De Txapote a la Tigresa, la huella de ETA por las cárceles de Galicia

Javier Romero Doniz
Javier ROMERO VIGO / LA VOZ

GALICIA

Salida de la prisión de Teixeiro de Domingo Troitiño, en el 2013
Salida de la prisión de Teixeiro de Domingo Troitiño, en el 2013 CESAR QUIAN

Después de 43 años, los penales de la comunidad dejan de tener presos etarras con el traslado de Escudero Balerdi, que acaba de ser trasladado de Teixeiro. Esto es lo que opinaban los funcionarios que los trataron

11 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

ETA ha desaparecido de las prisiones gallegas con la marcha del último preso, Gregorio Escudero Balerdi, tras casi 20 años en Teixeiro, y dos condenas de 25 y 42 años, por cooperación necesaria en el asesinato de dos concejales (PP y PSOE). También corrió miles de kilómetros en el patio del módulo 13 del penal coruñés. «Incluso era huraño con los otros etarras, iba por libre y no seguía las pautas de toda la estructura externa de apoyo a presos de ETA», revelan quienes lo custodiaron estos años. Hace tres semanas se fue el penúltimo. Antes, en diciembre había siete en Galicia. Cuando Fernando Grande Marlaska fue nombrado ministro del Interior, en el 2018, superaban la veintena.

«Lo normal era tener cinco o seis en un módulo, ya sea en Teixeiro o A Lama», añaden en las plantillas de ambos penales. La marcha de Escudero Balerdi implica un traslado histórico al vaciar, por primera vez desde 1978, los penales gallegos de terroristas de ETA. Antes que Gregorio Escudero, o coincidiendo en el tiempo, se instalaron los líderes del aparato militar con más muertes probadas. Francisco Javier García Gaztelu, alias Txapote, es, de calle, el más recordado: nueve asesinatos (Miguel Ángel Blanco, entre ellos), once atentados y su condición de responsable de comandos militares.

«Era altivo, prepotente con todo el mundo, internos y funcionarios. Los etarras, generalmente, son etarras, sin más, pero Txapote es, además de asesino, delincuente. Bastaba tratarlo para darse cuenta», explica un funcionario que, recuerda, le molestaba especialmente que le llamasen por su primer apellido: «Nosotros solo le decíamos, ‘salga de la celda señor García', y se enfadaba mucho». En A Lama aún se recuerda cuando ocupaba, con más etarras, la sala de la televisión desplegando una pancarta. «Tensaba la cuerda hasta el límite, pero nunca se pasaba para no ser sancionado», añaden en el penal de Pontevedra.

Francisco Javier García Gaztelu, Txapote, e Idoia López Riaño, la Tigresa, dos de los etarras que estuvieron en cárceles de Galicia por varios delitos de sangre
Francisco Javier García Gaztelu, Txapote, e Idoia López Riaño, la Tigresa, dos de los etarras que estuvieron en cárceles de Galicia por varios delitos de sangre

García Gaztelu coincidió en Teixeiro con su pareja de entonces, Idoia López Riaño, alias la Tigresa. Ojos felinos y 23 personas asesinadas. Su paso por Galicia se recuerda discreto, cumpliendo las normas para llevar una vida penitenciaria sin complicaciones. En el 2017 regresó a la calle gracias, en parte, a los informes que avalaban su arrepentimiento y la petición de perdón a las víctimas.

Inés del Río pasó igualmente por el penal coruñés. Veía con 24 asesinatos repartido en varios atentados. Ella fue la punta de lanza para que el Tribunal Supremo diese luz verde a la doctrina Parot, que adelantó la puesta en libertad de decenas de presos condenados por agresión sexual y terrorismo, al entender que ya habían cumplido penas y no se podían acumular.

José Javier Arizkuren Ruiz, alias Kantauri, con 20 asesinatos, por su condición de jefe del aparato militar, fue otro etarra relevante que pasó por Galicia. Otro histórico dirigente fue José Javier Zabaleta Elosegi, Baldo, condenado a 200 años por asesinar a cuatro guardia civiles y un civil. Salió en el 2017 y fue homenajeado en las calles de su pueblo, Hernani.

Inés del Rio, en el centro, junto a miembros de colectivos de presos de ETA, saliendo de Teixeiro por aplicación de la doctrina Parot, en el 20013
Inés del Rio, en el centro, junto a miembros de colectivos de presos de ETA, saliendo de Teixeiro por aplicación de la doctrina Parot, en el 20013 CESAR QUIAN

Otro nombre propio de ETA, en su caso con 21 asesinatos probados, fue Domingo Troitiño. Recuperó la libertad, precisamente, en Teixeiro. Allí se recuerda igualmente a un etarra gallego que nunca hablaba euskera por desconocimiento, según los funcionarios que lo trataron. Rafael Caride Simón, de Vigo, fue el responsable de apretar el botón que hizo explotar la bomba en el Hipercor de Barcelona, en 1987. 21 muertos y 45 heridos, cumplió 26 años. Terroristas que llegaban y, tarde o temprano, se marchaban en el contexto de circuito de traslados diseñado por Instituciones Penitenciarias.

Todos son presos de primer grado, a todos les intervienen las comunicaciones y todos se relacionan únicamente entre ellos. «Salvo algún condenado del independentismo radical gallego, o del Grapo, no hablaban con más internos. Y con los funcionarios, lo indispensable. También organizaban actos de protesta colectivos. El acercamiento al País Vasco es un ejemplo», revelan en la plantilla de Teixeiro antes de añadir: «Si hubiera que distinguir los perfiles entre terroristas islamistas o de ETA, sin duda los segundos son mucho más complejos de gestionar. Cualquier conflicto con ellos podía saltar al Congreso o un parlamento en horas».