Caso Desirée: el análisis de tóxicos acredita que la niña no pudo morir por un envenenamiento, como sostenía su madre

André Siso Zapata
André S. Zapata LUGO / LA VOZ

GALICIA

Ana Sandamil, en la Audiencia de Lugo el quinto día del juicio del Caso Desirée.
Ana Sandamil, en la Audiencia de Lugo el quinto día del juicio del Caso Desirée. Alberto López

Las forenses afirman que Sandamil «simulou e esaxerou varios síntomas de psicopatía e perda de memoria». La acusada se enfrenta a una pena de prisión permanente revisable tras el testimonio de las psiquiatras.

11 feb 2022 . Actualizado a las 19:27 h.

El quinto día del juicio en el que se juzga el asesinato de Desirée Leal arrancó con un ritmo lento. Los primeros testimonios, de dos guardias civiles de la sección de informática y otras dos de la sección de biología, provocaron la confusión entre el tribunal y las acusaciones, debido a la complejidad de sus análisis. Aún así, la conclusión razonada de los peritos que comparecieron este viernes fue unánime: Desirée Leal murió asfixiada en medio de una situación violenta, ya que tenía heridas compatibles con esta hipótesis, y no pudo fallecer por una intoxicación, como sostenía su madre. La discusión, un día más, fue si la acusada era plena o parcialmente consciente del delito que estaba cometiendo.

La quinta sesión

Los dos primeros agentes fueron los encargados de extraer la información de los dispositivos electrónicos de la madre de Desirée. En el juicio, ambos acreditaron que ese contenido se obtuvo sin mayores problemas, pero que no conocen qué buscó Ana Sandamil, acusada de haber acabado con la vida de su hija el 3 de mayo del año 2019. «Esa no era nuestra función. Nosotros solo teníamos que extraer la información para que otro compañero de criminalística analizase el contenido», afirmó uno de ellos. 

En la sesión del jueves, el agente al que se refieren explicó que un detalle en concreto le llamó la atención. «Me llevó tres meses analizar toda aquella información. Un día, me encontré con una búsqueda rara en la tableta de la acusada. Se había buscado el término 'estricnina' en, al menos, 14 ocasiones. Alguien investigó, por ejemplo, leyendo un artículo en el que se hablaba de intoxicaciones en niños por consumo de este matarratas. Supusimos que quien lo buscó fue la madre, aunque no tenemos la certeza», afirmó.

Este viernes, pasaron por la Audiencia Provincial de Lugo dos guardias civiles del departamento de biología. La declaración de ambas fue muy espesa, ya que las muestras analizadas por las técnicas eran muy específicas y de un alto nivel de complejidad. Finalmente, tanto ellas como los presentes en la sala parecieron concluir que «la sangre que hay en el cuerpo de Desirée era toda suya, salvo en una mano, que hay mezcla de ADN y no se puede saber si los restos orgánicos [saliva y sangre] son suyos o de su madre».

Las agentes afirmaron, además, que «los restos de sangre encontrados en la parte inferior del pijama de Ana Sandamil eran de la víctima». Ellas fueron las encargadas de analizar los restos orgánicos de toda la ropa encontrada en la escena del crimen, y certificaron que todos los restos detectados eran o bien de Ana o bien de Desirée.

Tras esta intervención, llegó el turno de dos guardias civiles del departamento de identificación del servicio de criminalística. Ellos acreditan que se encontraron «marcas de dedos en las dos botellas que había en la habitación». Sin embargo, la calidad de estas señales no era «lo suficientemente clara» como para «conseguir identificar a quién pertenecen esas huellas». Según los agentes, la rugosidad de las botellas de plástico dificultaba esta tarea, ya que «las muescas hacen que la marca de las huellas no quede impregnada de forma regular». Además, aceptaron pero no dieron por probado que esta imposibilidad de identificar las huellas se debiese a que alguien había limpiado las botellas. 

«La dosis de trazodona que consumió Desirée no era letal»

Tras esta intervención, comparecieron tres analistas del Instituto Español de Toxicología. Sus testimonios fueron muy reveladores, ya que acreditaron que la cantidad de trazodona encontrada en el cuerpo de Desirée «está muy lejos de la dosis letal, incluso para una niña de siete años».

Estas palabras rechazan frontalmente la versión de Ana Sandamil, que dijo que la causa de la muerte de su hija podría ser que consumió de una botella en la que ella había mezclado agua con trazodona para suicidarse. «Desirée Leal tenía una 0.03 mg/l de trazodona en sangre. Una dosis tóxica para un adulto se fija a partir de los 1,2 mg/l, y una letal, a partir de los 12 mg/l. Esto significa que la dosis que consumió está muy lejos de la mortal, incluso para una niña de su edad», dijo una de las facultativas.

«Desirée luchó y la asfixiaron cuando aún estaba viva»

Los dos forenses que participaron a continuación en la sesión del juicio se adhirieron a la opinión mayoritaria y afirmaron que «la niña murió, con total seguridad, a causa de una asfixia mecánica, y trató de resistirse». Los facultativos confirmaron ante el jurado que la pequeña tenía «erosiones profundas en la boca, heridas casi invisibles en las mejillas, nariz y ojos, y signos de presión en la parte alta del cuello», lesiones que «no se podrían haber producido» en las maniobras de reanimación. Todo esto podría constituir un grupo de pruebas que certificasen que «la niña luchó, y fue asfixiada cuando aún estaba viva», según dijo una de las forenses.

Ambos confirmaron que la niña murió «cerca de las seis de la madrugada», y que «desde el primer momento en el que vi el cadáver me di cuenta de que aquello no era accidental», por lo que «ordené a los guardias que llamasen a la jueza y a una letrada del juzgado», según dijo la sanitaria.

Simulación de síntomas psicóticos y de pérdida de memoria

Tras un receso a media mañana, dos expertas forenses se sentaron frente al jurado y el tribunal para explicar el análisis de personalidad que llevaron a cabo con su paciente, Ana Sandamil. Se entrevistaron con ella el 28 de enero del año 2020. «Contounos a historia da súa vida desde a infancia. Notamos que sempre fora unha persoa reservada, pero non detectamos ningún trauma. Dicía que a súa nai era algo esixente, que veu a estudar Relacións Laborais a Lugo, que foi ao psicólogo a raíz da súa separación co pai de Desirée... Pero nada especialmente chamativo», dijo una de ellas ante la Audiencia. 

Sin embargo, a la hora de interpretar los resultados de las pruebas a las que sometieron a la acusada, soltaron la bomba: «Tratamos de analizar o nivel de simulación dos síntomas psicolóxicos nunha persoa que, presuntamente, ten un trastorno mental, como era o caso. Ana Sandamil, nunha das probas, deu niveis moi por enriba da media na esaxeración de amnesia, perda de memoria, e tamén na de alteración psicótica. Isto indica que hai un compoñente de simulación voluntaria, intencionada, e de que podía estar finxindo a gravidade destes síntomas». Esta amnesia podía ser «activa», según una de las facultativas, ya que «ela mesma dicía que non quería facer o esforzo de recordar segundo que cousas». 

Concluyen las forenses que, aunque está acreditado que Sandamil está diagnosticada de un trastorno psicótico, «isto non quere dicir que non poida mentir e esaxerar os síntomas», y que «a análise que fixemos non encaixa coa hipótese de que tivera un delirio a noite dos feitos».

Los forenses y psiquiatras que emitieron el informe definitivo sobre su estado mental fueron igual o más certeros todavía. Los cuatro comparecieron a la vez en la sesión de este viernes, y concluyeron, tras resumir todo su análisis, que «pensamos que la acusada es totalmente imputable. Es cierto que contaba con síntomas compatibles con un trastorno de la personalidad severo, pero no nos cuadran nada sus síntomas, los cuales además creemos que estaba exagerando, con la hipótesis de que matase a su hija de forma inconsciente». Su informe argumenta que la patología de Ana Sandamil es más previa a los hechos que durante la noche de la muerte de Desirée, y que «pensamos que sabía perfectamente lo que estaba haciendo, que era consciente y que su actitud de olvido y amnesia posterior no se corresponde con alguien que ha vivido un episodio delirante». 

Solamente una de las psiquiatras discrepó con sus colegas, afirmando que «la afectación de Ana Sandamil a mí me parecía total». Sin embargo, afirmó que realizó su informe sin conocer los detalles del examen psicológico de la madre el día de los hechos y posteriores, y que solo se basó en una entrevista que tuvo con la acusada meses después. El resto de sus compañeros, con respecto a la opinión discrepante, coincidieron en que «para llegar a nuestra conclusión consideramos que es imprescindible ver el expediente de la madre».

La psiquiatra discrepante terminó matizando su declaración al final de un largo rato de testimonio, y terminó diciendo que la afectación de Sandamil era «importante», pero que en ningún caso «constituía una nulidad en su voluntad». El resto de técnicos sanitarios concluyeron que las capacidades de al madre en le época de los hechos estarían afectadas «parcialmente», añadiendo una de las testigos que lo sería de forma «significativa».

Unas precisiones técnicas vitales

Estas precisiones son importantes para las partes, ya que, en caso de que el jurado popular dictamine que Ana Sandamil es culpable de asesinato, serán estos detalles los que definan el tipo de pena. Esta puede ser de prisión permanente revisable en caso de que los miembros del tribunal de la Audiencia, encargados de decidir la pena, consideren que las capacidades de la madre estaban ligera o parcialmente afectadas. En caso de que Ana Sandamil tuviera su juicio severamente afectado, la pena podría ser de entre 20 y 30 años de cárcel, ya que se entendería que su capacidad de raciocinio en el momento de los hechos funcionaría como eximente parcial. En todo caso, lo que ya no se baraja es un eximente total, que condenaría a la madre de Desirée a un internamiento psiquiátrico y haría que evitase la prisión, ya que ninguna sanitaria llegó a asegurar en todo lo que llevamos de juicio que la acusada no supiese en absoluto lo que estaba haciendo, conditio sine qua non para obtener esta condena.

Esta será la clave de la sesión del lunes, la última del proceso, en la que las partes expondrán sus conclusiones y la madre de la pequeña tendrá derecho a decir la última palabra. Entonces, será el turno del jurado popular que, tras unas horas de deliberación, decidirá si es culpable o inocente de un delito de asesinato. Para conocer la pena en caso de que la hallen culpable, habrá que esperar unos días más.

José Manuel Leal, padre de Desirée, esperando al furgón en el que viene su expareja, Ana Sandamil.
José Manuel Leal, padre de Desirée, esperando al furgón en el que viene su expareja, Ana Sandamil. Alberto López

El padre: «Quien sufre un brote psicótico no trata de ocultar pruebas»

El padre de Desirée, José Manuel Leal, insistió este viernes, en la penúltima jornada del juicio por el asesinato de su hija, en la tesis que viene defendiendo la acusación desde el inicio de la vista oral y, a las puertas de la Audiencia Provincial de Lugo, dijo que «una persona que sufre un brote psicótico no intenta ocultar pruebas».

En declaraciones a los medios de comunicación, reconocía que está deseando que finalice el juicio, porque todo el proceso se le está haciendo «muy duro». De hecho, dijo que «el fatídico 3 de mayo hubo dos muertes, la de mi niña, que está en el cementerio, y la mía en vida. Esto es imposible de superar».

El padre de Desirée afirmó que el «testimonio del último guardia civil» que compareció en la vista oral el jueves «fue ejemplar y tajante», porque solo tenía la duda de si la niña «había sido asesinada en la cama o en el suelo» por parte de acusada, aunque se inclinaba por la segunda posibilidad, que lo hubiese hecho «de rodillas, encima de su cuerpo y, en compresión, para asfixiarla».

«Mi niña, mi princesita, con solo siete años, intentó defenderse», dijo José Manuel Leal, quien insistió en que «es muy contradictorio» que la defensa se base en un supuesto brote psicótico de la madre para tratar de eximirla de la responsabilidad penal.

Desde su punto de vista, «una persona que sufre un brote psicótico no intenta ocultar pruebas, no intenta esconderse. Dice sí, fui yo. No se cambia de ropa. No intenta encubrir nada. Sufre un brote y no está en el estado mental en el que debería estar. No se esconde».

Sin embargo, «en este caso es todo lo contrario«, precisó, «se intenta ocultar pruebas. Se ocultan pruebas. Se esconde un pijama, enrollado, entre el colchón y el somier. Se intenta limpiar, por los indicios que hay, la máxima sangre posible». «No es compatible ese comportamiento con el posible brote psicótico», añadió.

«La afectación parcial en ningún caso es un eximente»

El abogado que ejerce la acusación popular en el juicio por el crimen de Muimenta, el letrado Francisco José Lago, opinó este viernes que la penúltima jornada de la vista oral será «trascendental», porque permitirá demostrar que la acusada, Ana Sandamil, podía tener una «afectación parcial» de sus capacidades, pero «en ningún caso» suficiente para eximirla de su «responsabilidad» en la muerte de su hija.

«Hoy se reafirmará, porque hoy tenemos el informe de toxicología, biología, el informe de la autopsia, y se nos va a acreditar cómo fueron los hechos, si no fue suficiente la prueba practicada» hasta ahora, dijo el abogado de la Fundación Amigos de Galicia.

Lago dijo que este viernes se expondrán «los informes de las psicólogas del IMELGA, que en su informe manifiestan que hubo simulación por parte de la acusada». También el dictamen de los psiquiatras forenses, quienes, «aunque consideran que hay un pequeño trastorno de la personalidad, que puede afectar parcialmente a las capacidades de conocimiento y voluntad, en principio concluyen que hay responsabilidad».

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André S. Zapata

 

Poco antes de la una y media del lunes, Ana Sandamil, acusada del crimen de su hija Desirée Leal se sentaba, junto a su abogado, frente a frente con el jurado popular que decidirá su futuro. Tras ser trasladada desde la prisión de Teixeiro, llegó a la Audiencia Provincial de Lugo entre gritos, insultos y hasta un agarrón de pelo. Ya en la sala, tuvo que escuchar la pena que se le pedirá por parte de las acusaciones y la Fiscalía, que coinciden en que merece un castigo de prisión permanente revisable por estos hechos.

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