hay sequía. La situación se da por una serie de factores que convergen entre sí y que impiden que esa cantidad de agua se mantenga a estas alturas del año. Para empezar, entre el 90 y el 95 % del subsuelo gallego está formado de granito, una piedra que se descompone con mucha dificultad. Eso hace que la capa arenosa de la superficie, que es la que almacena el agua, sea muy delgada y con poca capacidad de retención. A eso hay que sumarle que la red de abastecimiento tiene fugas importantes. Más de un 18% del agua que se suministra se pierde por el camino, según los datos que da el INE.
Más embalses
Pese a que muchos núcleos rurales se abastecen mediante pozos tradicionales, el agua que sale de los grifos de la mayoría de casas gallegas viene de ríos y embalses. Por eso, en este momento, una de las posibles soluciones que la Xunta baraja es la de crear más. Han pasado 25 años desde que se construyó por última vez una presa en la demarcación Galicia-Costa. El debate de si Galicia necesita o no más embalses fue abierto hace una semana por la conselleira de Medio Ambiente, Ángeles Vázquez, en un acto en Oleiros. Sin embargo, confirmó que en este momento no existe ningún proyecto específico en curso.
El director de Aguas de Galicia, Roi Fernández, ya había adelantado días antes esta idea en una entrevista con La Voz, pero matizó la «complejidad» de hacerlo. Una complicación es la propia orografía gallega, con cuencas pequeñas y población dispersa, lo que dificulta encontrar una ubicación adecuada. Además, desde que se tome eventualmente la decisión de construir hasta que las presas estén en funcionamiento puede pasar mucho tiempo, incluso décadas.