La Guardia Civil requisa en dos operaciones en el Atlántico una cantidad nunca vista de cocaína: 41 toneladas con destino a España

Javier Romero Doniz
JAVIER ROMERO VIGO / LA VOZ

GALICIA

El mercante Arconian, de Sierra Leona, además de 30 toneladas de cocaína, transportaba miles de litros de combustible en petacas para entregar, junto a su parte del alijo, a cada narcolancha para regresar a la Península; la Guardia Civil, en otra operación de cooperación internacional en el Atlántico, requisó otros 11.000 kilos de la misma droga en los últimos días

13 may 2026 . Actualizado a las 12:27 h.

La guerra contra el narcotráfico se libra desde hace tiempo en mar abierto, lejos de las costas, en una batalla sin cuartel que acaba de marcar un antes y un después en la historia policial europea. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha oficializado un «contundente y decisivo avance estratégico» que traslada la presión policial al corazón de las rutas marinas atlánticas. Mediante un complejo engranaje de cooperación internacional que ha involucrado a Estados Unidos, Italia, Portugal y Reino Unido, las fuerzas de seguridad han asestado un doble y letal golpe al crimen organizado transnacional: las operaciones Alfa-Lima y Abisal.

El verdadero golpe maestro, el que pasará a los anales de la historia criminal, estaba por llegar con la operación Abisal. En el centro de la diana de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil se encontraba la peligrosa Mocro Maffia, que pretendía inundar Europa utilizando un buque portacontenedores que había partido de África Occidental. El 1 de mayo, al sur de Canarias, un espectacular dispositivo de asalto integrado por la Unidad Especial de Intervención (UEI) y otros servicios marítimos y aéreos abordó el buque Arconian.

En sus entrañas albergaba la mayor aprehensión de cocaína jamás registrada en un solo barco: 30.215 kilos distribuidos en 1.279 fardos. La mercancía tenía como destino único España, y se la iban a repartir diferentes organizaciones del país. El plan consistía en salir al Atlántico con una flota de planeadoras para repartirse los fardos, recoger combustible para regresar a la Peninsula, y distribuir la droga por Europa.

El abordaje fue de una tensión extrema. El cargamento no viajaba solo; estaba custodiado por un escuadrón de seis mercenarios armados con fusiles de asalto MP4 y pistolas Glock, dispuestos a abrir fuego para evitar robos de organizaciones rivales y garantizar la entrega de la droga. Una vez que los agentes de asalto lograron asegurar el buque y neutralizar a la guardia armada, la inspección reveló la magnitud de la empresa criminal: el pasillo de babor del barco, de proa a popa, estaba atestado de fardos de cocaína.

Como espejo logístico, el pasillo gemelo de estribor escondía un auténtico polvorín flotante con más de 42.000 litros de gasolina en 2.108 garrafas, destinados a abastecer a las lanchas de recogida. La operación se ha cerrado con 23 detenidos en total, todos ellos ya ingresados en prisión por orden de la Audiencia Nacional, cerrando así uno de los capítulos más oscuros y formidables de la lucha contra el narcotráfico internacional.

Segundo acto

La operación bautizada como Alfa-Lima convirtió las aguas y costas del sur de España en un auténtico tablero de ajedrez táctico entre el 13 y el 26 de abril. Con un despliegue sin precedentes que incluyó diez medios navales y apoyo aéreo tripulado y no tripulado, la Guardia Civil, la Armada y Vigilancia Aduanera lideraron una ofensiva coordinada por agencias de inteligencia de todo el mundo, desde la DEA hasta Europol. El resultado es abrumador: 54 detenidos y la incautación de casi 11.000 kilos de cocaína (exactamente 10.906), cerca de 8.500 kilos de hachís y casi 30.000 litros de gasolina, además de la intervención de 18 embarcaciones.

La crónica de aquellos trece días es un relato de persecuciones y abordajes diarios. El primer gran impacto llegó gracias al aviso de un avión de la Guardia de Finanza italiana, que permitió a la Guardia Civil interceptar en pleno Atlántico una embarcación de alta velocidad rumbo a Canarias, saldándose con tres detenidos y 4,2 toneladas de cocaína. La presión no dio tregua a las redes logísticas: dos días después caían cinco narcotraficantes en dos narcolanchas con 3.000 kilos de polvo blanco, mientras que en Cádiz se neutralizaba un camión cisterna cargado con 5.000 litros de combustible, cortando el grifo del suministro a las mafias.

El cerco se estrechó implacablemente sobre el litoral andaluz. En la costa de Huelva y Almería, las fuerzas del orden fueron neutralizando «guarderías» flotantes de combustible y acorralando embarcaciones en plenas maniobras de repostaje. La tensión alcanzó su punto álgido durante la novena jornada de madrugada, con la interceptación en alta mar de más de tres toneladas de hachís. Días más tarde, la presión policial forzó a los siete tripulantes de una narcolancha a arrojar desesperadamente 1.710 kilos de cocaína al mar durante una persecución, aunque finalmente la embarcación fue neutralizada y, en operaciones paralelas, se lograron recuperar 4,6 toneladas de hachís frente a Punta Umbría.