Esperando al único peregrino del día al final del Camino

La oficina que expide las compostelas solo dio 42 este año: en la primera quincena del 2020 habían sido más de mil


redacción

A solo 260 metros de la catedral compostelana está el centro internacional de acogida al peregrino. En el antiguo asilo de Carretas es donde se comprueban los sellos que los viajeros fueron obteniendo a lo largo de la ruta jacobea y se entrega el diploma tradicional que acredita que completaron el Camino de Santiago, las famosas compostelas. Pero en la oficina no se oye el barullo habitual, ni hay rastro de las típicas colas de gente hablando distintos idiomas, todos con la misma cara sonriente tras llegar a la meta, sus mochilas a cuestas y sus pies doloridos. Ahora, hay días que solo llega hasta allí un peregrino, como este jueves. A veces, ninguno. Es la consecuencia de los cierres perimetrales, de una pandemia que no respeta celebraciones ni años santos, y con su tercera ola azota el arranque del Xacobeo 2021.

Enero se había convertido en la temporada del peregrino coreano. Pero este año no pasó ni uno por la Oficina del Peregrino. En lo que va de mes solo entregó 42 compostelas, la mayor parte a españoles, aunque también hubo portugueses o estadounidenses que llegaron a Santiago en estas dos semanas. En el 2020, por las mismas fechas (cuando aún no había alarma sanitaria), ya habían dado 1.019 credenciales. De hecho, en una sola jornada, aún siendo de las flojas, firmaban más que en toda esta quincena.

La vida pasa al ralentí en el centro de Carretas, donde las marcas en el suelo para respetar la distancia social parecen en este momento un sinsentido, porque con suerte entrarán dos o tres personas durante las ocho horas que permanece abierto cada día.

Los doce puestos numerados en los que se expiden las compostelas, cada uno protegido tras una pantalla transparente, están vacíos. Los trabajadores no esperan sentados en sus sillas a que alguien atraviese la puerta. Aprovechan estos días de poca afluencia para adelantar trabajo y atender consultas, que no son pocas.

Muchas consultas y dudas

En lugar de peregrinos, lo que más reciben son llamadas y correos electrónicos con consultas:

«¿Podría en este momento hacer el Camino?», «¿Y se puede entrar en Santiago?», preguntan al otro lado del auricular.

En general, se les indica que hay que esperar a una mejora en la situación sanitaria. Si el interlocutor es extranjero y quiere saber qué requisitos debe cumplir para entrar en España, se le remite a su correspondiente embajada y a las medidas dictadas por las fuerzas y cuerpos del Estado. En teoría, solo si estuviesen ya en tránsito podrían cruzar en Galicia los cierres perimetrales que hay en varios municipios del trazado con un nivel de contagios alto, incluida la capital gallega.

—«Soy de Madrid y quería hacer el Camino. ¿Dónde puedo conseguir la credencial», trataba de averiguar uno este viernes.

Y, como él, muchos otros de distintos rincones de España y países europeos, principalmente. Por las veces que suena el teléfono, está claro que hay interés y ganas de volver al Camino, de seguir las flechas amarillas y disfrutar de sus paisajes; una experiencia que muchos repiten cada año, incluso más de una vez.

En unas instalaciones semivacías, anhelan el regreso de la alegría precovid, de los peregrinos que recorrían kilómetros de forma segura para cumplir una promesa o para apoyar a una buena causa... a ese largo y rico anecdotario del final del Camino. Mientras tanto, en el centro de acogida del casco histórico santiagués responden a las llamadas y los correos, preparan el envío de credenciales a las asociaciones que las solicitan, realizan reservas para grupos que planean viajar a Santiago y trabajan en los últimos detalles de la credencial digital. Siempre hay algo que hacer y tareas que adelantar, pensando que —vacuna mediante— todo volverá a ser como antes.

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