El primer día del presidente Alfonso Rueda

GALICIA

Alfonso Rueda y Alberto Núñez Feijoo, abrazándose tras el discurso del primero.
Alfonso Rueda y Alberto Núñez Feijoo, abrazándose tras el discurso del primero. XOAN A. SOLER

11 may 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

A Alfonso Rueda le restan aún unas 24 horas para convertirse oficialmente en el sexto presidente gallego desde que se recuperó la autonomía. Pero intenta ejercer ya como tal. El de este martes fue el primer discurso con hechuras de jefe de Gobierno, aunque le sobraran frases hechas y giros lingüísticos, y le faltara emoción ante tamaño reto, algo de exaltación personal en el relato que le permita espantar su imagen de burócrata.

Es presidente de facto porque pudo ya comprometer personalmente medidas transversales que han venido de abajo a arriba: fueron las propias consellerías las que alimentaron su discurso de investidura en el Parlamento, construido como un memorando colectivo. Es un primer cambio frente al hiperliderazgo de Alberto Núñez Feijoo, cuyo discurso iba de sentido contrario, de arriba a abajo, proponiendo él para que los conselleiros ejecutaran después. Aunque en la proclamación de la bajada de impuestos se advirtiera claramente la mano del presidente del PP, que ha convertido la guerra fiscal en su primera bandera frente a Pedro Sánchez.

Alfonso Rueda ha tenido que poner cara de presidente exprés tras una sucesión sobrevenida que seguro imaginó, pero no así. Ha tenido que ir montando una imagen que proyectar fuera de la alargada sombra de Feijoo. Y esto tiene dos interpretaciones: externa e interna. Hacia fuera, para marcar su propio estilo, convertirse en un barón autonómico y lanzarse hacia las autonómicas del 2024, único termómetro fiable. Y hacia dentro, para vencer las resistencias internas que queden y para calmar a quienes temen que tras Feijoo el abismo es insalvable.

El caso es que al nuevo presidente —aunque formalmente no lo sea aún— no se le dará ni tiempo ni cortesía para advertir si hay estilo propio o solo un calco. Es entendible que la oposición sospeche que 13 años como lugarteniente no se cambian de un día para otro, porque además Rueda ya ha dejado claro que el suyo será un gobierno continuista. Pero tampoco han dado lugar a la sorpresa: escuchar a Ana Pontón y de Valentín González Formoso tras el discurso de Rueda sonaba a réplica ya oída y preparada de antemano. Ese un nuevo tiempo y tiene que ser para todos.