Galicia ultima su radar social antisoledad

Juan María Capeáns Garrido
Juan Capeáns SANTIAGO / LA VOZ

GALICIA

Un barrio junto a la muralla de Lugo que es el que tiene más hogares de un solo morador de toda Galicia
Un barrio junto a la muralla de Lugo que es el que tiene más hogares de un solo morador de toda Galicia ALBERTO LÓPEZ

La estrategia de la Xunta, inspirada en experiencias europeas, implicará a los ciudadanos

03 may 2021 . Actualizado a las 17:41 h.

¿Cuántos gallegos mayores de 64 años viven solos? Hay datos, unos 126.000, según el Instituto Nacional de Estadística. ¿Y cuántos de ellos querrían estar acompañados, y aún estándolo, sienten soledad? Solo hay una solución posible: preguntárselo a cada uno de ellos. A eso precisamente es a lo que va a responder en primera instancia la estrategia que el Gobierno gallego ultima con la colaboración de los colectivos sociales y los ayuntamientos, piezas clave en la fase final de un proyecto que la Xunta quiere aprobar en junio o julio.

Ser mayor y estar solo no quiere decir que te guste bailar, hacer ejercicios de memoria o enseñar a jugar a la peonza a niños del siglo XXI, que son algunas de las actividades recurrentes de los programas de envejecimiento activo. «Trabajamos con una realidad muy diversa y las soluciones no pueden ser las mismas para todos», explica Valentín Calvín, director del centro de día de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer e Outras Demencias de Lugo, que está colaborando en la definición de la estrategia. Este psicólogo clínico señala que el éxito de la estrategia para identificar casos de soledad no deseada pasa por la de tejer una red con los servicios sociales municipales, la atención primaria, todos los programas sociales autonómicos -que llegan a 74.000 mayores- las asociaciones y la «corresponsabilidad» de los ciudadanos.

Porcentaje de hogares unipersonales en cada sección censal

En cada sección censal viven alrededor de 1.000 personas.

Cotillear «para bien»

Paula Sande, de las Aulas Sénior de Galicia, lo explica de manera sencilla: «Hay que cotillear para bien». Se refiere a ese muro que se derribó durante el confinamiento y que normalizó que los vecinos se preocupasen los unos por los otros sin temor a que un ofrecimiento pueda ser mal interpretado. Pone como ejemplo la reacción de la niña del barrio coruñés de Monte Alto que avisó a su madre de que algo le podía pasar a un vecino, que fue hallado muerto hace dos domingos. «Todos podemos ser radares», comenta Sande, quien también aboga por aprovechar «la rica diversidad» que ofrecen los mayores, a los que «hay que encontrar una motivación y un sentido para esa etapa de la vida».

Galicia tiene algunas ventajas para acertar con su estrategia contra la soledad no deseada. Aquí hay más mayores, pero los que viven solos son menos que en España (cuatro puntos de diferencia) y todavía existe una sociedad rural «donde siguen vigentes las relaciones de proximidad», apunta Calvín. El problema son las ciudades, pero no hay que inventar la rueda con un problema que las estadísticas adelantan que irá a más, porque algunos países europeos, ciudades españolas y hasta barrios han desarrollado sus propios sistemas de alarma, caracterizados por la cooperación de colectivos del tercer sector y la implicación vecinal e institucional.

El radar gallego ha encontrado inspiración en proyectos como el del servicio postal francés, que cuenta con el programa Cuidando a mis padres, de pago, en el que los carteros se preocupan en sus rondas por el bienestar de los vecinos. En Holanda se ha creado una estructura de cien organizaciones que implica al comercio local, supermercados, museos, empresas de transporte o entidades deportivas, que vigilan y dinamizan la vida de los mayores. 

Una llamada o una sonrisa

Las visitas periódicas de voluntarios ya funcionan en Róterdam, y los contactos telefónicos, que están incluidos en el plan gallego, son ya una realidad en el Reino Unido, donde también se han diseñado campañas publicitarias tan sencillas como animar a saludar a los mayores en las tiendas y a sonreírles en el autobús. A nivel local, Barcelona lanzó su plan Radares, que implica al comercio local en la identificación de casos y en la organización de eventos vecinales; y Madrid activó Convive, en el que mayores solos acogen en sus casas a universitarios durante el curso. Nombres de planes y programas sociales que empezarán a desarrollarse en Galicia a partir de este verano y que habrá que nombrar adecuadamente: «El lenguaje es importante», advierte Sande, porque detrás de la soledad también hay vergüenza y estigma. 

Dos barrios de Lugo y Ourense y 11 pueblos gallegos están copados por los «singles» 

c. punzón

Uno de cada cuatro gallegos vive solo. Son 290.500 los que forman hogares unipersonales, de los que casi la mitad superan además los 65 años. En 1.592 secciones censales de las 2.181 en las que se divide la comunidad (por ejemplo, para organizar el voto en las elecciones) más de un cuarto de los hogares son unipersonales. El paradigma de esos enclaves donde se vive en soledad son quince pueblos y barrios en los que incluso más de la mitad de sus vecinos no vive con nadie.