De un colegio de Aspronaga a la Formación Profesional: un modelo pionero en Galicia

Sara Carreira Piñeiro
Sara Carreira A CORUÑA / LA VOZ

GALICIA

Las alumnas del CEE Nuestra Señora de Lourdes asisten dos días a la semana a clase en el CIFP Paseo das Pontes, ambos en A Coruña
Las alumnas del CEE Nuestra Señora de Lourdes asisten dos días a la semana a clase en el CIFP Paseo das Pontes, ambos en A Coruña CESAR QUIAN

Seis alumnas de ese centro de educación especial reciben formación práctica en un instituto para obtener una certificación profesional de panadería

14 nov 2022 . Actualizado a las 14:41 h.

Flopi no le quita ojo a la sartén para tortitas en la que acaba de verter una mezcla recién hecha. Veli Amado, la profesora de cocina, está a su lado comprobando que todo va bien. Cuando salen burbujas en la masa es el momento, y entonces Flopi, sin que nadie le diga nada, da la vuelta al dulce con la espátula y pregunta a su maestra: «¿Cuántas tengo que hacer?», «Cinco —le responde Veli— y hasta que las acabes no podéis salir al descanso, que os las vais a llevar para merendar». Flopi cuenta, solo tiene tres listas, así que vuelve a repetir la operación, impertérrita.

Esta jornada toca hacer tortitas americanas, orejas, flores de carnaval y huesos de difuntos en el CIFP (un instituto que solo da FP) Paseo das Pontes, en A Coruña. Pero Flopi no es una alumna más del CIFP. Ella está matriculada en el centro de educación especial concertado Nuestra Señora de Lourdes, de Aspronaga, y cada jueves y viernes acude con otras cinco compañeras al instituto para sacarse el certificado profesional de operaciones básicas de panadería y bollería nivel 2.

Programa pionero

Este es un plan piloto, diseñado y puesto en marcha por el impulso de tres personas: Veli Amado, Rubén Mateos (director del Nuestra Señora de Lourdes) y el inspector hoy jubilado Félix Perujo. Los tres decidieron aprovechar los vacíos legales, romper los estereotipos y darle a los alumnos del centro de educación especial una formación que los haga aptos para trabajar en una empresa, fuera de la protección de Aspronaga. La experiencia es tan buena para todos que el año que viene el colegio empezará otro programa similar en el CIFP Someso, en este caso en el sector de la madera.

Veli Amado es clara sobre su motivación en este proyecto: «Soy la madre de un chico con discapacidad y me hubiera gustado que mi hijo hubiese tenido esta oportunidad», dice mientras guía el trabajo de Uxía, Victoria, Susi y Carla, el grupo que junto con Flopi y Nikita se forman en el Paseo das Pontes. Todas van encantadas al instituto y una de las profesoras, Rebeca, reconoce que el ambiente es inmejorable: «O mellor é que rematamos a clase e saímos contentas. Satisfacción é a palabra, porque con estas rapazas non hai nunca un problema, din que si a todo». Son, recalca también Nuria, la profesora de Aspronaga que las acompaña en esta aventura de FP, «muy trabajadoras».

Mientras, ellas se ríen. Flopi asegura que «cocinar es fácil» y Carla está encantada aprendiendo recetas que después aplica en casa y que le salen muy bien, según le dicen. Cuando están ellas en la sala siempre reina el buen humor, incluso a la hora de fregar: a Uxía le gusta tanto que a veces tienen que ir las profesoras a decirle que pare.

Sin sobreprotección

En esta sesión están solo las alumnas del centro de educación especial, porque sus compañeros habituales, los del ciclo medio de Cociña e Gastronomía, se han ido a una jornada en Pontevedra. «Antes de empezar les dimos una miniformación a los estudiantes —apunta Rubén Mateos— para que no protegiesen en exceso a sus compañeras de Aspronaga». Y lo cierto es que la relación entre unos y otros es «totalmente natural», añade.

La certificación para la que se preparan estas alumnas tan especiales tuvo previamente una parte teórica. Sus profesores en Nuestra Señora de Lourdes diseñaron un programa de aprendizaje específico y el resultado no pudo ser mejor: «La que menos nota sacó en el examen fue un 8,5, y no era una prueba adaptada», reconoce con orgullo Mateos, aunque también apunta que «si hubiesen suspendido no habría pasado nada, suspende todo tipo de alumnado».

El siguiente reto es para estas alumnas la formación en centros de trabajo. Emprenderán las prácticas, como cualquiera, con esperanza: «¿Qué me gustaría? —se pregunta Flopi— hacer pasteles y conseguir un trabajo».

 

Más flexibilidad para una verdadera inclusión laboral

¿Por qué es tan extraño que seis alumnas con discapacidad intelectual se formen en un centro de FP? La inclusión en la escuela gallega es una realidad desde hace muchos años y hay casos, como el de las personas con síndrome de Down, que tienen una presencia importante en la sociedad. Pero formarse para trabajar ya es algo diferente.

«En nuestro centro —pone como ejemplo Rubén Mateos— tenemos 47 alumnos, y de estos un 10% tiene grandes necesidades de apoyo, y otro 10% puede salir al mundo laboral sin un programa específico. Pero en medio está el 80% restante». ¿Qué se hace con ellos? Estos alumnos suelen llegar al centro de educación especial en secundaria, cuando su rendimiento académico los aleja cada vez más de sus compañeros, y están en estos centros hasta los 21 años como máximo. ¿Y después? Acaban yendo a un centro ocupacional. Y ya está.

No tienen formación profesional propia. Existen los programas formativos básicos (PFB), que es el camino previo a la FP básica, a partir de la que podrían entrar en el mundo laboral, pero tienen truco: si el estudiante termina el PFB con más de 17 años, ya no puede hacer un ciclo básico, con lo cual la puerta se le ha cerrado por ese camino. ¿Y trabajar directamente? Necesitan un mínimo de cualificación laboral, porque en sí tienen una ventaja importante a su favor: no necesitan contrato de jornada completa: «Por debajo del 50% de la jornada cobran prestaciones, así que pueden trabajar dos o tres horas y que les dé para vivir», explica Mateos. Hay exalumnos en la atención a los cruceristas o como jardineros nocturnos.

En el centro ocupacional

Pero si entran en un centro ocupacional, trabajar ya es más complicado. «En estos centros —reconoce Rubén Mateos— las personas con discapacidad tienen plaza de por vida, pero no pueden faltar siete días seguidos». Es decir, que si les sale un empleo temporal en verano, tienen que decir que no. O si les ofrecen unas horas sueltas...

«No hay flexibilidad», concluye el director del centro educativo especial, que moviliza todos sus recursos para encontrarles empleo. Rubén Mateos lucha por formar a sus pupilos para que sean autónomos, y que puedan desarrollarse dentro de la sociedad: «La cultura de la diversidad no se debe limitar a los centros educativos, es un asunto social».