«El de la niña vendida localizada en A Coruña no es un caso aislado, pero hay pocos datos sobre trata de menores»

Los expertos alertan de que se multiplican las formas de explotación de los niños

Una de las personas detenidas este miércoles en A Coruña por retener a una menor presuntamente vendida por sus padres
Una de las personas detenidas este miércoles en A Coruña por retener a una menor presuntamente vendida por sus padres

redacción / la voz

Los detenidos en relación al caso de la niña de doce años que estaba retenida en un piso de A Coruña tras ser vendida por sus padres en Córdoba están investigados por un delito de trata de seres humanos. Aunque el suceso haya cogido por sorpresa a la sociedad gallega, no es tan infrecuente como pudiera parecer. «Tenemos la seguridad de que no es un caso aislado, pero se sabe poco sobre la trata de menores, no hay demasiada transparencia de datos», apunta Lluís Ballester, presidente del patronato de la oenegé Igaxes, que trabaja con niños y jóvenes en riesgo.

Los datos del último informe del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), que apuntaban a que entre el 2015 y el 2019 fueron localizados 82 menores víctimas de trata son solo una gota en el océano. 29 de esos niños y niñas fueron utilizados con fines sexuales; otros 28, con fines laborales; seis, para ejercer la mendicidad; nueve para criminalidad obligada; y diez, para matrimonios forzados. Con todo, esa estadística no recoge, por ejemplo, prácticas que no se dan en el seno de organizaciones criminales, sino en al ámbito de las propias familias que puedan, por ejemplo, concertar uniones por dinero.

Respecto a esa venta de menores para matrimonio, Ballester reconoce que, aunque pueda hacer pensar en otros tiempos o lugares, está más cerca de lo que parece. «Y no hablamos solo de población extranjera, cosas similares se están haciendo por parte de españoles con nuevas modalidades como los sugar daddies», dice, alegando que en esta práctica muy presente en las redes que promueve la unión de mujeres jóvenes con hombres adinerados varias décadas mayores por motivos económicos o de supuesta protección las chicas no siempre son mayores de edad.

A todo esto hay que unir toda una serie de nuevas o renovadas formas de explotación sexual de los menores. «Muchas veces no es necesario siquiera sacar a las niñas de sus casas porque la extorsión es suficientemente fuerte para poder tenerlas explotadas sin apartarlas de su entorno familiar», explica Ballester, refiriéndose a prácticas como obligar a los menores a producir material pornográfico o mantener encuentros sexuales bajo coacciones. «Las redes están facilitando la captación de chavales para esto, y quienes lo promueven no son marginales, sino señores con vidas muy normalizadas, que pueden vivir a nuestro lado, pero que tienen dinero y promocionan y compran este tipo de material o encuentros», relata el representante de Igaxes.

«La trata y explotación de menores existe más de lo que creemos, pero es difícil de detectar», corrobora Aida Blanco, abogada especializada en violencia sexual contra la infancia y presidenta de Amino Galicia, una asociación que denuncia el maltrato y abuso infantil. Informar a las autoridades ante cualquier sospecha de que un menor esté sufriendo abusos, apunta, es crucial. «Si vemos que una niña vecina va acompañada de muchos adultos distintos y nos resulta raro, o si en el colegio detectamos comportamientos o ausencias extrañas, incluso si un pediatra tiene alguna sospecha... hay que notificarlo para que se ponga en marcha la protección de ese menor mientras se investiga qué puede ocurrir», indica.

«Toda a sociedade ten que implicarse máis na protección dos nenos, temos a responsabilidade de coidalos», corrobora Mónica Otero, coordinadora del programa de integración familiar de la Fundación Meniños en A Coruña. Destaca que la detección precoz de cualquier caso de explotación o desprotección del menor es clave. «Debemos ter ferramentas para detectar cando os nenos non están nunha situación favorable», señala. Y explica que hay toda una serie de indicios que muchas veces se catalogan de malas conductas de los chavales, pero que en realidad son indicios de que algo no va bien en su vida o entorno. La agresividad, el desafío excesivo a la autoridad o ser extremadamente inquietos pueden ser algunos. También lo contrario, niños ausentes, disociados o emocionalmente muy tristes. Las regresiones a conductas propias de etapas anteriores, como hacerse pis, o incluso manifestaciones físicas como ponerse continuamente enfermo, pueden ser señales de otro tipo de problemas. «Os nenos non son problemáticos, como moitas veces dicimos, esas condutas son xeitos de dicirnos aos adultos que algo pasa», insiste Otero.

«Tenemos que ser más capaces de detectar los casos, y no solo la policía o la guardia civil, también maestros, educadores y trabajadores sociales o los propios compañeros de clase pueden ser claves», refrenda Lluís Ballester, que aboga por una mayor educación afectivo-sexual de la sociedad, que permita identificar mejor las situaciones de riesgo, los indicios de problemas y, además, ayude a eliminar la demanda de las prácticas delictivas que dañan a los menores, como el consumo de pornografía infantil. 

Reparar los vínculos

Los niños que, como la rescatada esta semana en A Coruña, han pasado por situaciones de trata, explotación o abusos, tienen por delante un largo proceso de recuperación. «Hai que reparar un dano que se produce a varios niveis: emocional, neurolóxico e ata físico, e nas tres áreas hai que traballar», explica Mónica Otero.

En lo emocional, acudir a un espacio terapéutico donde el menor pueda expresarse, acompañado por profesionales, suele ser una buena opción, aunque lo habitual es que el proceso sea largo y pueda llevar años.

En casos como el que acaba de destaparse, en el que los niños experimentan una suerte de abandono por parte de sus padres y se daña la relación con sus figuras protectoras, una de las cuestiones que se trabaja es la reparación del vínculo, bien sea con sus progenitores, bien estableciendo nuevas figuras de referencia, cuidando la relación con nuevos adultos que ejerzan un rol cuidador.

Otero explica que también es bueno trabajar en «resignificar a súa historia de vida», afrontando lo que han vivido, tratando de entender los detalles y circunstancias que rodean incluso a quienes les han dañado. «A explicación por si soa non sana, pero si axuda a entender, e máis en casos de abandono nos que pode haber moita culpabilidade por parte do neno, que chega a pensar qué fixo mal para que o deixaran», indica.

Más medios y especialización

Desde Amino Galicia, su presidenta Aida Blanco corrobora la necesidad de que las víctimas reciban atención y tratamiento. «As comunidades autónomas teñen servizos a onde derivalos, aínda que é certo que debería haber máis recursos públicos», opina.

Esos mayores recursos y esa especialización, aboga Blanco, deberían llegar también al ámbito judicial. «¿Por qué si hemos logrado tener juzgados de violencia de género no puede haber un juzgado especializado en violencia sexual contra la infancia?», reflexiona, abogando porque todos los actores implicados en los casos de maltrato, abuso o explotación infantil (abogados, fiscales, psicólogos forenses...) tengan una formación específica para abordarlos con garantía y ayudando a los menores. «Hace falta gente especializada y más medios para poder llevar estos casos adecuadamente ante la justicia», remacha.

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