la voz

Los barcos de las cofradías gallegas quedan amarrados en los puertos cuando hay temporal. A nadie le extraña eso. Lo que sí es anacrónico es que una línea ferroviaria llegue a cortarse periódicamente por los efectos del mal tiempo en una comunidad como Galicia, donde los trenes de borrascas son tan habituales en estos meses. Esto es lo que le sucede a la línea del Miño, que une Ourense con Vigo vía Guillarei y que vuelve a estar cortada prácticamente en el mismo punto en el que el pasado 11 de diciembre se produjo un gran socavón que dejó la vía desguarnecida, a las puertas de la estación de Frieira, en Crecente (Pontevedra). El ADIF aún no tiene una previsión temporal para terminar las obras. En un comunicado, se limitó a asegurar que sus equipos de mantenimiento intentan solventar la incidencia para «restablecer el tráfico ferroviario a la mayor brevedad».

Las grietas encontradas en un muro situado a unos diez metros del que se levantó hace dos meses para reforzar el anterior socavón han obligado a demoler el refuerzo construido con grandes piedras de mampostería en diciembre, con el objeto de tener una plataforma desde la que se puedan desarrollar los trabajos dadas las dificultades de acceso. La vez anterior los trabajos duraron casi una semana y parece que ese es el horizonte para solventar este nuevo suceso que cuestiona aún más la seguridad de una línea que es utilizada por los trenes de larga distancia del sur de Galicia, pero también por los de proximidad. El único consuelo es que el corte se produce en un momento de muy baja movilidad por las restricciones sanitarias.

Las grietas fueron detectadas durante los trabajos de consolidación que se continuaron desarrollando después de la reapertura y que están previstos que terminen en junio. «Los técnicos encargados de las obras han aconsejado, para preservar la seguridad de las circulaciones ferroviarias, adoptar las medias de demolición y reconstrucción que se están tomando», explican fuentes del ADIF.

Las grietas causaban inestabilidad en la vía y el gestor público las atribuye «a los efectos sobre la infraestructura de las fuertes lluvias». La meteorología es de nuevo la causa de otro corte ferroviario en esta línea. Apenas doce días después del primer socavón, la caída de un árbol por el temporal —los taludes y trincheras son muy estrechos y verticales— inutilizó la catenaria y volvió a cortar la línea. Pero si se repasan incidencias de años anteriores, como el 2019, se observa que es una situación que se repite con frecuencia. El 21 de diciembre de ese año se refiere que «inclemencias meteorológicas excepcionales generan caída de arboles y piedras a la vía, lo que hace imposible la circulación de los trenes». También hay referencias a las limitaciones de velocidad que se aprueban periódicamente por el mal estado de la infraestructura y los retrasos que generan. O a la caída de grandes piedras sobre la vía, como sucedió en Filgueira en noviembre del 2019, muy cerca de Frieira.

La Consellería de Infraestruturas e Mobilidade, en un comunicado remitido ayer para solicitar al Ministerio de Transportes la reapertura de la circulación en un túnel de la A-52, recuerda que en este itinerario «non existe alternativa ferroviaria axeitada entre Ourense e Vigo». El departamento que dirige Ethel Vázquez constata que esta conexión «sofre constantes incidencias, como as acontecidas onte mesmo, polo que cómpre unha acción decidida para modernizar esta liña paralela ao río Miño, dada a súa precariedade, inseguridade e deterioro».

La vía férrea del Miño: un viaje al siglo XIX

pablo gonzález

La Voz recorre la línea ferroviaria entre Vigo y Ourense, donde los operarios de mantenimiento se afanan por reforzar la seguridad en un trazado con múltiples amenazas para la circulación

El río lo es todo entre Ourense y Guillarei. Y más cuando el Miño baja tan lleno de agua, tan caudaloso y desafiante. La corriente golpea contra los muros de protección de la línea ferroviaria del Miño, pues las vías discurren en muchos tramos en paralelo al gran caudal que separa Galicia de Portugal, con apenas unos metros de distancia de la avenida de agua alimentada por las últimas lluvias. Fueron precisamente las abundantes precipitaciones las que el viernes 11 causaron el último susto en esta línea terminada en 1881, y que apenas ha sido reformada en profundidad desde entonces. Un gran socavón dejó las vías en el aire a la entrada de la estación de Frieira (Crecente), dejando la línea impracticable durante seis días y evidenciando que este trazado no es el más adecuado para que circulen los trenes de larga distancia del sur de Galicia en la nueva era de la alta velocidad. ¿Qué habría pasado si un tren lleno de viajeros hubiera pasado justo en ese momento por ese punto?

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La línea férrea del Miño no resiste el mal tiempo