El matrimonio jubilado que movía hachís en una caravana acepta unas multas millonarias

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA

GALICIA

Imagen de los alijos incautados por la Policía a los dos jubilados
Imagen de los alijos incautados por la Policía a los dos jubilados Policía

El hombre pagará 6,1 millones de euros, y la mujer, 2,1; se les detuvo cuando movían casi media tonelada de droga

14 ago 2021 . Actualizado a las 09:14 h.

El episodio del matrimonio jubilado de Vilanova que completaba su pensión con las jugosas comisiones que a ambos les reportaba cruzar España con su caravana repleta de hachís no acaba de cerrarse del todo. Esta semana se hizo público que Antonio Novás y María Dolores Fajardo han aceptado sendas penas de cárcel para evitar ir a juicio por los 450 kilogramos de material con los que cayeron en diciembre, cuando circulaban en su furgoneta adaptada por la A-8, camino del País Vasco. Su detención, que tuvo lugar en la localidad asturiana de Colunga, los mantenía desde entonces en situación de prisión provisional, que ahora adquirirá carácter firme, a razón de cuatro años para él y dos para ella. Ayer, fuentes de la investigación completaron el dibujo de su acuerdo de conformidad con las contundentes sanciones económicas que caerán sobre ellos: 6,1 millones de euros en el caso de Antonio, y 2,1 millones en el de Lola Fajardo.

Cuando los agentes de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de Pontevedra que ejecutaron la operación Bodorrio registraron la vivienda que la pareja habitaba en Ousensa, encontraron catorce mil euros distribuidos en dos fajos, además de cinco teléfonos móviles, munición y una carabina.

Los billetes parecen corresponder al pago por dos viajes que el matrimonio y su Opel Vivaro de color gris cursaron a Algeciras en noviembre. Al menos, esto es lo que calcula la policía, que iba tras su pista desde el 2018. Siete mil euros por dejar que a uno le rellenen la caravana de hachís, y conducir de vuelta a Galicia, Asturias, Cantabria o el Pais Vasco para que alguien retire el material sin hacer preguntas, se antoja un buen dinero, que, sin embargo, palidece ante el calibre de las multas que esta vida alegre puede comportar.