Reconstruir un paisaje es posible

Pablo González
pablo gonzález REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

Un operario de Tragsa clava los tutores de madera para los árboles autóctonos recién plantados en el embalse de Abegondo-Cecebre
Un operario de Tragsa clava los tutores de madera para los árboles autóctonos recién plantados en el embalse de Abegondo-Cecebre vítor mejuto

Un programa financiado por la UE trata de recuperar la flora autóctona y eliminar la foránea en ecosistemas fluviales de Galicia, Asturias y Portugal

07 mar 2021 . Actualizado a las 16:06 h.

El embalse de Abegondo-Cecebre es un lugar único. Hay un cierto consenso científico en que se trata de uno de los pocos pantanos que se ha naturalizado totalmente. La vida salvaje resurgió en sus orillas desde la construcción de la presa a mediados de los setenta, y ahora es un paraíso de biodiversidad incluido en la Red Natura. Este es uno de los requisitos esenciales para que este entorno, que inmortalizó Wenceslao Fernández Flórez en El bosque animado, pudiera optar al plan de recuperación de hábitats fluviales del programa comunitario Life-Fluvial. Una línea de actuación medioambiental liderada por las universidades de Santiago y Oviedo que demuestra que reconstruir los paisajes originales es posible, eliminando las plantas invasoras como el plumacho de la Pampa o el eucalipto, y plantando especies autóctonas. También minimizan otras agresiones y controlan árboles enfermos -sobre todo alisos-, creando santuarios naturales que preserven la esencia del genuino paisaje atlántico.

Es verdad que en este embalse no se recupera un paisaje original. En una foto aérea del Ejército estadounidense tomada en 1956 se observa un territorio fragmentado en blanco y negro, con cientos de parcelas de labrantío. Cuando estas fincas se sumergieron bajo las aguas de los ríos Mero y Barcés, el bosque ancestral empezó a crecer en las orillas. Las aves lo eligieron como sitio de paso. Y las nutrias, para las que incluso se ha construido un túnel bajo la carretera para que no mueran atropelladas, han encontrado aquí un refugio seguro. «Para reconstruir el paisaje original de esa zona tendríamos que hacer un agujero en la presa», bromea Pablo Ramil, coordinador científico del programa y miembro del Instituto de Biodiversidade Agraria e Desenvolvemento Rural de la USC, junto con Javier Ferreiro, que trabajan mano a mano con el Indurot de la Universidad de Oviedo. Pablo explica que se centran en las reservas de la biosfera, y de ahí la implicación de Asturias, que comparte con Galicia la magnífica ría que forma el Eo, otro de los enclaves en los que actúan. También en la ría de Betanzos, concretamente en Bergondo, donde recuperaron el paisaje original en una zona donde había un campo de tiro al plato y otro de fútbol que acabaron en el abandono. Incluso tuvieron que eliminar el plomo acumulado en el suelo por los disparos. También reconstruyen el corredor fluvial en los ríos Parga, Ladra y Támoga, en la cuenca del Miño. Y para que el proyecto tuviera un carácter transnacional incluyeron una restauración en el río Lima, en el norte de Portugal.

Miguel Fernández muestra el sistema de repoblación consistente en clavar en la tierra estacas procedentes de la poda de salgueiros. Ya se observan los primeros brotes
Miguel Fernández muestra el sistema de repoblación consistente en clavar en la tierra estacas procedentes de la poda de salgueiros. Ya se observan los primeros brotes VÍTOR MEJUTO

Llama la atención que el proyecto esté liderado por la sociedad civil y no por grandes Administraciones como el Estado o la Xunta, «aunque contamos con la colaboración de todos», aclara Pablo Ramil. Emalcsa, la empresa encargada de abastecer con el agua del pantano a A Coruña y su comarca, se implicó al máximo. Y dejó que actuaran sobre sus terrenos en el embalse. También Audasa, que se comprometió a utilizar su sistema para eliminar los plumachos de la Pampa, una especie foránea que la jardinería de la autopista diseminó por media Galicia. En la ría de Betanzos necesitaron maquinaria pesada para retirar un ejemplar que pesaba cerca de 400 kilos. En Ribadeo, llegaron a sacar eucaliptos de los acantilados.