Encuentran en un desván de Ferrol un antiguo proyectil de mortero de más de medio metro

Los dueños del edificio desconocían la existencia del artefacto, que fue retirado por los tédax


ferrol / la voz

Al ferrolano Miguel Ángel Coira aún no se le fue del todo el susto del cuerpo, tras descubrir que lleva años «durmiendo con una bomba encima de mi cabeza», en alusión a un proyectil de mortero de la guerra civil que descubrió en el desván. Vive en uno de los pisos del edificio número 174 de la calle María de Ferrol, en el corazón del barrio histórico de A Magdalena. El edificio, de cuatro plantas y desván, fue propiedad de su abuela, y él y sus dos hermanos heredaron dos pisos y unos primos que viven fuera de Ferrol los otros dos.

«Nosotros corrimos con la venta del cuarto y el desván, que eran de mis primos, y los compró una pareja de Madrid para venir a veranear a Ferrol», explicó a este periódico Miguel Ángel, añadiendo que los nuevos dueños le pidieron si se podía encargar él de contratar el desescombro del desván. Dos operarios liberaron la estancia el pasado lunes, día 23, y Miguel Ángel subió después, para ver cómo había quedado.

«Vi algo en una esquina con poca luz, a la que solo se puede acceder a gatas, lo moví con una escoba y de debajo de unos cartones viejos me apareció rodando un artefacto», relata, añadiendo que tuvo miedo de que, al moverlo para tener más accesibilidad, explotase y de inmediato llamó a su padre, que también desconocía la existencia del mismo.

Ya pasaba de las once de la noche, llamó a Emerxencias y al poco tiempo se presentó la Policía Nacional para corroborar la veracidad de la alerta. «De madrugada llegaron los tédax de A Coruña y estuvieron en el desván cerca de una hora, me pidieron mi documentación y se lo llevaron», apuntó Miguel Ángel.

Según dijo, uno de los artificieros le manifestó que se trataba de un proyectil de mortero de la Guerra Civil española, de 81 milímetros, al que le faltaba la espoleta con la que se podía accionar, por lo que lo normal era que no explotase, pero que, en caso de incendio, sí que representaba un grave peligro, porque la pólvora seguía estando dentro, añadiendo que nunca habían recogido ninguno en tan buen estado como este.

La familia propietaria del edificio desconoce la procedencia del artefacto y cuánto tiempo llevaba en ese desván. Miguel Ángel explicó que las dos primeras plantas del edificio tienen más de cien años de antigüedad y que los dos pisos superiores y el desván se construyeron como ampliación en los años sesenta.

La estancia en la que apareció el proyectil de mortero que, según su descubridor, mide más de medio metro, tiene forma abuhardillada, y desde siempre sirvió de trastero. «Desde que tengo uso de razón nunca se desescombró y no me explicó cómo fue a parar ahí ese mortero», insiste, añadiendo que también le sorprende que no lo hubieran visto los dos operarios que contrató para retirar el material acumulado en ese desván, si bien señaló el hecho de que a esa esquina solo se puede llegar caminando de rodillas.

Tras el susto inicial de pensar que estuvo viviendo en uno de los pisos de abajo con el artefacto arriba, Miguel Ángel dice sentirse aliviado por el hecho de que los artificieros de la Policía Nacional se lo hubiesen llevado, y añade que le gustaría que, tras analizarlo, le facilitasen más información sobre sus características y su posible procedencia.

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