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Si la pregunta es si se está agotando el tirón del Camino, la respuesta es no. El problema radica en no haber sabido vender que la ciudad es más que el Obradoiro
02 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.No pinta bien para la ciudad de Santiago. Parece que los números positivos de visitantes, turistas y peregrinos son cosas del pasado y no acompañan el discurrir de los días. La pregunta es si se está agotando el tirón del Camino, la auténtica autopista promocional de Compostela y de Galicia. La respuesta es no, y todo apunta a que los extranjeros van a ser más que en el año 2025 (pero menos que en el 2027). Los de otros países no aman especialmente los años santos.
El problema no radica ahí, sino en no haber sabido vender que la ciudad es más que la plaza del Obradoiro, la Catedral y, como complemento, media docena de calles. La evidente, cegata e injusta marginación del Ensanche —a pesar del enorme esfuerzo durante años de un pequeño puñado de empresarios con visión de futuro, con Chema Fernández a la cabeza— permite aplicar tristemente que aquellos polvos trajeron estos lodos. Hay tiempo, pero poco, para cambiar esa dinámica, y la principal responsabilidad es del Concello de Santiago; y la de Turismo de Galicia, escuchar y actuar codo con codo con los representantes locales con el fin de frenar la caída de la ciudad más emblemática de este país.
Ya no hay carreras
Mientras, los llamados albergues de acogida tradicional —¡con los setenta y siete de la Xunta de Galicia excluidos, incomprensiblemente!— han tenido la ocurrencia de decir que hay carreras para conseguir una litera donde dormir y que deben actuar en consecuencia. Carreras sí las hubo, muy cierto, pero excepto media docena de días al año ya no las hay. La oferta privada —una oferta más que nunca será competencia, sino siempre complemento— ha acabado con eso.
Lo que sucede es que algunos de los que gestionan los albergues de acogida tradicional —auténticas instituciones que procede mantener a toda costa— siguen pensando que son los ungidos para mantener en el siglo XXI el espíritu tradicional del Camino. Que, incluso a costa de repetirlo una y cien veces, hay que mantener a toda costa.