La velutina ya coloniza chimeneas, cámaras de ventilación, muros y también anida en el suelo

GALICIA

Un nido de velutina formado dentro de la caseta de un contador (imagen cedida por la Consellería de Presidencia)
Un nido de velutina formado dentro de la caseta de un contador (imagen cedida por la Consellería de Presidencia)

Los expertos destacan la capacidad de adaptación de esta especie y también dicen que empiezan a verse comportamientos defensivos en las abejas

09 ago 2026 . Actualizado a las 10:47 h.

Corría el otoño del año 2012 cuando en el Val Miñor y en A Mariña lucense se documentó la presencia en Galicia de los primeros nidos de velutina, una especie que ya se había detectado dos años antes en España, concretamente en el País Vasco, y que llegaba con el cartel de invasora y peligrosa para la fauna local, especialmente para las abejas. Con dos reinas actuando desde el norte y el sur, la expansión fue más rápida de lo esperado Los primeros avisperos, con aspecto de grandes globos de cartón, comenzaron a verse en ramas altas de árboles situados, sobre todo, en zonas cercanas a ríos, dejados al descubierto por la caída de las hojas. Casi catorce años después, los hogares secundarios de estos enjambres de avispas asiáticas —los primarios, usados por las reinas para poner y cuidar de sus huevos hasta el nacimiento de las obreras, son más pequeños— han colonizado entornos mucho más humanizados.

Chimeneas, muros, bajo tejas, en cámaras de ventilación de las fachadas… Los lugares donde anidan son tremendamente variados. Sin embargo, los expertos no creen que sea un cambio producido en estos años, si no que responde a que hay más nidos y, por lo tanto, es más fácil percibir la adaptabilidad de este insecto. «Desde a súa chegada a Galicia xa se describiron niños baixo tocóns, en muros de pedra, en bloques de formigón ou mesmo a nivel do chan, entre a vexetación. Ata baixo terra, aproveitando cavidades. O que está a acontecer é que hai máis densidade de colonias e, polo tanto, aparecen con máis frecuencia en todo tipo de localización, non é un comportamento novo da especie, senón unha consecuencia da súa expansión», cuenta el investigador Xesús Feás.

Una nidificación construida dentro de una pieza de maquinaria (cedida por la Consellería de Presidencia)
Una nidificación construida dentro de una pieza de maquinaria (cedida por la Consellería de Presidencia)

Esa adaptabilidad es una de las claves de la fortaleza de la velutina. «El éxito de esta especie se basa precisamente en esa enorme plasticidad ecológica, no depende de un único hábitat para nidificar, sino que aprovecha cualquier lugar que le ofrezca protección, es una de las razones por las que ha colonizado Galicia con tanta rapidez y facilidad», argumenta María Shantal Rodríguez Flores, investigadora de la Universidade de Vigo. Esto también la hace más peligrosa para los humanos, porque se multiplican los lugares donde es posible encontrársela.

De la costa a la montaña

De los dos nidos aparecidos en el 2012 se pasó a casi 30.000 en solo cinco años. Además, desde que en el 2020 la Xunta puso en marcha un sistema centralizado de retirada de avisperos, y hasta finales de este pasado mes de julio, ese servicio desactivó más de 155.000. Y lo hizo por toda Galicia. La avispa asiática se ha adaptado a todo tipo de condiciones, sorprendiendo a los científicos, tal y como explica Ana Diéguez, investigadora postdoctoral de la Xunta: «Ao principio parecía que lle prestaba o clima da costa con temperaturas suaves, que nidificaba preto de sitios con auga, que buscaba pouca altitude sobre o nivel do mar... Pero agora hai niños en Manzaneda, en Pena Trevinca... Este ano ata está a dar moitos problemas en Aragón, un territorio con invernos durísimos e veráns moi calorosos. Non está claro qué condicións esixe, é unha especie moi flexible, espectacularmente adaptativa».

Un nido de avispa asiática en el suelo, entre vegetación, lo que resulta especialmente peligroso en labores agrícolas como el desbroce (cedida por la Consellería de Presidencia)
Un nido de avispa asiática en el suelo, entre vegetación, lo que resulta especialmente peligroso en labores agrícolas como el desbroce (cedida por la Consellería de Presidencia) Consellería de Presidencia

Diéguez, que realizó su tesis sobre este insecto, ha llegado a encontrar nidos de velutina dentro de colmenas de abejas. Su investigación también la llevó a ver a los primeros ejemplares merodeando los colmenares en abril, y a los últimos en el febrero siguiente, es decir, diez meses de presión sobre las melíferas. «Tienen un ciclo muy flexible que responde rápido a las condiciones ambientales y meteorológicas, desplazando en el tiempo el desarrollo de las colonias y los picos de presión», dice Rodríguez Flores.

«Nun traballo que publicamos no 2019 demostramos que moitos niños en febreiro aínda albergan unha poboación importante, incluído un número relevante de futuras raíñas, polo que a retirada destes niños tamén pode contribuír a reducir a poboación da tempada seguinte», añade Feás.

Cuestiones como estas hacen que sea necesario ir adaptando las técnicas de lucha y control de la velutina a cada zona concreta y también a las condiciones meteorológicas de cada temporada.

La especie depredada también se adapta: se registran comportamientos defensivos entre las abejas gallegas

Aunque a menos velocidad, la abeja autóctona también se adapta a la presencia de su depredadora. Apicultores y científicos han detectado ya comportamientos defensivos en algunas colmenas, especialmente en las más fuertes y con más población. Una buena cantidad de abejas salen a la piquera de la colmena —el acceso principal— y forman una especie de alfombra o «barba» que, al tiempo que defiende la entrada, sirve de distracción para que otras compañeras salgan en busca de alimento, trazando trayectorias que dificulten que la velutina las alcance y usando diferentes salidas y entradas.

Abejas formando una «barba» defensiva en la piquera de la colmena para evitar ataques de la avispa velutina
Abejas formando una «barba» defensiva en la piquera de la colmena para evitar ataques de la avispa velutina

Ana Diéguez también ha comprobado que en algunos casos, si se les arroja una avispa asiática muerta o muy debilitada, la rodean para intentar acabar con ella. Un comportamiento en cierto modo similar al que tienen las Apis Cerana, las abejas que en Asia suelen convivir con la velutina, que cuando la depredadora se lanza hacia ellas la rodean y aletean furiosas formando lo que se conoce como bola de calor, en cuyo interior se pueden alcanzar los 46 grados.

Por su parte, María Shantal Rodríguez ha observado que si una o dos velutinas entran a la colmena, las abejas son capaces de enfrentarse a ellas y eliminarlas. El problema, explica esta experta, se da cuando la presión de la avispa es muy intensa, con varios ejemplares haciendo guarda continua delante de la colmena. Ante ese peligro, no es raro que las abejas opten por no salir, lo que hace que se reduzca el alimento que llega a la comunidad: «Entran en un estado de confinamiento para evitar ser capturadas, pero eso tiene un coste muy elevado: dejan de recoger néctar, polen y agua, y la colonia se debilita progresivamente; en muchos casos, no consiguen reunir suficientes reservas para superar el invierno o hacer frente a otros factores de estrés, como el parásito varroa».

Si bien los avances de las abejas aún no permiten hacer frente con efectividad a la creciente presencia de velutina, Ana Diéguez está inmersa en una investigación para tratar de conocer por qué algunas colmenas desarrollan este tipo de comportamientos defensivos más agresivos, e incluso si sería posible seleccionar insectos que reprodujeran esta característica.