Conflicto por una casa en Moaña: «No somos okupas, será el juez el que dirá quién tiene derecho a vivir en el chalé»

La familia inquilina argumenta que tiene un contrato por cinco años


vigo / La voz

La Justicia acabará dictaminando quién tiene derecho a vivir en uno de los chalés de Moaña que se ubican en las proximidades del puente de Rande: el dueño de la vivienda o su inquilino. Denuncias y querellas se cruzan entre ambos en un conflicto en el que además del derecho a la vivienda se acumulan acusaciones de acoso según el alquilado, o de apropiación de bienes existentes en la casa, como atestigua el dueño del chalé.

Este, Jorge Jiménez, mantiene que tras el vencimiento del primer año de contrato, la familia alquilada se ha convertido en una suerte de okupa al no haber abandonado la casa como mantiene que le solicitó por burofax hace tres meses con el argumento de que la necesita para sí mismo para establecer su hogar.

«No somos okupas, tenemos un contrato por cinco años, hemos pagado 18.300 euros por el alquiler del primer año y hemos consignado en el juzgado los 1.500 euros de este mes, porque el propietario canceló la cuenta y ya no lo podemos hacer en el banco», explica el inquilino, que solicita que no se divulgue su identidad para no sufrir más consecuencias por un caso que dice llevó en la madrugada de ayer a su esposa embarazada al hospital por un cuadro de ansiedad.

«Todo quedó en la casa»

«Será el juez el que dirá quién tiene derecho a vivir en el chalé», zanja, no sin asegurar que todas las pertenencias del dueño que se encontró en la casa, «estaba como si se va usted de la suya ahora, la colonia, corbatas, ropa...» las almacenó en la bodega de la casa. «Allí se quedó todo», mantiene también Luis Pena, abogado del inquilino, que estima que el dueño no ha justificado ni probado su necesidad de recuperar una vivienda que fue alquilada por un año con prórrogas automáticas y derecho a compra incluso. «Tiene que demostrar que no tiene otra vivienda», señala el letrado, remarcando que su cliente optó por la casa con vocación de permanencia y que por eso invirtió una fuerte suma en acondicionarla, arreglar desperfectos y sustituir los electrodomésticos que no funcionaban.

«Quién me dice que si me voy ahora no me va a pedir el dinero del alquiler de los cuatro años que faltan y que cubre el contrato», cuestiona el inquilino para argumentar por qué no abandona la casa y deposita los 1.500 euros mensuales en el juzgado.

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