El primer Avril que salió de Galicia llegó a Madrid con más de dos horas de retraso por una avería en Ourense y tuvo que ser remolcado por un Alvia

Pablo González
pablo gonzález REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

Marcos Míguez

El tren sufrió una falta de tensión eléctrica debida a una avería en el pantógrafo. «Llevamos mucho tiempo peleando por este tren», aseguran los primeros usuarios que cogieron el AVE en Vigo, decepcionados por un estreno accidentado. Finalmente llegó a Madrid pasadas las cuatro de la tarde, cuando debería haberlo hecho a la una y media

22 may 2024 . Actualizado a las 17:01 h.

El primer AVE de la serie 106 de Renfe (los trenes Avril) que parte de una estación gallega salió con puntualidad de la terminal viguesa de Urzaiz, a las 9.28 horas, pero nadie podía aventurar que el primer viaje se iba a complicar antes de la estación de Ourense, cuando el convoy se quedó parado sin alimentación eléctrica, probablemente por lo que parecía un problema en la red de electrificación, que es competencia del ADIF. Poco después fuentes del administrador ferroviario explicaron que comprobaron la tensión de la red y no había problema, por lo que consideran que la avería podría estar en el pantógrafo del Avril, el elemento que conecta con la línea aérea de contacto de la catenaria. Finalmente llegó a Madrid doce minutos antes de las cuatro de la tarde, cuando debería haberlo hecho a las 13.34 horas.

Casi una hora antes de la salida había ya gente esperando en el vestíbulo del centro Vialia, como Tamara y Arguiñe. Tamara se lanzó en su momento a por la oferta de 18 euros y asegura que, con estos precios, no hay duda: «Prefiero el tren al avión. Te deja en el centro de la ciudad y en los aeropuertos se pierden mucho tiempo en los controles», asegura. Eso sí, es consciente de que los tiempos de viaje, en el entorno de cuatro horas en este tren que parte de Vigo, todavía no son los definitivos y que irán mejorando con la consolidación del servicio para quedarse en algo más de tres horas y media. «Ya vi que es algo más lento que el Alvia más rápido», dice, aunque no le quita la ilusión por estrenar un tren largamente esperado. En cualquier caso, ambas tienen claro que será el precio lo que determine finalmente si viajarán en tren o en avión. Unas tarifas que cambian día a día dependiendo de la disponibilidad de plazas. Pero son jóvenes y están acostumbradas a buscar ofertas en la web.

Poco antes de la salida, el maquinista realiza los últimos preparativos para iniciar su primer viaje comercial después de los recorridos de formación que tuvo que realizar en los últimos meses. Se llama Paco, y es evidente que está ilusionado con este primer trayecto, así que acepta que le fotografíen en la puerta de la cabeza motriz. Cada tren es un mundo y el Avril, aún más. En el exterior de la cabina está rotulada la velocidad máxima a la que puede circular, 330 km/h a los que no podrá llegar en todo el recorrido entre Vigo y Madrid, pues la velocidad máxima en la red española está fijada por el momento en 300. En el eje atlántico ni siquiera puede alcanzar ese registro. Entre Vilagarcía y Pontevedra circula a algo más de 200 por hora, pero no podrá superarlos hasta llegar al tramo Santiago-Ourense. En la pantalla táctil de cada asiento o grupo de mesas se puede consultar la velocidad, el lugar del mapa en el que se encuentra el tren, del que también hay un plano. En la pantalla hay todo tipo de entretenimientos de la plataforma Play Renfe, desde películas a videojuegos.

El primer AVE que sale de Vigo va con una ocupación relevante, pero se llena casi del todo después de parar en Pontevedra, Vilagarcía y, sobre todo, Santiago. El olor a nuevo llena cada esquina del tren, tanto en la zona confort, con filas de cuatro asientos y butacas de mayor calidad, como en la zona estándar, donde se aprovecha la mayor anchura del tren para poner una butaca más, en filas de dos y tres.

Antes de subir y probar estas sensaciones, Benito e Isabel, un matrimonio de Vigo, solo esperan que el viaje sea «maravilloso». «Con el AVE se va a acabar el avión. Llevamos mucho tiempo peleando por este tren», dice con un convencimiento admirable, el que tiene alguien que prefiere el ferrocarril al avión. Era el optimismo previo al retraso de más de dos horas que causó la avería en el pantógrafo del AVE S-106.

El interventor del tren anda preocupado. Una mujer se llevó las llaves de su casa e intentarán por todos los medios devolvérselas a su marido. Su papel en el tren no es solo revisar la ocupación de plazas -ahora totalmente digitalizado-, sino solucionar cualquier problema de cualquier pasajero. Los problemas de este viaje son los lógicos de un estreno. En un coche no funcionaban los enchufes y la megafonía interna tenía demasiados ecos, tal vez porque estaba muy alta. Pero lo más grave iba a llegar después, en Ourense. Ahí el interventor tuvo muchísimo trabajo y el sudor, cuando se apagó el aire acondicionado, empezaba a percibirse en su rostro.

La parada en Santiago se prolonga más que las de Pontevedra y Vilagarcía, algo más de los cinco minutos estipulados. Hay mucha gente esperando en el andén, muchos de ellos peregrinos que retornan después de hacer el Camino. El acceso de gente con equipajes pesados explica el amplio margen de parada y todos estos aspectos sumados dan cuenta del tiempo de viaje del tren. Llegó a las 10.26, con tres minutos de adelanto y salió con seis de retraso por la tardanza de los viajeros en pasar por el control de equipajes. Pero hay margen de sobra para recuperarlos a lo largo del trayecto que queda.  

Uno de estos mochileros cuenta que viene de hacer el Camino de Invierno. «Muy duro», dictamina sobre su experiencia. El tren parte de Santiago prácticamente lleno y apenas quedarán plazas cuando salga de Ourense. Es entre Santiago y la estación ourensana cuando el tren alcanza los 300 kilómetros por hora, la principal diferencia con los trenes Alvia que solo pueden llegar a los 250. El paisaje, con brumas que parecen invernales, se convierte en una película acelerada que se funde en negro intermitentemente al atravesar los numerosos túneles.

Antes de la llegada a Ourense, el tren se para muy cerca de la estación sin saber por qué. Son las 11.09 horas. No hay alimentación eléctrica. Poco después informan en megafonía de que se trata de un incidente técnico. El cabreo y la incertidumbre empiezan a ser patentes en parte de los cerca de 500 viajeros, sobre todo los que están pendientes de otros enlaces. A las 11.50 horas el tren aún no había reiniciado la marcha. Cuando se cumple una hora de la parada, anuncian que el tren va a ser remolcado hasta la estación de Ourense para después reiniciar la marcha. Poco después, el convoy empieza a moverse lentamente. Aunque minutos después se volvió a parar. A las 12.37 horas reanudó la marcha remolcado por un Alvia, paradójicamente el modelo de tren que va a sustituir la serie 106 en Galicia.

Las causas de la avería no están claras. Aunque fuentes del ADIF apuntaron al pantógrafo del tren, un Alvia que salió antes desde A Coruña estuvo dos horas parado en el mismo sitio, en la entrada de la estación Ourensana, aparentemente por un problema de señalización. Más adelante otras fuentes aseguraron que ambas averías no estaban relacionadas, pues la primera fue resuelta en su momento. Al parecer el origen del problema está en el pantógrafo del Avril para 3.000 voltios, que se averió en un pequeño tramo con esta tensión a la entrada de Ourense. Los de 25.000, para alta velocidad, funcionaban, por lo que en teoría el AVE podía seguir su trayecto entre Taboadela y Madrid con normalidad. Solo hay cuatro kilómetros con esta tensión en todo el recorrido, lo que agudiza esa sensación generalizada de la mala suerte de este estreno.

El hartazgo de la gente iba en aumento a medida que pasaba el tiempo. Para complicar aún más las cosas, los servicios no funcionaban al carecer de energía eléctrica. Los viajeros con enlaces eran los que estaban más nerviosos. Mabela Casal, por ejemplo, tenía que coger sobre las tres de la tarde un tren con destino Jaén. «Si viera que el tren se mueve estaría más tranquila, porque llegaría a tiempo, pero aquí no se mueve nada», asegura. El tren volvió a pararse en la antigua estación de San Francisco cuando ya se cumplían dos horas de retraso. A las 13.24 horas reanudó la marcha desde la estación ourensana de San Francisco ya sin remolque. Mabela se bajó en Zamora. Ya no le merecía la pena ir a Jaén porque no llegaba a tiempo al evento relacionado con su trabajo al que iba.

Algo parecido les pasó a Antonio Paredes y a su mujer, Elena Alonso. Antonio fue durante muchos años jefe de la estación de Vigo, aunque también trabajó en el País Vasco. Tenía un enlace para ir en AVE a Barcelona desde Atocha. Lo perdieron, pero Renfe les buscó sitio en otro. Pese a ser ferroviario jubilado, no escogió viajar en el Avril para ser parte del estreno. «Fue por casualidad, era la frecuencia que nos venía mejor», dijo.

Los miembros de la tripulación de Renfe hicieron lo que pudieron para compensar los perjuicios del retraso y un estreno que terminó siendo un poco amargo. Repartieron bebidas entre los viajeros y atendieron las peticiones de recolocación para otros destinos, con mucha paciencia porque el tren lleva el doble de gente que los Alvia. Renfe les devolverá el precio íntegro del billete. En la conexión con Asturias también se produjeron demoras en las primeras circulaciones de los AVE de la serie 106, pero la más larga fue de 25 minutos. El Avril que partió de Vigo a las 9.28 horas arrastraba 133 minutos de retraso y finalmente llegó a Chamartín poco antes de las cuatro de la tarde. La sensación fue similar a cuando te invitan a una fiesta que finalmente se suspende. 

Lo viajeros, una vez que se vieron en Chamartín, fueron modulando su cabreo inicial. Antonio, un comandante de Iberia que esta misma noche pilotará un avión hacia Buenos Aires, es comprensivo. «Estas cosas pasan, sobre todo al principio», asegura. Sus dudas van más hacia la composición de los asientos del tren en clase estándar (turista). «Creo que van a tener que cambiarlo con el tiempo. Es muy incómodo para el que va en el centro y estamos hablando de un AVE, con precios AVE. En el Avlo [bajo coste] es otra historia», dice. Un portavoz de Renfe, por su parte, incidía en esa sensación de mala suerte. «Hoy se pusieron en marcha 22 circulaciones de trenes Avril, tanto en AVE como en Avlo, y el único problema relevante fue en el primero que salió de Galicia». A ver qué pasa los próximos días. Si siguen las incidencias pueden derivar en una nueva tormenta política. Desde la Xunta ya se insinuaba ayer que, pese al retraso de casi tres años para la puesta en servicio de los Avril, tal vez las pruebas de fiabilidad no se hicieron como aconsejaban los técnicos de Renfe. «Se, como parece, responde a un problema no pantógrafo, confírmase que, unha vez máis, o Goberno deu máis prioridade aos seus plans políticos que as recomendacións da empresa Renfe que dicían que eran necesarias máis probas técnicas para confirmar a fiabilidade dos trens», explicaron fuentes del Gobierno gallego.  En Renfe negaron ayer esta posibilidad y se refirieron al retraso de 133 minutos como una incidencia puntual. El tren Madrid-A Coruña sufrió un retraso más modesto, de 20 minutos, y el Madrid-Vigo de la tarde, 11 minutos.