Colegios e institutos gallegos acogen a 115 estudiantes refugiados de Ucrania

GALICIA

Alumnos de un colegio de Ferrol, el Compañía de María, con carteles pidiendo paz con la bandera de Ucrania.
Alumnos de un colegio de Ferrol, el Compañía de María, con carteles pidiendo paz con la bandera de Ucrania. JOSE PARDO

La Xunta prioriza el agrupamiento por centros, agilizará la homologación de bachillerato y FP, y ofrece comedor, extraescolares y transporte gratuitos. «Pedimos máis recursos, como teclados en cirílico», dicen en un centro con varios alumnos

03 abr 2022 . Actualizado a las 16:08 h.

Un mes después de que Rusia iniciara sus ataques a Ucrania y comenzara un éxodo inédito en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, Galicia cuenta ya con una pequeña colonia de estudiantes llegados desde varios puntos de esa zona en guerra. Son en total 115 estudiantes, según los datos de que dispone —al cierre de esta semana— la Xunta. En su mayoría, el alumnado de Ucrania escolarizado está integrado en infantil y primaria, es decir, tiene menos de 12 años; son 84 de los 115 casos. El resto, 31, se reparten entre institutos, donde cursan ESO, bachillerato o FP.

Casi todos ellos se han matriculado en centros públicos, aunque la Xunta no ha facilitado el reparto por zonas. Lo que sí ha establecido es que se priorice que grupos de alumnos ucranianos compartan un mismo centro «para favorecer a adquisición de linguas [gallego y castellano], así como permitir ao alumnado manter vínculos lingüísticos e culturais», según se expone en un documento interno de trabajo de la Consellería de Educación.

El idioma es uno de los principales desafíos de esta integración. Porque no solo hay alumnos que hablen ucraniano, sino también alguno que emplea el ruso. Por lo pronto, la Xunta dispondrá de pegatinas con caracteres cirílicos para colocar en teclados de ordenador (se les cederán en los casos en los que está implantado el sistema Abalar, por ejemplo), y también material en el idioma del alumno para facilitar la adaptación. En todo caso, se recalca, los estudiantes «deben manter a competencia en ucraíno como lingua materna, e a vinculación á súa cultura», y se dispondrán con libros en su idioma en las bibliotecas.

Además, la Xunta cuenta con poder disponer de una «rede de apoio» con personal de escuelas de idiomas o de las universidades que ayuden con el aprendizaje de los idiomas.

Según consta en ese protocolo de trabajo de Educación, los centros tendrán solo tres días para escolarizar a estos alumnos refugiados desde que se presenta la solicitud de admisión. Del mismo modo, facilitará una rápida homologación de los estudios de bachillerato y FP. Para ello dejará exento el requisito de la legalización de los documentos o la exigencia de presentar informes originales.

Los estudiantes acogidos tendrán derecho a bus gratuito en los casos que sean necesarios, y también comedor y actividades extraescolares sin coste alguno. Sobre estas últimas, el equipo de la consellería cree que es conveniente incentivar que se inscriban para «favorecer unha situación normalizada, o establecemento de vínculos comunitarios e creación dunha rede de apoio entre iguais».

Paralelamente, la consellería fomentará entre el resto del alumnado de los centros implicados el conocimiento de la situación vivida en Ucrania con libros sobre los refugiados y las migraciones.

Uno de los centros que han acogido a estos nuevos estudiantes es el CEIP de Maceda, a los pies de la sierra ourensana de San Mamede, un centro plurilingüe que desde la semana pasada lo es un poco más. Añadió el ucraniano, idioma natal de los cinco pequeños que llegaron del Este junto a sus familias huyendo de las bombas rusas. Se reparten por educación infantil —adonde podría sumarse una sexta alumna— y desde segundo de primaria hasta quinto. «Por agora é algo complexo porque non falan nada de castelán», admite Isabel Blanco, directora de este colegio.

Los mayores se manejan un poco en inglés, pero los pequeños apenas pasan de saber identificar los colores. «Utilizamos moitas imaxes para introducir vocabulario en castelán e ver un pouco a súa competencia curricular», explica la docente. La otra herramienta indispensable en el aula estos días es el traductor del móvil, que pasa del alfabeto latino al cirílico al instante para que los pequeños puedan comunicarse. «Están moi acostumados a utilizalo, sobre todo cando necesitan algo urxente. Nas clases vai todo bastante ben», añade Blanco. Tienen buen nivel en matemáticas, muestran interés por integrarse y un par de ellos ya hacen «vida normal co resto do alumnado».

La directora destaca el recibimiento a los nuevos compañeros: «Quérenos moito, invítanos a xogar con eles e, ás veces, ata lles regalan material, como estoxos. Acolléronos moi ben e véselles [a los ucranianos] moi agradecidos». La experiencia para los profesores es «positiva», pero faltan recursos en el colegio.

La integración se complica un poco en casa, ya que las familias ucranianas están en pisos de acogida, sin contacto con vecinos locales que les ayuden con el idioma. «Non hai unha inmersión completa. Pedimos axuda de persoal e recursos no centro. Por agora atendémolos cos recursos que tiñamos, xa tiñamos outras necesidades ás que engadimos agora estas», cuenta Blanco.

Reclaman formación para ellos mismos, asegurando así el bienestar de los pequeños, y material como ordenadores con el teclado en cirílico. Tampoco saben por ahora cómo evaluarles, a punto de terminar el segundo trimestre, aunque entiende que estas necesidades se irán cubriendo de a poco. «Estamos todos aprendendo. A experiencia é enriquecedora para nós e eles mesmos». 

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