«En 1984 fotografié a la reina de Inglaterra, fui un afortunado»

ana f. cuba MAÑÓN / LA VOZ

GALICIA

T. C.

Rory Williams, originario de Zimbabue y vecino de Mañón, retrató a Isabel II durante una visita a un colegio en Gales; ella le escribió después, agradecida por esa imagen

10 oct 2022 . Actualizado a las 15:09 h.

El día que falleció Isabel II, Rory Williams (Zimbabue, 1959) colgó en sus redes sociales una fotografía de la reina de Inglaterra que había tomado en los años 80. La monarca aparece con gesto sonriente, un abrigo de color azul, sombrero y un ramo de flores en la mano, con un enigmático cuadro de fondo. «No soy monárquico. Sin embargo, respeto a todas las personas. DEP Reina Isabel», escribió el 8 de septiembre. De madre sudafricana y padre galés, Rory dejó Zimbabue con 21 años, después de participar en la guerra civil, para irse a Gales, donde se hizo fotógrafo.

«Empecé en 1981, me formé y acabé siendo profesional, llegué a tener dos estudios con doce personas trabajando. Me dedicaba a la fotografía comercial y al retrato. Ahora es sencillo, con Photoshop, pero entonces yo lo tenía que hacer todo sobre el negativo», recuerda desde su casa de Mañón, en la comarca de Ortegal, que compró en el 2008 y de donde asegura que casi no ha salido en más de una década, «salvo para ir alguna vez a Ferrol», como comenta entre risas.

Su pareja, Teresa Carbajo, madrileña, apunta que en aquella época Rory formaba parte del comité directivo del Instituto Británico de Fotografía Profesional. También era montañero e ilustraba reportajes para distintas publicaciones y libros-guía sobre la montaña. En la galería americana en línea Saatchi se pueden adquirir copias de una serie de fotos que realizó en los Alpes suizos, trabajó para multinacionales como Monsanto o Sony (firma portadas de varios discos) y atesora diversos premios. «Me convertí en artista, pintaba las fotos —evoca—. Aún conservo la cámara», comenta, retirado desde hace años de ese mundo.

En 1984, el colegio Ruthin, uno de los más antiguos del Reino Unido, le encargó documentar la visita que iba a realizar la reina Isabel II al centro por el 700 aniversario de su fundación. «No se permitía usar flash. Me contrataron como el fotógrafo del día, el resto de los medios no tuvieron acceso a la escuela. Fui muy afortunado de poder estar en lugares donde los demás colegas no pudieron entrar», rememora. El azar y su mirada ávida hicieron que, de las cientos de imágenes que tomó ese día, en una captara una escena que ha pasado a formar parte de la historia gráfica de la monarca británica.

El momento y el lugar justos

«Tuve mucha suerte porque justo tenía detrás un cuadro de su abuela... era el lugar correcto en el momento correcto [el instante decisivo de Henri Cartier-Bresson]», relata casi cuarenta años después. Teresa Carbajo, licenciada en Historia, ha indagado sobre la identidad de la mujer que aparece retratada detrás de la figura de Isabel II. «Es Elizabeth I [1558-1603], la última reina Tudor, hija de Enrique VIII y Ana Bolena. No tuvo hijos, le llamaban la reina virgen», explica. Isabel II es descendiente de un hermano de Enrique VIII, por lo que Isabel I, cuya imagen se ve en la foto firmada por Williams, sería «su tataratataratataratía... de catorce generaciones atrás», aclara.

El colegió le pagó por el trabajo —«no mucho», dice— y él decidió enviarle a la reina una copia. Al poco recibió una carta del palacio de Buckingham, fechada el 1 de junio de 1984: «Querido señor Williams. Muchas gracias por su carta con la fotografía de la reina. Su majestad está encantada con aceptarla y considera que es muy amable de su parte habérsela enviado. La reina me ha pedido especialmente que le diga cuánto disfrutó la visita a la escuela Ruthin». Conserva la misiva.

Aquel trabajo en la escuela Ruthin le valió una invitación para conocer los jardines del palacio de Buckingham, «antes de que los abrieran al público». Al poco tiempo, alguien del Partido Conservador pidió una copia de la imagen para colgarla en el club de los tories en Londres. Unos años más tarde, a comienzos de la década de los 90, Williams abandonó la fotografía. «En aquel tiempo ganaba 500 libras al día. Pero acabé quemado después de diez años de trabajo muy duro, con mucha presión por parte de compañías y agencias. Y vendí la empresa». Emprendió entonces una larga e intensa aventura que le llevó a convertirse en shaper (moldeador, en la traducción literal) de tablas de surf (con diez años se había subido por primera vez a una en Durban, donde solía ir de vacaciones con su familia).

Su llegada a Galicia

Williams vivió durante una década en Nueva Zelanda, donde se formó en su actual oficio —«con los mejores, como Brian Hilbers, que había aprendido de Allan Byrne, responsable de la firma Byrning Spears»— y se movió entre Sudáfrica y Australia hasta que un amigo chileno le descubrió Galicia, al recomendarles, a él y a su pareja de entonces, el Camino de Santiago. Le fascinó «un rincón del norte, en el interior del municipio de Mañón», donde reside.

Aquí ha cumplido su sueño de vivir en la montaña, surfear casi cada día y montar un taller de tablas de surf personalizadas. «Hago tablas de madera, tengo una pequeña plantación de paulonias, suficiente para fabricar tablas el resto de mi vida [risas]. Hago lo que cada uno necesita, una tabla que se ajuste a sus capacidades y talla, las olas y el estilo de surf que le gusta, todo a mano», resume el responsable de Tribal Connexion Surfboards, el mismo que un día fotografió a Isabel II.

Un sudafricano fabrica tablas de surf en Mañón tras recorrer medio mundo

ANA F. CUBA

La primera vez que Rory Williams (Zimbabue, 1959) se subió a una tabla de surf tenía diez años. «Iba con mi familia de vacaciones a Durban [Sudáfrica]», recuerda. De madre sudafricana y padre galés, con 21 años, y después de haber participado en la guerra civil, abandonó su país natal para irse a Gales. «Era montañero profesional y hacía fotos para libros-guía de montaña, llegué a tener a doce personas trabajando», cuenta. Hasta que a principios de los 90 vendió la empresa y se lanzó a un viaje por el mundo que culminó hace 12 años en el municipio ortegano de Mañón.

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