El PPdeG prepara sus congresos con la sucesión de Feijoo como gran tabú

Los populares gallegos dejarán para el final las ciudades, con más dudas


Santiago / La Voz

El PPdeG tiene varias cuentas pendientes consigo mismo. El adelanto electoral anunciado en febrero del 2020, la pandemia y el posterior aplazamiento de los comicios autonómicos a julio dejaron a los populares gallegos sin margen para consolidar su tradición de someter a cuestión, aunque solo fuera de manera formal, la presidencia del partido. El último congreso autonómico fue en abril del 2016, y el siguiente podría celebrarse cinco años más tarde, cuando los estatutos fijan una cadencia de cuatro años con la idea de que ese encuentro sirva de espaldarazo al candidato antes de las elecciones.

Pero entre la convocatoria celebrada en Ourense y la próxima, sin fecha ni lugar fijado, Alberto Núñez Feijoo ha resuelto su tercera y cuarta mayoría absoluta, por lo que el debate y las fanfarrias propias de estas citas se han limitado a la reflexión personal de un presidente indiscutible y su decisión unilateral e indiscutida de seguir al frente del proyecto.

De haber acompañado la situación epidémica, el congreso autonómico se hubiese fijado en el último trimestre del 2020, y tendría aires de fiesta, celebración y aclamación del líder. Pero la situación es la que es y la dirección del partido, descartada la opción telemática, esperará a que se relajen las restricciones y se reduzcan los riesgos para garantizar un encuentro presencial en el que no habrá guiños sucesorios. «Un congreso de transición», lo denominan dentro del partido, desde el que evitan a conciencia mirar más allá para evitar especulaciones.

Las organizaciones provinciales serán las siguientes en celebrar sus propios cónclaves, que seguramente tendrán el mismo espíritu que el autonómico: si algo funciona, es mejor que no lo toques. El último aval para esta tesis ha sido la mayoría ampliada a 42 diputados, pero a pesar de la buena respuesta de los cuatro líderes —Diego Calvo (A Coruña), Maria Elena Candia (Lugo), Alfonso Rueda (Pontevedra) y José Manuel Baltar (Ourense)— Feijoo eludió premiarlos públicamente aun habiendo renovado su Gobierno en profundidad. El presidente volvió a apostar por perfiles poco políticos para no alterar el poder territorial, un mal menor para alguien que presume de haberse ganado el mando del PPdeG en el 2006 con apadrinamientos personales de peso pero sin un feudo que lo catapultase.

Con este calendario dilatado, los presidentes provinciales y el propio Feijoo tendrán vía libre hasta las próximas autonómicas, que previsiblemente se celebrarán en la primavera del 2024. En los meses previos se resolverá la incógnita, pero antes todos deberán pasar el examen más complicado para el PPdeG. La peculiar reorganización llevará a resolver en último lugar los congresos locales, con la mirada puesta en las municipales del 2023.

Hay tiempo de sobra, pero los malos resultados urbanos invitan al debate y las alternativas, y más cuando ciudades como A Coruña, Santiago o Vigo están comandadas por gestoras. Las apuestas provisionales de la dirección autonómica están bien parapetadas en cargos públicos, pero la foto del cartel electoral deberá pasar por el filtro de la militancia local, que funciona con códigos distintos al de las cúpulas y es más propicia al alboroto orgánico.

Una estrategia diferente a la de Génova, que busca apuntalar a Casado en las provincias

La percepción de que el PPdeG va por libre dentro de la estructura orgánica de los populares se hace más palpable que nunca con los procesos de renovación interna. Mientras en Galicia todo gira en torno a un Feijoo atornillado por cuatro mayorías absolutas, Pablo Casado todavía necesita apuntalar su liderazgo nacional, que asumió contra pronóstico en el 2018 y en un congreso extraordinario de urgencia que le dejó escaso margen de maniobra ante una sucesión de citas electorales que resolvió con algún éxito y significativos fracasos.

La estrategia de Génova para resolver los liderazgos territoriales es distinta a la gallega, ya que la idea es avanzar en el 2021 con los congresos provinciales en la medida que la pandemia lo permita y acabar con las proclamaciones autonómicas, siempre con la consigna de promover las primarias —así alcanzó la presidencia Casado—, pero eludiendo los enfrentamientos de trinchera.

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