El peor arranque de un año santo: «Es una ruina, todos vivimos del Camino»

La pandemia hunde los negocios que rodean la ruta, con la mayoría de albergues cerrados en el inicio de un Xacobeo sin peregrinos frente a los más de mil que hubo en enero del 2020

Sendero del penúltimo tramo del Camino Francés, a la altura del concello de O Pino, sin peregrinos
Sendero del penúltimo tramo del Camino Francés, a la altura del concello de O Pino, sin peregrinos

melide / la voz

A la entrada de la cafetería Marta, en Melide, hay un maniquí con sombrero de ala ancha, esclavina cubriendo los hombros y un bastón del que cuelga una concha de vieira. Es lo más parecido a un peregrino en cientos de kilómetros a la redonda. «Nestes meses non vimos ningún», responde Silvia mientras sirve los últimos cafés dentro del local antes de que las restricciones le obliguen a hacerlo solo en la terraza, donde el termómetro marca 4 grados y las nubes amenazan con lluvia. La pandemia ahoga los comercios del pueblo, donde todo gira en torno al dinero que dejan los peregrinos en su ruta hacia Santiago.

Es el peor arranque de un año santo desde que hay registros. En el último Xacobeo, en el 2010, 866 personas pasaron por Melide haciendo el Camino Francés solo durante el mes de enero. El año pasado fueron 1.090, en la antesala de un 2021 que sería histórico. El presidente Feijoo lo definió en el 2019 como «unha oportunidade para trazar o camiño da Galicia da vindeira década». El coronavirus rompió en marzo cualquier previsión sobre un Xacobeo cuyo éxito iba a durar «5.000 días».

 José Luis, propietario de una empresa que realiza excursiones y transporta mochilas, sentado sobre su taxi en Melide
José Luis, propietario de una empresa que realiza excursiones y transporta mochilas, sentado sobre su taxi en Melide

Lo hizo para José Luis, apoyado de brazos cruzados sobre su taxi de seis plazas que no avanzó un puesto en la parada en lo que va de mañana. Es propietario de Xacotrans, una pequeña empresa de transporte con varias furgonetas y un bus realiza excursiones para peregrinos y carreta mochilas. «En marzo ía coller dous empregados, pero despois do día 14 —cuando se decreta el confinamiento— xa nada. Ata agosto estiven eu só», dice. Lo habitual entre marzo y septiembre es que contrate a cuatro trabajadores.

50 euros en dos meses

Mariano e Isabel hicieron el Camino hace 17 años en pleno invierno. «Soñamos con retirarnos aquí», reconoce este barcelonés de 57 años. El matrimonio catalán se mudó a Galicia en el 2019 para tomar las riendas del albergue Arraigos y «dar al peregrino el respeto que se merece». Usaron los ahorros de una vida para poner el hospedaje «en condiciones». Para que los huéspedes «se sintiesen en su casa».

Tras un año entero de obras sin recuperar la inversión, los propietarios pensaron que marzo del 2020 marcaba el momento ideal para tomar impulso: «El año siguiente era Xacobeo, por fin íbamos a recoger dinero para nosotros después de todo lo gastado». Los usuarios habían elevado la puntuación del albergue al 9,1 cuando llegó el mes destinado a revertir la situación. «Ahí se pinchó. Me cogió sin recursos, sin ahorros», lamenta. Hubo que empezar a ingeniar formas de sobrevivir. Recibieron ayudas, pidieron un crédito «salvador» al ICO y lograron reabrir en junio.

 Mariano es propietario del albergue Arraigos junto a su mujer, Isabel
Mariano es propietario del albergue Arraigos junto a su mujer, Isabel

«Tuvimos que poner mamparas tras tres meses sin cobrar nada», recuerda. Agosto superó las expectativas, con 300 peregrinos encontrando cobijo en Arraigos. Pero llegó octubre y la curva de contagios se volvió a disparar. Noviembre y diciembre fueron «nefastos», con apenas una decena de huéspedes que dejaron 50 euros. El registro de llegadas no se ha estrenado aún en el 2021.

Cerrado, sin los gastos de luz, agua y la calefacción que está constantemente calentando las habitaciones, este pequeño albergue tendría un gasto mensual de 700 euros. Las cuentas no salen. «Hay que aguantar, porque el que lo haga luego saldrá», suspira Mariano con fe de autónomo.

Pulpo para llevar

Al mediodía, la pulpeira Ezequiel está vacía y se escucha un taladro de fondo. Entra una vecina y pide dos raciones de pulpo para llevar. Jorge corta los tentáculos, esparce el condimento con la maña de una vida al otro lado de la barra y entrega dos bandejas de papel aluminio. Son los clientes que le quedan desde hace semanas a este histórico local.

«Es una ruina», comenta, «todos vivimos del Camino». El restaurante trabaja desde hace 25 años con agencias que incluyen al restaurante en el paquete vacacional de los peregrinos. Hasta junio está todo anulado. El verano pasado tuvo a quince empleados; hoy solo a tres y pendientes de los ERTE. «Sin los turistas alemanes o japoneses, ¿qué hacemos?», se pregunta Jorge, «a esta hora deberíamos tener gente».

Jorge sirve pulpo para llevar en la pulpeira Ezequiel
Jorge sirve pulpo para llevar en la pulpeira Ezequiel

El pesimismo se extiende por todo el pueblo, en las conversaciones de los pocos clientes de los bares y en la resignación de los compañeros de parada de José Luis. «Mellor non opino», zanja uno que acaba de llegar.

En el alambre

El dueño de Xacotrans avanza que no aguantarán otro año como el anterior: «Imos todos ao tacho. Isto non se move». Él empezó su negocio en el 2008, y a lo mismo se dedican otros seis empresarios en la zona, que tuvieron que ayudarse en los últimos meses para evitar la bancarrota. El bus que utilizaba para las excursiones hasta Fisterra solo enciende con pinzas tras un año en el que solo arrancó tres veces. «O peor é que se vendo o que teño, ninguén o compra», lamenta.

Lo mismo cree Mariano. «Te quedas en la ruina total, no recuperaríamos nada de lo invertido y tenemos aún la deuda del ICO», apunta el propietario de uno de los pocos albergues abiertos en invierno, que duda de que en el 2022 vuelva a haber «un funcionamiento normal».

El Camino Francés es un desierto hacia Santiago. Sobre la Nacional, igual de vacía con la competencia de la autovía, se suceden albergues y restaurantes con la concha peregrina cerrados. La ruta aún despejada de maleza por el monte, las pintadas en italiano en una papelera y la foto de una peregrina polaca en A Salceda, en O Pino, evidencian que todo se interrumpió de repente en una senda que necesita recuperar pronto las pisadas a la Catedral.

Pabellones en el Monte de Gozo
Pabellones en el Monte de Gozo

Un páramo en el Monte do Gozo

En el vasto recinto de 65 hectáreas que ocupan los albergues del Monte do Gozo solo hay coches de autoescuelas aprovechando el inmenso vacío y unos padres haciendo pícnic en una mesa mientras los hijos juegan en los toboganes levantados el año pasado. El silencio cubre las instalaciones inauguradas hace casi 30 años, con motivo del Xacobeo de 1993.

La mayoría de pabellones están cerrados. Por las puertas de cristal se divisa el deterioro de unos albergues que llevan años abandonados. Algunos sirven de almacén para los pocos operarios que trabajan en el mantenimiento de la zona. La pandemia ha impedido que el Monte do Gozo luzca como estaba previsto.

Hace cinco años que la Xunta impulsó el Plan de Revitalización do Monte do Gozo, dotado con 7,4 millones de euros, para reconvertir el espacio «nun símbolo do Xacobeo 2021 e nun punto de encontro tanto para o conxunto da cidadanía e os veciños de Santiago como para os peregrinos que entran na cidade».

Todos los locales están vacíos en el Monte do Gozo
Todos los locales están vacíos en el Monte do Gozo

Hay una plaza llena de locales, vacíos por ahora, y dos nuevas cantinas, también cerradas. La zona de acogida, según la Xunta, cuenta con 980 plazas que gestiona la empresa Benvido Albergues, del grupo Carrís. Hay otras 398 plazas de albergue adjudicadas a S.A de Xestión do Plan Xacobeo. Está previsto que en otros tres pabellones, también de esta última empresa, se realicen tareas de acondicionamiento «para darlles un novo uso e dar resposta ás demandas dos peregrinos e ás necesidades do complexo».

Esperando al único peregrino del día al final del Camino

La oficina que expide las compostelas solo dio 42 este año: en la primera quincena del 2020 habían sido más de mil

Patricia Calveiro

A solo 260 metros de la catedral compostelana está el centro internacional de acogida al peregrino. En el antiguo asilo de Carretas es donde se comprueban los sellos que los viajeros fueron obteniendo a lo largo de la ruta jacobea y se entrega el diploma tradicional que acredita que completaron el Camino de Santiago, las famosas compostelas. Pero en la oficina no se oye el barullo habitual, ni hay rastro de las típicas colas de gente hablando distintos idiomas, todos con la misma cara sonriente tras llegar a la meta, sus mochilas a cuestas y sus pies doloridos. Ahora, hay días que solo llega hasta allí un peregrino, como este jueves. A veces, ninguno. Es la consecuencia de los cierres perimetrales, de una pandemia que no respeta celebraciones ni años santos, y con su tercera ola azota el arranque del Xacobeo 2021.

Enero se había convertido en la temporada del peregrino coreano. Pero este año no pasó ni uno por la Oficina del Peregrino. En lo que va de mes solo entregó 42 compostelas, la mayor parte a españoles, aunque también hubo portugueses o estadounidenses que llegaron a Santiago en estas dos semanas. En el 2020, por las mismas fechas (cuando aún no había alarma sanitaria), ya habían dado 1.019 credenciales. De hecho, en una sola jornada, aún siendo de las flojas, firmaban más que en toda esta quincena.

La vida pasa al ralentí en el centro de Carretas, donde las marcas en el suelo para respetar la distancia social parecen en este momento un sinsentido, porque con suerte entrarán dos o tres personas durante las ocho horas que permanece abierto cada día.

Los doce puestos numerados en los que se expiden las compostelas, cada uno protegido tras una pantalla transparente, están vacíos. Los trabajadores no esperan sentados en sus sillas a que alguien atraviese la puerta. Aprovechan estos días de poca afluencia para adelantar trabajo y atender consultas, que no son pocas.

Muchas consultas y dudas

En lugar de peregrinos, lo que más reciben son llamadas y correos electrónicos con consultas:

«¿Podría en este momento hacer el Camino?», «¿Y se puede entrar en Santiago?», preguntan al otro lado del auricular.

En general, se les indica que hay que esperar a una mejora en la situación sanitaria. Si el interlocutor es extranjero y quiere saber qué requisitos debe cumplir para entrar en España, se le remite a su correspondiente embajada y a las medidas dictadas por las fuerzas y cuerpos del Estado. En teoría, solo si estuviesen ya en tránsito podrían cruzar en Galicia los cierres perimetrales que hay en varios municipios del trazado con un nivel de contagios alto, incluida la capital gallega.

—«Soy de Madrid y quería hacer el Camino. ¿Dónde puedo conseguir la credencial», trataba de averiguar uno este viernes.

Y, como él, muchos otros de distintos rincones de España y países europeos, principalmente. Por las veces que suena el teléfono, está claro que hay interés y ganas de volver al Camino, de seguir las flechas amarillas y disfrutar de sus paisajes; una experiencia que muchos repiten cada año, incluso más de una vez.

En unas instalaciones semivacías, anhelan el regreso de la alegría precovid, de los peregrinos que recorrían kilómetros de forma segura para cumplir una promesa o para apoyar a una buena causa... a ese largo y rico anecdotario del final del Camino. Mientras tanto, en el centro de acogida del casco histórico santiagués responden a las llamadas y los correos, preparan el envío de credenciales a las asociaciones que las solicitan, realizan reservas para grupos que planean viajar a Santiago y trabajan en los últimos detalles de la credencial digital. Siempre hay algo que hacer y tareas que adelantar, pensando que —vacuna mediante— todo volverá a ser como antes.

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