«Galicia, Galicia, Galicia» a los 365 días

Rubén Santamarta Vicente
rubén santamarta REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

XOAN A. SOLER

Feijoo enfila el ecuador de su cuarto mandato con una mejor perspectiva de la pandemia, azotando al Gobierno y con el reto de una recuperación sostenida

05 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hizo fortuna Feijoo en la campaña que le llevaría a una nueva mayoría absoluta con un lema bien simplón: «Galicia, Galicia, Galicia». Resultó que el 12 de julio del 2020 fue por «Galicia» por cuarta vez. Esa, obvio, fue la palabra que más pronunció el 5 de septiembre de ese mismo año, hace justo 365 días, en su toma de posesión. «Pido permiso e pido perdón pola emoción, pero podo asegurarlles que tomar posesión por cuarta vez é máis emocionante que a primera. Porque fomos e seremos quen, porque Galicia é quen». Así remató, ante autoridades, amigos y familiares, su discurso en el Parlamento de Galicia.

Feijoo sabía perfectamente que la legislatura que empezaba no se iba a parecer a ninguna de las tres anteriores. De entrada, porque enfrente tendría una oposición mucho menos ruidosa —que no eficaz en su control— tras el adiós de las mareas. Y porque la pandemia condicionará toda su gestión. La primera señal la dio apenas 24 horas después: nombró su nuevo equipo rompiendo una tradición, la de que nunca cambiaba a sus conselleiros al inicio de mandato. Fulminó a los dos más quemados, precisamente, por el covid, los responsables de Educación y de Sanidade. Creó un nuevo departamento, el de Emprego y nombró un segundo vicepresidente —sin lecturas de sucesión— para tutelar las áreas económicas, señal clara de la prioridad absoluta: la recuperación económica. Unas semanas después, relevó a 4 de los 5 presidentes de los puertos, y a una tercera parte de todo su organigrama. «La simplificación de la Administración es uno de los retos silenciosos, y eso se ha ido haciendo, quizá la gente no se dé cuenta aún, pero es un paso muy relevante», dice un destacado miembro de su gobierno.

Conformado ese nuevo equipo, se presentaron los primeros presupuestos pensados para la pandemia. Era otoño y el virus daba (falsas) señales de apaciguamiento. Se pensaba en unas cuentas para la recuperación, cuando esta aún tardaría en dar señales. El primer golpe se lo llevó en enero, cuando el presidente ordenó una suerte de autoconfinamiento tras un criticado interés por salvar la Navidad. «Fue un palo —dice otro colaborador— porque veníamos de aprobar ayudas para comercio y hostelería, y muchos tuvieron que cerrar entonces». Posiblemente fue uno de los momentos más delicados en ese arranque de mandato.