Las dos narcolanchas halladas en Ribeira se imputan a un delincuente fugado en Inglaterra que hacía de testaferro

Santos Martínez alquiló la nave en el 2014, con salida directa a la ría, para estacionar caravanas de alquiler; el dueño real sería un importante narco al que conoció en prisión y le ofreció ser uno más de sus hombres de paja

Las dos planeadoras localizadas en Ribeira, ya sin las lonas que las cubrían.
Las dos planeadoras localizadas en Ribeira, ya sin las lonas que las cubrían.

Santos Martínez Alonso tiene 40 años de edad y una ficha policial con once antecedentes variados: robo con fuerza, robo en coche, robo con intimidación, delito contra la seguridad vial, malos tratos habituales, lesiones y amenazas. Todos cometidos entre 1999 y 2018 en su localidad, Ribeira, además de Santiago, A Coruña y Viveiro. La acumulación de cargos implicó su ingreso en prisión en algún momento previo al 2018. Una estancia que —según la tesis policial hilada a raíz del hallazgo de dos narcolanchas en Ribeira— le implicó un salto en la pirámide delincuencial.

Santos conoció y empatizó con un narcotraficante y lanchero, especializado en el transporte de grandes alijos de cocaína, natural de Cambados, al otro lado de la ría. Se hicieron amigos y, según la misma tesis, el vecino de Ribeira dejó la cárcel y regresó a su tierra con la intención de abrir un negocio y prosperar ejerciendo de testaferro.

Eligió el sector de la automoción, en su modalidad de alquiler para fines turísticos. Principalmente caravanas, tal y como consta en el contrato que firmó, de su puño y letra, para alquilar un solar de altos muros de hormigón para estacionarlas a buen recaudo. El inmueble, en Insuela (Palmeira, Ribeira), fue hasta el 2014 una conservera en ruinas llena de zarzas, con dos portalones de gran tamaño en la fachada y una rampa, justo de frente, para sacar las embarcaciones a la ría, frente a San Vicente do Mar, ya en la bocana.

Una de las embarcaciones tiene 15 metros de eslora y se le pueden acoplar hasta cuatro motores
Una de las embarcaciones tiene 15 metros de eslora y se le pueden acoplar hasta cuatro motores

Cinco años de alquiler sin actividad

En el 2014 la compraron los actuales propietarios, la arreglaron y tapiaron para alquilarla. Ahí entró en escena Santos Martínez, que se hizo cargo del inmueble hasta septiembre del 2019, según consta en la investigación judicializada. El mismo Santos se encargó personalmente de pagar a los caseros cada mensualidad de su tapadera durante cinco años.

Luego desapareció, según parece para evitar comparecer en juicios por los delitos que lo devolverían a una celda. Se le ubica desde el 2019 en Inglaterra, junto a uno de sus hermanos (son tres, todos con antecedentes, y se les conoce en Ribeira por los hermanos Dalton). Según parece, tendrían a gente allegada de Barbanza viviendo allí para darles cobertura.

A partir de ahí se encargó de pagar las mensualidades otro hombre, también personalmente, de aspecto grueso y, se sabe pero no se puede demostrar, estrechamente vinculado al narco de Cambos que Santos Martínez conoció en prisión. El inicio de la pandemia y el confinamiento supuso igualmente el impago definitivo de las mensualidades. 

De ahí que los propietarios solicitasen el desahucio del inmueble. Se ejecutó hace dos semanas y asistieron agentes de la Comisaría de la Policía Nacional de Ribeira. Algo sabían o intuían, y acertaron: dos lanchas habilitadas para transportas fardos de droga descansaban sobre remolques, y cubiertas por una lona junto a una carretilla con elevador.

Un bólido con tres toneladas de carga

Una de las lanchas es artesanal e ilegal, tiene 15 metros de eslora y un radar, elementos más que suficientes para cargar tres toneladas navegando más de 150 millas mar adentro. El otro bote, bautizado Braulia, es de recreo, pero se modificó para traficar. Incluso tiene matrícula, pero el expediente no está completado y es imposible ponerle nombre y apellidos a nadie. No ocurre lo mismo con los motores, de 300 caballos cada uno, anclados a la popa de la Braulia.

En este caso sí existe una trazabilidad de la venta. Un conocido astillero de Tragove, Cambados, reconoce que los vendió a través de un filial en Cataluña. Otra muesca de lo reducido que es el mundo de la náutica en ciertos ambientes. También se identificó al propietario de la carretilla, que resulta ser un ciudadano colombiano afincado en Murcia al que no se ha podido localizar aún.

La nave, con dos portalones, tiene acceso directo a la ría frente a la fachada
La nave, con dos portalones, tiene acceso directo a la ría frente a la fachada

Pero la conservera, reconvertida en nave de alquiler, no estaba únicamente en el punto de mira de la Comisaría de Ribeira. El ECO Galicia de la Guardia Civil y el Greco Galicia de la Policía Nacional también se interesaron por su contenido no hace tanto tiempo. El ECO, según explica el abogado de los propietarios de la nave, incluso contactó con sus clientes el año pasado para recabar información.

Lo siguiente, ya con el desahucio autorizado judicialmente, fue toparse con las dos narcolanchas y el remolcador. El análisis científico no encontró restos de droga ni huellas, por lo que el único delito imputable radica en las mismas embarcaciones y sus motores, ilegales por dimensiones y estética. Santos Martínez, como titular del contrato de alquiler de la nave, es el único acusado. Aunque, realmente, no sea más que, a ojos de la tesis procesal, un mero hombre de paja.

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Blanca, con grandes letras y rayos azules y rojos serigrafiados a babor y estribor. 12,90 metros de eslora ensamblados por capas sin homologación marítima conocida. La base, rígida, es idéntica a las de planeadoras de dimensiones monstruosas. Por encima, encolada en fibra de vidrio, se levanta una estructura maciza del mismo material con filamentos cerámicos. Un flotador semicircular, atiborrado de espuma, marca la línea de flotación. Incluso plagiaron, también en fibra de vidrio, la cabina y el puente de mando de un pesquero. Un Frankenstein de la navegación, bautizado Clímax II y propulsado por dos motores de 800 caballos, que emanó de la ría de Arousa en la madrugada del 28 de agosto. Sus ocupantes, inexplicablemente, eligieron un puerto especialmente bien iluminado de O Salnés para remolcarla clandestinamente: el de Vilanova. De ahí que su anómala silueta, pintura blanca y exótico nombre alertasen a la patrulla de la Guardia Civil en la zona aquella noche.

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